Gary Moore ha tocado todos los palos de la música, está considerado uno de los grandes guitarristas del rock y durante mucho tiempo nadó en las turbulentas aguas del heavy, sin embargo desde siempre sintió una especial querencia por el angustiado mundo de los blues. Tal vez por ello, los temas más memorables de este pequeño genio de la Gibson Les Paul sean un puñado de blues-rock que están entre las canciones más hermosas de todos los tiempos, unos temazos rotundos y poderosos protagonizados por una increíble guitarra, aderezados con una percusión lenta pero contundente y flordelisados por unos preciosos arreglos vocales. En 1994, el guitarrista irlandés reunió alguna de sus perlas más asombrosas en “Ballads & Blues”, un disco que recoge sus mejores y más íntimas baladas, unas cuantas versiones de temas antiguos y muy especialmente varios blues propios que son verdaderos puñetazos al corazoncito capaces de removerte los recuerdos y lanzarte a la saudade más demoledora. “Still got the blues” o “Parisienne Walkaways” tienen esa poderosa virtud. Huelen a tardes de otoño mojadas por besos inolvidables, saben a zumo de tomate con pimienta negra, desprenden pasión de contrabando. Avisan de los nuevos caminos que deben seguir los amantes separados para siempre, se convierten en habitaciones vacías donde siempre vemos el mismo rostro, anuncian las sombras doradas del otoño que te ahogarán de por vida y acaban por transformarse en viejas fotografías que rememoran aquellos días felices. La esencia del blues, vaya.