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Palos de ciego de David Torres
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Xoel Prado - Antúnez | 12-11-2017 | 18:41| 0

La ceguera, la oscuridad, no ver. La vida siempre la convierten los demás en una ceguera para otros. Como un juego, el de la gallinita ciega, al que a uno se le ciega, y los demás lo abandonan a su suerte mientras anda con las manos al frente, buscando un apoyo para tu mundo. Como en el juego de la piñata, donde a uno le otorgan la posibilidad de poseer el mundo si tiene la suerte de atinar con un palo en la cornucopia de la fortuna. Como vivir en la égida de unaestalin ley que dirige un hombre, todos somos ciegos hasta que se nos precise para un menester cualquiera, cuando se acaba el lapsus, se nos devuelve a la ceguera de la ley. En ambos tres casos, uno camina, golpea, actúa dando palos de ciego. Unos palos de ciego que, en algún momento de suerte, provocan beneficio; en la mayor parte de las ocasiones, nos abocan al fracaso. Un fracaso, además, en el que lo más natural es que permanezcamos de por vida, obcecados. Queda claro que cegar a la gente la obceca con su ceguera y vivir a tientas, a cegarritas, tienta a todos, y todos se ofuscan con la acción que provocó la ceguera – ofuscación que siempre lleva a realizar la búsqueda.

Estas son las cuatro líneas argumentales de la novela de David Torres, Palos de ciego, publicada por la editorial img_20171110_232849Círculo de Tiza, en el pasado mes de octubre. Durante sus 258 páginas somos ciegos guiados por un lazarillo. Ciegos que han permanecido sin ver la realidad de verdad que ocultamos con nuestra ceguera de hipótesis antinewtonianamente. La realidad la hacen los otros.

Líneas argumentales que empiezan con la vida de un solo día de un hermano desconocido, de unos ciegos con cantares que no vieron el canto del gallo porque los fusilaron en Ucrania, por orden del más ciego de los zares rojos, Stalin, y un amor que, como la espada de Miguel Strogoff, nos ciega hasta la Cruz do Ferro, del camino de Santiago, en un ínterin que nos explique la ceguera, no que nos permita recuperar la vista.

La originalidad de la novela estriba en que no hay novela. La novela que vamos a leer ha sido diseñada con estos hilos argumentales por la propia vida y es la historia que el autor quiere escribir, no cabe duda. Sin embargo, cada vez que se pone a escribirla le asaltan las dudas, que es como decir el fracaso. Prefiere escribir y describir ese fracaso david-torres1evidente a la ceguera y la ignominia que origina en las personas, en uno mismo y en los demás. ¿Cómo es posible que se pueda cometer una negligencia médica y que este oculte la desaparición y venta de bebés en una sociedad ciega que nada investiga? ¿Cómo es posible que se fusile a 300 bardos ucranianos ciegos y sus lazarillos y nadie tenga noticia de tal hecho? ¿Cómo es posible que la sociedad estalinista haya sabido de las purgas a los intelectuales y a cualquiera que no pensara igual y se hayan permitido; y que se haya purgado hasta los inventores de las purgas? ¿Cómo nos dejamos llevar por el amor hasta los límites de la desaparición y la ceguera? La pregunta clave es cómo escribir una novela que sea capaz de reventar todos estos entresijos y ponernos ante la cara misma de la ignominia sin sacarse los ojos. ¿Cómo soportar la propia ignominia sin sentirse molesto por la capacidad de ver lo que ocurre, sin sentirse con ganas de revolucionar la vida para cambiarla de verdad? En vez de invitar a sacarse los ojos quizá la invitación debería ser a ponerse las gafas para ver mucho mejor.

Escribir una novela, porque se halla escrita, desde la metafísica de la escritura, y que se materialice ante los ojos del lector, a pesar de la dificultad de escribirla porque siempre se topa con el fracaso, es un logro inmenso y que hace que esta novela sea de una originalidad extraordinaria.

La novela nos obliga a la lectura de cada palabra por ese contradictorio estar entre la imposibilidad de la escritura de la misma y su desarrollo metafísico ante nuestros ojos, originándose de los únicos capítulos escritos realmente y que se nos muestran. El resto de la novela es el planteamiento de la posibilidad imposible de llegarse al núcleo mismo de la ignominia y si me permitís, de lo siniestro. Sé que no existe el mal como encarnación, sé que hay cerebros más dados a la violencia que otros y que el bien es pura empatía con los demás, entonces, ¿por qué razón hay médicos que vendieron niños de otros y recién nacidos a familias que por razones biológicas no podían tenerlos y por qué hubo y hay quien hace la vista ciega a ese suceso? ¿Por qué se asesinan a 300 ciegos en un páramo desolado y a nadie le importa ni nadie lo consigna salvo la leyenda? Podríamos seguir, pero más vale que seáis vosotros los que lo descubráis en su lectura y comprobéis en la lectura la aparición de esa novela imposible de la reflexión metafísica sobre la ceguera, la ignominia, en definitiva, de lo siniestro.

La novela es una reflexión sobre lo siniestro, sobre la perversidad de la conducta humana, sobre la desmoralización del otro hasta conseguir que se pliegue a los deseos de protervidad del otro. Quizá en esto consista la imposibilidad punto-de-fisionde escribir la novela, el hecho de poder comprender porqué se comporta la gente con esa vileza. No será la primera vez que por toda explicación se oferte aquel aforismo de que las paredes del infierno están construidas con buenas intenciones. Sin embargo, el infierno no existe en sí, el mal no se encarna en sí, y enfrentarse a la perversidad de quien vende y asesina nos puede convertir a nosotros en perversos.

La belleza de la novela radica en que para escribir esta novela se ha construido desde la reflexión ante la imposibilidad de escribirla y que esa reflexión nos puede convertir a nosotros en perversos, al comprender el mal.

Por toda explicación, una piedra blanca en una estatua.

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Sonorama es Fest
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Xoel Prado - Antúnez | 02-11-2017 | 07:46| 0

Es indudable que Sonorama tiene el reconocimiento más importante que es el del público que asiste a sus escenarios y los artistas que llenan el aire de Aranda del Duero de las notas eclécticas de su música y las parafilias diversas en sus letras. Es un nudo de Moebius (los giordanos hace tiempo se solucionaron en Sonorama) El que le concedan el premio Fest al mejor festival de gran formato y a la mejor aportación turística, es importante porque es el reconocimiento de un agente externo que valora los festivales.

Que Sonorama haya ganado en estas dos categorías viene a decir a las claras cuál es la esencia de este festival musical que cualquier ciudad hoy quisiera para sí. El Sonorama es un gran festival y un Gran Festival, porque es grande y Grande.

El primer grande hace referencia a en cuántos días se desarrolla el festival.

El segundo Grande es interesante porque nos explica que su grandeza es la familiaridad que anida en el mismo. No es un festival de músicos en el escenario y gente de aquí para allá alocadamente, sino que músicos y los grupos de personas se encuentran por las calles, se topan en cada esquina y comentan cada uno de los conciertos, y grupos de gente de diversidad geográfica y cultural, desde La Coruña asta Gibraltar, de Lisboa a Perpiñán, de Suecia a Tombuctú, se prestan los unos a los otros las sonrisas, como si todos ellos tuvieran una ascendencia común, sólo una, la música. Sólo coincidencias glorificadoras de origen y hermandad en la música. Sin diferencias de clase, condición, entremezclados, fluyendo líquidos por las arterias de Aranda de Duero. La vida es líquida en esta Villa en los días del Sonorama. Sólo coincidencias absolutas y hermandad en la música. Comadrazgo, compadrazgo, sobrinazgo, consanguineidad, una alianza de afinidades sobre una única realidad papable, la música. En este mundo donde la vida es líquida y todos formamos parte de ese líquido que recorre las arterias de Aranda de Duero y la repleta de vida, todo es doméstico, hogareño, intestino, originario. Tan originario que resulta pulcro y farmacopea: sin miedo al fracaso ni al dolor ni a la muerte ni a los dioses. Una vida libre. Fijaos si es Grande este grande.

Le dieron igualmente el premio al festival que mejor aportación turística realiza. Mejor aportación turística porque concita en sus arterias nada constrictoras la sangre transfusionada de mil lugares geográficos distintos. Unas oleadas de bienvenidos familiares de la música se concitan en los lugares al efecto para que se reaviven. Un proceso de retroalimentación, aquí los que llegan al festival vienen a construir un mundo, como parte del clan que son, a dar noticia de su linaje, pero también a revivir por extracción dinástica. Como aquel mundo celta donde las tribus se reunificaban en el lugar sagrado de Lug para elegir a la Reina de todos los Celtas, así Aranda se convierte en el lugar sagrado de la música, pero no para elegir al rey por un año, o también, sino a revivificarse con la misma. Ese proceso de retroalimentación se lleva a cabo con los dos elementos más básicos de la tradición naturalística: el pan y el vino.  Hijos de la tierra madre, resucitan cada cual, en su momento anual, pero en el Sonorama ambos están a disposición de cada vástago que enlaza con el vínculo telúrico de la madre naturaleza.  Sobre todo, el vino.

Como observaréis si os allegáis a este cognaticio festival rey de notas de guitarra y heraldo de las voces de laurel y esplendor del pop rock español, todo es entronque, en las calles y avenidas y en su recinto de los festivales, y no os sentiréis agnaticios y sin linaje que os ampararán de seguro los. Veréis que se le otorgaron dos de los premios con justicia por los méritos propios, pero que pudieran ser todos en su conjunto.

Sonorama no limita, sino que expande; y no finge, sino que ayuda a revertir el ánima y reventar la calumnia, a corromper lo corrupto y a que te sepas a salvo bajo la vestidura sin artificios de la resolutiva música que todo lo diluye – hasta la más afectada de las famas.

Sonorama es la vida de rodilla en rodilla, la libertad que alimenta de facilidad y de desenredos al ánima que lo precisa y se acerca a sus orillas. Lo dijimos, esos días todo es flujo, todo es líquido, todo es esencial. Hasta el punto de que pudiéramos conferir al Sonorama el apellido que lo faculta, Sonorama del Duero.

 

 

 

 

 

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Villanueva en Le Club en un zoo para todos
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Xoel Prado - Antúnez | 25-10-2017 | 19:57| 0

Sucedió el sábado en la noche, como en las canciones malditas de los años ochenta, un acontecimiento exultante y cuasi angelical. Este sábado pasado para ser exactos y en lugar de Le Club, en Aranda de Duero.villanueva

Ardientes las notas de las canciones se van desgranando en las letras que la voz agradable de Villanueva rasga en el aire como bombas nucleares: nos obliga a aceptar que estamos sentados saciados sobre bombas nucleares a un lado y al otro del mundo y sobre la barra del bar y sobre todo, en un acto de total erotismo mortal y de ebriedad, nos impele a hacer consciente el hecho de que no estamos bien, que debemos estallar de esta esclavitud que nos envuelve y nos revuelve en el patetismo de lo cotidiano.

Es un golpe inevitable al que tenemos que entregarnos y que nos inflamará, nos hará palpitar, pero no debemos permitir que nos deje indiferente. Las flores son lo nuestro, las mentiras nos abrasan, exploran nuestra ceguera. Mejor ebrios que cautivos.

Villanueva con su hacer acústico se acerca al público expectante, que es bastante, y con ellos quiere fundirse en un solo ser – hacerles partícipes de su combatir la locura de los errores que se cometen cuando no se dice ni una sola palabra. Tristemente el tiempo lo gastamos en extrañar en vez de tratar de arder pasionalmente en un erotismo emocionalmente paróxico.zoo1

Tomemos en convite un chupito.

Villanueva se entremezcla con el público excitado en el entusiasmo al que desborda en su voz palpitante de cantante ebrio y voraz en el ámbito de la absoluta espontaneidad. Esta mezcolanza con el público no es algo artificial y rebuscado desde una contranaturalidad generada por compases del tres al cuarto en un ordenador. Al revés, comparece en el concierto como algo congénito a la voz que riega el aire con una esencialidad regular y franca. Una voz nativa, que con una ingénita candidez inocula la afabilidad en el oído del que escucha. Una voz de una pureza sincera que esparce familiaridad entre los asistentes, como si todo fuese un sortilegio para transmutar aquel espacio de esparcimiento en su casa genuina y a todos los asistentes, en seres de su natío.

Villanueva con toda la naturalidad del mundo, abiertamente, a guitarra armado, genuino e instintivo, va vaciando su franqueza de satisfacción ingénita que no precisa, no mandarines de la artificialidad, de meterse en teologías. No, no se meterá en teologías, pero bien que es capaz de hacer la conversión de ese espacio de esparcimiento en el jardín de las delicias. Y aguarda que lo acompañemos como seres camaleónicos que nos descubre, en su picnic en este suelo repleto de pasos dados y perdidos, de ritmos seguidos y guardados.

Todo el mundo lo pasa bien entre los juegos de este equilibrista que salta caseramente e ingenuo del borde de la barra del bar, al abismo de miradas que aletean entre las cuerdas tensadas de su guitarra icástica.zoo

Inmersos en el baño de su sudor natátil, nos vamos yendo por el mar de Vigo flotando, flotando, sin rubias del montón ni gente disfrazada, todo el mundo a la pata la llana, a calzón quitado, sin salvavidas en su mundo de equilibrista sin red.

Y por si esto no fuera suficiente, nada es suficiente en realidad, ni siquiera el mundo, y lo sabía Bond, y Villanueva también acierta en su certeza, hace que nos muerdan sus canciones y nos sienta en el suelo con calma. Y comparece Sean Frutos, que se sienta, y acompañados de toda nuestra expectación y silencio respetuoso, se convocan divinos a un dúo, acompañados por la maestría ceremonial de Javier Ajenjo. Suena casi a capela, la voz de Sean, la voz de Villanueva, emborrachándonos a los asistentes de un erotismo vacío de imperfecciones. No hay peccata minuta.

Y desbordados de diferencia y optimismo fraternal, nos acompañamos con sinceridad para vencer el erial y el tedio que la vida nos da entre Sonorama y Sonorama. Menos mal que nos queda Le Club. Y Villanueva. Y Sean. Y Ajenjo. Y nuestra alegría como vestidura. Y sin nostalgias, porque nunca es la última. ¿Verdad?

 

 

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JUEGO DE REINAS DE PABLO NUÑEZ
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Xoel Prado - Antúnez | 12-10-2017 | 20:28| 0

Tuve ocasión de acceder al texto de la novela de Pablo Núñez, Juego de Reinas (publicado por Edhasa, 2017), con mucha antelación a su publicación y mientras el autor trabajaba en su pulido. En aquel tiempo de lectura, cuando la novela eran un taco de folios en un ordenador, presté especial atención y en exclusiva, a la parte formal del texto y en la parte material me detuve sólo allí donde el párrafo concitaba mi atención de una manera expresa; pero no tenía ante mí en ese momento la globalidad de la obra. En una frase, no tenía todas las claves, y esta frase dicha por un druida, y quizá lo sea quien esto escribe, vertebra la totalidad de la ficción extremadamente legendaria. No lo vi en esta primera lectura porque no supe ver la globalidad del texto.jr1

 

No pretenderéis que os poronga aquí una sinopsis de la novela, ¿verdad? Seguro que acabaría por proporcionar una alguna pista sobre las claves de la lectura, si no lo he conseguido ya, y, así, no precisaríais lanzaros a la lectura de esta ficción porque podríais hablar de la misma. No. Sabed que os encontráis ante una novela excelente que se escenifica en un contexto de ritos, mitos y arquetipos del pueblo celta; y este es el primer requisito que atender para su lectura. Una novela que nos va a relatar la supuesta fundación del Reino de las Naciones celtas pero que nunca se produjo pero que realmente pudo producirse tal y como nos lo cuenta esta realidad ficcionada que ha trabajado con profusión de datos científicos y legendarios Pablo Núñez; y este es el segundo requisito. Insisto, un relato de legendaria leyenda donde se narra con peligrosidad en los detalles, el arquetipo fundacional de la Diosa Blanca, esa especial divinidad acallada y humanizada que vertebra la realidad de las Naciones Celta; y que es el tercer eje y el principal de lectura de este texto enorme.jr2

 

Como sabréis la Diosa Blanca es la luna con sus dos caras, la cierta y racional, consciente y real, pero nada verdadera; y la incierta e irracional, inconsciente y aunque irreal muy verdadera. La primera visible y luminosa; la otra nunca vista y muy convincente. La Diosa Blanca y sus dos facies, son las reinas a las que alude el título del teto y su juego de vicisitudes de guerreras celtas. La mujer en el mundo celta no es elemento social secundario y forzada, sino principal y gozosa. Mandan y ordenan y Pablo Núñez quiere relatar el ascenso al poder de esta mujer celta para gobernar la sociedad, y nos relata. Y aquí es preciso hacer un inciso en el papel de la mujer en el mundo celta, que no queda relegada a funciones procreativas ni de cuidado de la familia, sino que llega a alcanzar un estatus fundacional de la sociedad y su gobierno. Os reto a la lectura de otro texto de nuestro autor que se ha publicado en la revista Clío de Historia, sobre la función de las Mujeres Celtas, realmente complementario del texto de ficción.jr3

 

El mito de la Diosa Blanca en el texto de Pablo Núñez hace que éste tenga una atracción especial por ese aire de leyenda que se desprende de sus páginas como aroma exquisito, pero a la vez porque intenta ponernos ante la realidad de la mujer celta, no en balde los celtas fiaban toda su realidad a estas divinidades que poblaban su imaginario socio político. Si queréis saber más de este mito tan complejo, podéis leer el texto de Robert Graves, cuyo título es La Diosa Blanca; y el desarrollo íntegro de este mito celta se plasma desde un punto de vista narrativo pero muy real en la novela de Pablo Núñez.

Por cierto, en el desarrollo de esta leyenda de la Diosa Blanca vais a asistir a la aparición y basamento de otras leyendas míticas y místicas más todos aquellos ritos asociados a las mismas, ritos de paso y desarrollo vital, político y familiar.

https://www.facebook.com/pablo.nunez.gonzalez/videos/10203986126490000/

 

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Ultramar – Sex Sodio Sullivan
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Xoel Prado - Antúnez | 26-09-2017 | 21:31| 0

Ultramar es el segundo álbum de la banda de rock tinerfeña Sex Sodio Sullivan, integrada por Manu Hernández (voz y guitarra), Carlos Barrera (bajo) y Fernán Jiménez (batería). Un álbum con diez cansex-sodio-sullivan-discociones estupendas editadas por Lago Naranja Records. Diez canciones con un gran atractivo místico y de mar.

De tan místico y de tanto Mar: Ultreia.

Empecemos por aclararnos que, en la sociedad excesivamente economicista, las personas viven objetualizadas y objetualizando. Este proceso requiere de trabajar hasta morir, porque resulta la única manera de obtener nuestra propia objetualización es trabajar y trabajar. Los japoneses a este trabajar hasta morir lo dibujan con el idiograma llamado Koroshi. Una adicción al trabajo para tener demasiado y que es masoquismo puro. Lo ilógico de esta adicción es que nos separa de lo más importante, la naturaleza. En el caso de Sex Sodio Sullivan del mar.

El mar del que nos aleja la sociedad en la que más que vivir, morimos.descarga1

Por eso, lo más importante es lanzarse al mar, a navegarlo. Lanzarse en libertad a ese mar del que desconocemos todo porque no nos importa, salvo para esquilmarlo. Las canciones del disco suponen una invitación a la ontología del mar. Así hay una invitación persistente a lanzarse al mar en una bitácora. No para escribir una bitácora sino para hacer la bitácora como quien esculpe en espuma la propia libertad. El mar guarda la libertad perdida por nuestra perdida en el trabajo. Somos reyes falsos que ansían demasiado y no precisamente lo que precisamos.

Libertad en el silencio metafísico del mar, un mar que da color a los sueños y a la realidad, en contra de la ley. La ley que se ha erigido en el único factor de establecer la normatividad moral, la única moral y en contra de ser humano, pues es exigencia la Ley de reconocimiento. En el mar sólo el ser humano se ha de enfrentar a si mismo en este mar a la propia naturaleza para recuperar la real moral natural. Tormentas en un heraldo que anuncia una nueva época, una revolución.sex-sodio-sullivan-disco2

La revolución del mar.

Un mar que es a la vez real pero que quiere anidar en nuestro inconsciente. Un mar real pero que es a la vez onírico, en el único lugar que puede serlo, su profundidad. En lo abisal, en lo inconsciente, es decir, en ultramar. Este disco se escucha hacia el fondo. Sus melodías no son de una sola escucha, sino que requiere más de una. Cuanto más se escuche el disco más grato se hace al fondo de nuestra mente. No hay melodías pegadizas para el instante, porque no es un disco para el instante.

Es un disco que invita a convertirse en ese pirata que ha de conquistar los mares y ha de acabar con quienes los rellenan de falsedad y los esquilma sin conciencia. Es una invitación a ser navegante de órbitas planetarias, de otros mares, de otros inconscientes. Es un disco que nos obliga a escucharlo una y otra vez para degustar sus melodías elegantes y sinceras. Lo que más gusta de estas canciones y de todo el disco es su sinceridad. Una sinceridad poética que gana con cada escucha; una sinceridad mística y metafísica, que emerge del fondo mismo del océano.

Escuchar ultramar es como un viaje iniciático a través del mar, como el viaje iniciático por el camino de Santiago, Ultreia. Ir más allá del propio mar, en busca de esa agua mística de la que hablaba Tales.

Una música melodiosa como el mismo mar que quiere captar en sus notas. Una música que con las guitarras dibujan la profundidad del mar en cada nota y la música es del color del mar profundo, del mar inconsciente, que pierde el color rojo y se ve del color negro brillante diamantino.

Una música diamantina, que no pretende agradar a primera escucha sino potenciar la escucha prolongada y profunda, tanto como del mar que nos flota. Una música que nos transporta como si fueras un ser del mar: primero náufrago y después mantarraya.

Un disco que consolida a esta banda de Tenerife como una buena banda para disfrutar con su música.

 

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Un sacerdote como Cristo quiere
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Xoel Prado - Antúnez | 13-09-2017 | 16:39| 0

El padre José Luís era el Vicario de Santa María en Aranda de Duero y lo ha sido en tiempos difíciles y contra viento y marea.

El padre José Luís no ha podido desenvolver su labor pastoral como hubiera querido porque ha sido atentamente vigilado y condenado y sobre todo ha sido fiscalizado por aquellos señores de pro que quieren que Aranda se corte según su patrón de patronaje y poseer un Vicario a su antojo, unas fiestas para mirarse el ombligo y hasta una alcaldesa que les baile la rueda (menos mal que esto no lo consiguen)

Lo que Delibes describía como la vida de “los santos inocentes”: el señorito es el señorito y todo se hace por el señorito.

El padre José Luis más allá de ser Vicario y ser el padre José Luis es una persona excelsa: bueno en el mejor sentido de la palabra bueno, abnegado con el prójimo hasta extenuar a quien lo conoce. Increíble resulta como puede alguien renunciar a su propia vida y acercarse a las dos de la mañana a atender a alguien que lo solicita o reunirse con chicos y chicas jóvenes porque le piden consejo o hacerse el ciego y mirar para otro lado con las acciones humanas.

Es muy probable que la mayoría de nosotros no tuviésemos el arrojo de abnegación que manifiesta este hombre a secas. Esa interpretación de la labor pastoral basada en el perdón absoluto que Cristo manifiesta mientras muere clavado en la cruz – sé que eso es lo que le guía.

Estos señores de pro que han escrito al arzobispado reprobando su labor y han conseguido que se extenúe de luchar y pida su traslado, son los que cierran la iglesia a los jóvenes, las fiestas al mundo y la catedral a Santiago (pero sepan que se van a morir y después no hay nada) Y el arzobispado se equivoca al no poner oídos necios y convertir esas palabras en sordas calumnias sinsentido.

A ti José Luís, padre José Luís, desearte que en tu nuevo destino los feligreses sepan ver tu bondad innata y tu abnegación hasta la cruz.

Ojalá nos hubiésemos conocido mejor.

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Iluminaria. Poesía reunida 1976-2017 – Octavio Uña Juárez
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Xoel Prado - Antúnez | 05-10-2017 | 11:29| 0

El sociólogo y poeta o viceversa, o lo uno porque lo otro, ha reunido en un sólo volumen arquetípico la poesía que ha publicado a lo largo de su dilatada carrera, desde 1976 hasta el 2017.  En lo pródigo de sus 1120 páginas nuestro querido amigo reúne sus libros Escritura en el agua, Edades de la tierra, Antemural, Usura es la memoria, Ciudad del ave, Labrantíos del mar, Cantos del escorial, Crónicas del océano, Cierta es la tarde, Puerta de salvación y un par de apéndices donde se compendian ilumipregones líricos y los prólogos a los libros antologados.

 

Un tercer apéndice muestra una selecta bibliografía de trabajos que han estudiado la poesía de nuestro autor.  El volumen de poesía ha sido publicado por la editorial Sial/Pigmalión en este mismo año 2017, en fecha tan señalada como el día del nacimiento de Dante Alighieri.

 

A Octavio Uña Juárez tuve la ocasión de conocerle y entrar en contacto con su manera de estar en el mundo en el año 81, pardiez, cuánto tiempo el que ya ha transcurrido. Él me enseñó que la vida no es Ser sino Estar, que es lo que conduce al Hacer.oc

 

En aquel momento, cuando este hombre amable e ínclito, ya ilustre y reconocido, entró por la puerta de un instituto de secundaria como catedrático de filosofía y justo fue a dar en mi clase, lo que me llamó la atención de manera inmediata no fue sino, su palabra, la capacidad para nombrar todo lo que en el mundo había y más, lo que la mente contenía, y más, nombrar todas las cosas que aún sin nombre se removían en el alma.

 

La palabra que deslumbraba a cada instante dictada al voltear de las cabezas. Metáfora excelsa y clarividente que escrita en la pizarra se derramaba sobre la mirada asombrada de aquellos alumnos no acostumbrados a tales alardes de comunicación. Que esa era su especialidad, la comunicación y la iluminación de las almas. Por eso no extraña que su antología se denomine Iluminaria.

 

Iluminación por el conocimiento. Esparcir el conocimiento como quien labra la tierra, y el mar. Compré el primer libro de poemas de Octavio en aquel momento, finales del 80, Castilla, plaza mayor de soledades, un poemario de adobes, y pude comprobar cómo era una poesía que quería hacer de la palabra, conocimiento y esparcirla como semilla por la agrietada tierra de Castilla y, a la par, reflejar la apesadumbrada y pesada tierra castellana. Una palabra iluminativa: ilustrada y lustrosa.cir

 

Ilustrada porque se centra fundamentalmente en la naturaleza, que tiene un nombre, Castilla; y en la bondad humana, las gentes de Castilla. Una admiración con la mirada aristotélica siempre ceñuda que se centra en la contemplación de la realidad de Castilla, una mirada asaz filosófica en la contemplación y recuerdo de Castilla. De la Castilla hoyada y la Castilla hoyadora. Pero siempre con la mirada puesta en la piedra, en el aljibe, en el adobe. Sin olvidar nunca que esa visión de Castilla se realiza a través de la palabra. (Yo siempre te amaré, palabra/Siempre/ te llevaré conmigo hasta los parques/en la tarde)

 

Si algo aprendí y creo que sí, de aquella lectura franca e inocente, de una mirada de crío de 16 años hacía unos versos de madurez de vino, es que lo esencial en la mirada a la naturaleza y a la gente es esa palabra admirativa y cargada de conocimiento filosocioteológico. Esta mirada admirativa conlleva una racionalización de lo ctónico que anida en las gentes de Castilla, una depuración de las supersticiones, del fanatismo religioso en pos de un Deísmo natural, de una naturaleza deificada (Yo te pensé en la luz, /acostumbra a júbilos ágiles de los párpados/ ¡Oh extraña posesión la de esta luna llena de tu cara)

 

De la misma manera, esa palabra ilustrada y lustrosa quiere enseñar a Castilla la necesidad de que se aleje de esa política absolutista que ha mantenido durante siglos, una política basada en la posesión; y mostrarle más bien el camino de la necesidad de apertura al mundo, pero sin posesión ni enseñoramiento. Sí, apertura, esa apertura comunicativa que tan bien describe el Octavio sociólogo con la mano de maní de Jaspers.

 

Ya veis que la Iluminaria del título es la iluminación ilustrada.

 

La palabra lustrosa de Octavio Uña, una palabra que brilla como los campos amarillos del pan cuando el sol en su álgido esplendor los engrana aún más si cabe, una palabra sana, saludable, que se ha de comer como se toma el pan en la mesa, sin tacha y como se toma el pan ante el altar, con limpieza de corazón. Porque la palabra sana es palabra singular y preclara.chopos

 

Digamos sólo que es buen momento de publicar esta compilación de los libros de Octavio, porque la singularidad de sus temas y de su palabra, ha de advenir en gloria y perlas a este mundo que ha perdido su ilustrada conciencia, por mor de una libertad expresivista, confundida con libertad de expresión culta. Una poesía que conducirá a un nuevo y joven lector por las sendas garabateadas del instante, a la búsqueda de la belleza y de esa verdad estética que no estática y que se aguarda en los lotos filosóficos.

 

La palabra de Octavio encandila y durante horas uno pasearía a su lado escuchando esa palabra ilustrada y lustrosa, convenientemente aderezada de odisea y canto. Iluminaria es ese paseo por las plazas mayores de Castilla, por la soledad de Castilla en la buena compañía de la palabra cognoscitiva de Octavio Uña.

 

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La soledad pornográfica
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Xoel Prado - Antúnez | 06-09-2017 | 11:32| 0

Una vez pensé que me hallaba solo en el mundo pero en realidad me rodeaba una multitud de individuos. La soledad no significa introversión. Cuando te rodea una multitud y te sientes solo, ¿de quién es el problema? Como no puede ser de otra manera, el psicoanalista es el culpable.

No sé dónde leí alguna vez que sólo cuando has sido centrifugado por la soledad, puede saber quién eres fundamentalmente, realmente, y estas preparado para iniciar una relación con los otros, y, además, certificaban que esa relación se identificaba por primera vez con la verdad.

Hay una soledad constructiva que consiste en estar solo, permanecer en soledad. La soledad buscada. Te evades del mundo hacia el monte, donde todo puede ser orégano; te evades del mundo en un coche a doscientos kilómetros por hora, en el camino, como Jack Kerouac. Curiosamente Jack en el camino encontró  la culpabilidad, encubrió un crimen, junto a William Borroughs o William Lee, el que cometió Carr sobre Kammerer por un no pongas ahí esas manos tan físicas y poco educadas. El Hudson es el mudo testigo del cuerpo apuñalado que engulle. Se lo cuenta a Borroughs, se lo cuenta a Kerouac, que le insta a lanzar el cuchillo a una alcantarilla. Un final feliz para el viajero solitario que pretendía ser un vagabundo que deambula por el Dharma. Eso, un vagabundo del orden social, de la ley, de la religión, de la virtud. Curiosamente, la novela a dos manos solitarias que recoge los hechos se titula It, eso, ello, el inconsciente, que suele comparecer como lo más solitario, sólo actúa por la noche, cuando maniata a la conciencia con los sueños que nunca se cumplirán.

La soledad constructiva de marcharse al monte acababa siempre cuando confundíamos confucionistas la seta de carrerilla con un hongo goloso que nos obligaba a hacer aparecer enanitos a nuestro alrededor, bailando. Curiosamente, volvíamos a William Lee o Barroughs o a su escopeta de cañones solitarios o a sus estiletes de morfina que clavaba en sus piernas de “picotilla”. Aquel tipo elevado sobre sus pies líquidos no se asemejaba en nada a la persona que ocupa un piso destartalado cerca del puente que se representaba en el escudo de nuestro club de fútbol, y que abandonaba sus jeringuillas usadas cerca del rodapié inexistente. La soledad constructiva coincidía con un tiempo de jeringuillas, que tira a matar. En aquellas jeringuillas comenzaba nuestro mundo, sin duda, nuestro tiempo, sin embargo, un tiempo de soledad.

Era inevitable.

El maestro Luís Martín – Santos en soledad y amantes, maestro político y como confeccionador de ficciones, maestro en elementos contradictorios, en un “Tiempo de soledad” al que le sigue un tiempo de destrucción, pero una destrucción constructiva, como la del loco Bakunin, la pasión de destruir es la algarabía constructiva, nos alecciona. Una buena destrucción propone una sonrisa constructiva. Una sonora carcajada del destino, realmente. Quizá la mejor definición de soledad. Una sonora carcajada que nos propone el destino. Nosotros quizá posponemos, pero no por mucho tiempo. A él le esperaba esa carcajada en la carretera de Madrid a San Sebastián, contra un camión. El volante del coche da vueltas como la veleta de la casa de Salamanca donde vivía de pequeño el protagonista de ese tiempo de destrucción.

A veces toso cuando alguien tiende su mano al saludo, pero no es porque sea solitario, quizá un huraño introvertido. La soledad es otra cosa.

La soledad era lo que se defendía en la película “Equus”, donde Sídney Lumet, hace comparecer a Richard Burton como culpable de alienación cuando no consigue averiguar porque un adolescente prefiere la soledad del sudor de los caballos tras la carrera en su cuerpo desnudo, al cuerpo desnudo de una adolescente empapada. La soledad emerge cuando el protagonista desea solo tumbarse sobre el sudor de los caballos. La soledad es hablarles a los caballos al oído para que te inyecten su sudor a través de tu piel desnuda que disfruta del esfuerzo animal.

El esfuerzo es lo contrario de la soledad, evidentemente. El esfuerzo según lo define Espinosa, es decir, el conatus perseverandi; la capacidad del hombre de perseverar en la existencia, que no es otra cosa que el ansia de inmortalidad, la necesidad de resurrección. Este conatus se opone de manera vencedora a la tristeza que emerge de la soledad, a la soledad misma, porque la soledad acompañada de la tristeza que le es connatural, disminuye la capacidad del hombre de actuar, de hacer, la potencia de obrar.

La soledad no es si no miseria, pues la capacidad del ser humano se ve mermada por la satisfacción de ocultar un asesinato, inocularse morfina o heroína, morir en la ineluctable carcajada del destino o disfrutar satisfaciendo cualquier deseo.

El hombre que persevera en la existencia, el hombre que vive en una religiosidad primigenia, vence su natural violento, la enemistad y el miedo, la guerra. Entiende que la vida no consiste en su querer individual sino en la voluntad del otro.

El otro es lo más importante en nuestra vida, al que no hay que perder, porque somos nosotros. A pesar de que Jean Paul Sartre lo entienda desde su miedo, y nos equivoque para que pensemos que el infierno son los otros, y de esa manera volvamos a la soledad de la confusión confuciana.

De todas maneras, no confundáis la introversión que ahora me invade sentado en el váter de la biblioteca pública, con la soledad.

Por cierto, aprovecho para escribir en sus azulejos blanquecinos y rotos “Barroughs o Lee estuvo aquí”.

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Parálisis permanente o huída incesante
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Xoel Prado - Antúnez | 31-08-2017 | 17:26| 0

Los filósofos por norma general dan a luz excelsos y profundos y oscuros sistemas “cosmovisionarios”, con los que intentan explicar el mundo y hasta lo que no es el mundo, por cierto. En la mayoría de las ocasiones los escriben sobre papeles que es mejor no clasificar y en muchas otras ocasiones se pierden en vaya a usted a saber qué aguas; y aquellos filósofos que nadie ya recuerda van golpeándose en el pecho la fatalidad de haber perdido las ideas que jamás recuperarán, y que les auparían el Olimpo filosófico. Probablemente, es que quizás las tales ideas fuesen absolutamente innecesarias o no aportaban nada a la ya de por sí confusa revolución ideológica. No se emplea aquí revolución en un sentido de cambio o transformación, sino en el sentido de revoltijo farragoso o laberinto de galimatías.

Los filósofos han dado a luz, sin excesiva dilatación, excelsos y profusos laberintos de galimatías, que han hecho mella impresionante, hendidura de afecciones, en otros filósofos, que se armaron de argumentos y argucias para trasladarlos al pueblo. Es cierto que a mí mismo me encantaría ser filósofo y mover los conceptos como el encantador de serpientes mueve su flauta ante la hipnótica serpiente.

A veces me encanta esta imagen para la filosofía, la del encantador de serpientes: éste mueve su flauta ante la serpiente y ésta encandila a los espectadores, y estos últimos esperan el desenlace fatal, el picotazo de la materia filosófica sobre el filósofo cuando el concepto ya no sirve.

Me encantaría presentar una nueva filosofía pero siempre temo parecer tonto, como un torpe que va cayendo aquí y allá para risibilidad de los más avispados del pueblo espectador; y otras veces veo como la filosofía, gracias a los rotundos cambios sin rumbo en la educación, es leprosería, un lugar donde es mejor no acudir, una materia a eliminar a día de hoy.

El filósofo es una especie en extinción muy probablemente. Y yo pretendo presentar una nueva filosofía que ni siquiera nos permitirá vivir de ella, quizá sí vivir en ella. Una filosofía que mire desde el lugar adecuado, que ocupe su lugar. Muchas filosofías han observado el mundo en contrapicado y han sido filosofías del agigantamiento; y otras lo han contemplado en picado y han sido ideologías del “enanamiento”. O nos han agigantado o nos han “enanado”; pero nunca han visto al hombre como es. ¿Y cómo es? Un laberinto de galimatías y un galimatías en un laberinto. Curioso que todas las respuestas se puedan clasificar bajo estos dos indicadores. He creído muchas veces que nosotros mismos elegimos cualquiera de las dos clasificaciones y allí que nos vamos. Cuando James Stewart miraba por la ventana indiscreta, veía el mundo en laberinto de galimatías que nadie podía creer; mientras que cuando Cary Grant iba saltando las diversas pruebas ariádnicas de su mundo, comparecía como un galimatías en un laberinto, al que nadie creía. Filosofía de la Parálisis o filosofía de la Huída, elijan ustedes. Paralizado ante un mundo que te lo da todo o huir de un mundo que no te permite decir tu palabra.

Durante mucho tiempo he elegido la segunda oportunidad, sobre todo porque me permitía huir de la gente. No aguanto a la gente. Me resisto a creer que un conglomerado de masa sea algo a lo que se pueda prestar atención, ni siquiera cuando está individualizada, ni siquiera cuando comparece como un respetable profesor ex profeso. James Stewart ama a la masa a distancia y se refugia en su individualidad prismática; Cary Grant odia a la individualidad cercana que lo cerca pero se refugia en la masa institucional.

Al inicio de mi vida me encantaba ser como James Stewart y refugiarme en la ventana, incluso para escupir sobre la gente que pasa en contrapicado; y otras veces me encadenaba a ese Cary Grant en huida, que en la huida sonora que protagonizaba parecía meter en el infierno todo lo condenable, como pedía Marx que exigía Dante.

Parálisis o huida, sin duda no parece existir más alternativas.

Quise proponer una nueva filosofía para un mundo en progreso pero una línea de fuego se dibujo en el cielo justo cuando iniciaba esta reflexión y un meteorito eterno chocó contra la superficie de la tierra: la alternativa japonesa.

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En la taza del váter de la biblioteca pública
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Xoel Prado - Antúnez | 29-08-2017 | 15:17| 0

Reflexionar en el baño, sentado en el váter, no parece ser la manera en que medita el filósofo, que prefiere andar los caminos, como un redivivo quijote sin lanza que avanza hacia el cómo aclararse sobre el mundo y su visión, el ser y su revisión y el ente y su confusión. Visión, revisión, confusión y vuelta al inicio, pura dialéctica. ¿Esta dialéctica no podría ejecutarse en el baño sosegado en el váter puramente sesudo? Al menos, en el váter propio, no.

El caso es que el váter propio, el de nuestras casas, se halla alejado de la pared de azulejos en exceso, de tal manera que se convierte la distancia en un “hiatus” (como me gustaba escuchar esta palabra de los labios de un auténtico filósofo, que es lo que siempre fue mi compañero y amigo Manolo López), en un real abismo, que nos impide el ejercicio de la escritura. Los azulejos de la pared del baño son el soporte adecuado para escribir los más crípticos pensamientos, esos que se expresan en dos líneas y que reciben un nombre tan especial como el de aforismos, que es la manera de trasladar el pensamiento a la palabra concreta e inmediata, propia de quien quiere expresarse con rápida concisión y sin concesiones a la digresión francoalemana.

El váter ajeno, el que se halla en los bares, es el mejor lugar para iniciar una reflexión refleja y flexiva que expresar en presionantes aforismos en la pared de azulejos. El váter del bar que es como un ataúd en el que enterrarse, justo el lugar donde se detiene el tiempo y el espacio se diluye en el mismo ensimismamiento formal y cuerdo. En el mismo, toda reflexión es posible, desde la más extravagante, esa que apoltrona al que la establece en el mismísimo sillón de Hegel, con el manto filosófico cruzándole la sien; hasta la más meritoria, aquella que explica la verdad como quien exfolia la piel muerta que sobra en la planta del pie.

Ciertamente, también nos puede valer el váter de las instituciones públicas. En uno de estos, concretamente en el de la biblioteca pública comencé a pensar en palabras con “m”, con la finalidad de confeccionar una lista de las mismas y hallar entre ellas un orden lógico prematuro, sin ningún resultado, salvo el de descubrir que nunca hay papel de más en estos lugares. Ese “de más” es el que aman los filósofos y no la ausencia, la falta, que es lo que acaban descubriendo todos y de lo que apabullándonos, conscientemente apoltronados, realizan juicios formales y maduros, muy poco moderadamente pero recalcando su maestría en cada palabra trazada sobre el blanco azulejo de la pared.

Siempre nos cortamos de escribir en la pared del váter nuestros pensamientos, porque en el lugar que has elegido para escribir el gran aforismo de tu vida, algún pensador cansado de su reflexión sedentaria, colocó su mejor moco ya seco. Nadie ha descubierto la razón ni yo mismo la sé, de porqué siempre encontramos un real moco perfectamente dispuesto en la mitad del azulejo que queda justo al frente de nuestros ojos extrañados. De tan extrañados, bizcos. Probablemente, este sea el resultado más loable del pensamiento sedentario y lo que empujó a Nietzsche y a todos los filósofos existencialistas, a establecer y ejecutar su filosofía como nómadas de la misma, siempre en camino.

De Alemania a Venecia y a Austria y a Italia y a Alemania a morir, itinerario de Nietzsche. No distinto del de otros muchos, como el de Walter Benjamín, o el mismo Miguel de Unamuno, de Bilbao a Salamanca a Canarias y a Salamanca; o el de Hume, de Edimburgo a París y a Edimburgo a morir. Santo Tomás siempre estuvo en camino, en el fondo de un carro tirado por bueyes, de allá para acullá y hacia su canonización.

Quizá ninguno de los cinco se extrajo jamás un moco del fondo de su pituitaria para colocarlo localizadamente en la mitad de un azulejo de un váter público institucional o benefactor.

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.