Se le echa de menos. Y más ahora que vuelve a estar en el “candelabro” con toda esta apestosa movida de si los gobiernos europeos miraban a Tombuctú mientras los aviones de la CIA trajinaban de forma extrajudicial presos de un lado para otro. Que por lo visto, mientras Federico Trillo era ministro de Defensa, una veintena de policías volaron al campo de concentración de Guantánamo para interrogar a presos que caminaban con grilletes en muñecas, pies y cintura y con los rostros tapados. Se le echa de menos, digo. Siempre con la sonrisa puesta, el gracejo para torear con donaire a los tocapelotas del CQC, el disfraz de Capitán Trueno a mano para recuperar Perejil al compás de “Suspiros de España”, el antifaz de Pepe Gotera apretando tuercas en el Yak-42, el exabrupto sandunguero en la boca (inolvidable el ¡manda huevos!), y tantas y tantas historias, aunque ninguna como la de su exaltación patriótica de Honduras ante soldados de El Salvador. Qué recuerdos de esos brindis que anunciaban tajadas sublimes. En las cenas con los amigos le echamos de menos, pero seguimos homenajeándole: ¡Viva Honduras!