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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

EL VERDUGO DE LA MEDIANOCHE

(“El verdugo de la medianoche”. 1950. Ed. Toray. Séptima novela de Arnaldo Visconti para la colección Pabellón Negro). “El verdugo de la medianoche” nos presenta a Hugo Chamfort un campesino que sueña con poder portar y utilizar una espada, aunque es conocedor que eso sólo es privilegio de caballeros. Está enamorado en silencio de Adela de Rochelar, hija del marqués de Rochelar, el dueño de todas las tierras en cien leguas a la redonda, y sabe que, sólo convirtiéndose en un caballero, podría aspirar a conquistar a su amada. Un día, mientras bebe unas sidras en una taberna, coincide con Jarnac d’Eperlan, un espadachín gascón, aventurero y fugitivo de la justicia Real, quien parece dispuesto a introducirle en el noble arte de la esgrima. El espadachín le anima a que coja una de sus espadas y ambos practican durante unos minutos, con la mala suerte de que en la taberna aparece Claudio de Rochelar, el pendenciero hijo del marqués, que le reprocha a Hugo el permitirse la osadía de empuñar espada. Tras humillarle en público y atacarle, Hugo se defiende pegando un puñetazo a Claudio. El resto es bien sabido. Al día siguiente los hombres del marqués acuden a la casa de Hugo Chamfort para detenerle. El castigo que le espera por haber abofeteado al hijo del señor marqués no es otro que la horca o permanecer de por vida en la Bastilla. El padre de Hugo le ruega al marqués que tenga piedad de su hijo. La propia Adela, de forma muy despectiva, le dice a su padre que no lo ahorquen, que unos años en la cárcel bastarán porque “al fin y al cabo, de un borracho gañán, cualquier villanía es de esperar”. Aquellas palabras quedan grabadas a sangre y fuego en Hugo Chamfort. Finalmente, el marqués decide también librarle de la cárcel, pero le obliga a marchar lejos de Francia, a las Américas, donde le acompañará el espadachín Jarnac d’Eperlan. Los que sigue son las peripecias de los dos hombres en las álgidas e inexploradas tierras canadienses, un auténtico pudridero en el que el aire congelado llenaba los ojos, cegándolos, cortaba los labios, y sembraba la epidermis de sabañones, agrietando las manos, mordiendo la nariz y poniendo rígidas las barbas que lucían todos. Pasados los años y tras múltiples penurias, Chamfort decide regresar a Francia. Un antiguo vecino, Lucien Delorme, le ha enviado una carta en la que le hace saber que el marqués metió en la cárcel a su padre, que allí murió, y su madre lo hizo apenas cinco días después; además, su hermana vive amancebada con Claudio de Rochelar. Hugo Chamfort clama venganza y vuelve a París, donde ha estallado la revolución francesa. Nada más llegar, se entera de que su amada Adela va camino de la guillotina. Hugo se presenta ante Robespierre y consigue un salvoconducto. Con él, consigue salvar de la guillotina a Adela, con la excusa de pedirla en matrimonio. Huyen juntos de París, pero Hugo se mantiene muy distante (no ha olvidado las palabras humillantes con las que ella le despidió). Su única obsesión es devolverla a su padre, convertido en uno de los principales opositores al gobierno del terror instaurado por Robespierre, y asesinar al marqués con sus propias manos en venganza por la muerte de sus padres. Claro que Debrigode nos tiene preparadas unas cuantas sorpresas, un combate a muerte entre el marqués y Hugo, la aparición de su hermana casada con su mortal enemigo Claudio de Rochelar y la constatación de que los que creía que eran amigos y hermanos no eran tales.

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Debrigode

Sobre el autor

Vicente Álvarez, que a veces es Ariel Conceiro, otras veces Delaviuda, e incluso de vez en cuando el 50% de Jazz Negroponte, escribe novelas y cosas así. Nació con Modesty Blaise, con Rayuela, con Charada, con La Pantera Rosa. Murió un par de veces. Y, sin embargo, aquí está. Contando historias. delaviuda.wordpress.com


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