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Autor: Pedro.Carasa_8908
Raíces del Populismo
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elmiradordeclio | 15-11-2016 | 11:28| 0

Raíces del populismo

Pedro Carasa

Los populistas lucharon ayer y pelean hoy para que el pueblo llegue al poder en las crisis contemporáneas: Asamblearios frente a representativos, jacobinos frente a girondinos, anarquistas frente a socialistas, bolcheviques frente a mencheviques, fascistas frente a demócratas, hippies frente a burgueses, rupturistas frente a reformistas, agitadores frente a bipartidistas y Brexit frente a europeístas.

Optaron por república contra monarquía, protección contra librecambio, independencia contra unión, pueblo contra elite, emoción contra razón, contracultura contra cultura, movilización contra representación, conflicto contra consenso, gente contra casta, calle contra escaño, redes contra urnas, plebiscito contra parlamento, pancarta contra programa, antisistema contra instituciones, xenofobia contra integración, referéndum contra constitución.

Los populistas actualizan hoy esas opciones. Son los casos chavista, ecuatoriano, boliviano y peronista en el sur y el crudo ejemplo de Trump en el norte. Hay partidos populistas o ultras con más del 8% de los votos en 12 países europeos. La Teología de la Liberación agita a la Iglesia. El mundo sindical se contagia. Los reality show y las tertulias inoculan sus valores en la gente. Se apunta en el último premio Nobel.

El populismo español es viejo, agitó a muchos movimientos históricos para lanzar al pueblo tras el poder: Comuneros, guerrilleros, bandoleros, juntistas, carbonarios, septembrinos, cantonalistas, ácratas, republicanos radicales, juventudes socialistas, falangistas, frentepopulistas, colectivistas, trotskistas, fuerza nueva, mayo del 68, vecinos asociados, grupo GIL, o el 15M.

No es una plaga, es una reincidente protesta radical que nace y crece en las crisis y amainará tras ellas. Ésas son sus raíces y su vida histórica. Hoy vemos en ellas muchas contradicciones y ciertos logros.

No les mueve la ideología, ni la razón, actúan por miedo y odio hacia los enemigos del pueblo. Invocan el mantra popular como un dictado de creyentes, por encima de la ley. El pueblo es el súmmum de las virtudes, el antipueblo la causa de todos los males. Su inflamación popular y sobredosis de gente los aboca al conflicto. Por ser populares son maniqueos, explican la situación política como una simple oposición de buenos y malos para con el pueblo, de forma que han revivido las dos Españas.

No lo dicen, pero adoran el poder sin cortapisas y con actos antisistema. No tienen proyectos, la acción directa les lleva al clientelismo popular. Buscan captar votos agradecidos y usan recursos mediáticos y mensajes emocionales para gustar a la gente. Hablan un lenguaje político banal, callejero, demagógico, con slogans de televisión y redes sociales, hasta conquistar el cielo.

Se creen fruto de la sociedad civil, ajenos a la casta; pero cuando tocan poder se convierten en el político despreciado. Son personalistas, con líderes mesiánicos para redimir a la gente. Les interesa movilizar masas más que transformar la sociedad. Frenan las ayudas al desarrollo internacional. No son estables y duraderos, están diseñados para actuar contra las instituciones mientras duren las crisis.

Apoyan el soberanismo, las fronteras y el derecho a decidir, siguen el error de la izquierda española que sobrepuso la identidad nacionalista a la igualdad de los españoles. Los independentistas, anclados en los fueros medievales, son populistas porque subordinan las necesidades sociales al soberanismo e izan esteladas como paraíso popular, por encima del Estado de derecho.

Debemos reconocerles cierta eficacia. Regeneran la democracia y reaccionan a demandas sociales insatisfechas. Son exigentes con la representación, conectan la política con la sociedad y destapan la corrupción. Rompen el bipartidismo y el anquilosamiento de los partidos políticos como máquinas de poder que no nos representan.

Incitan a la sociedad civil a madurar desde abajo en la gestión de servicios y ejercicio de derechos. Superan la excesiva subordinación civil bajo la intervención estatal y denuncian la inmadurez del que lo espera todo de lo público. Critican el agobio de tres administraciones paralelas.

Movilizan a los ciudadanos, las manifestaciones diarias se triplican en España entre 2012-14. El 80% de los españoles aprobó el significado del 15-M. Despiertan políticamente a los jóvenes otrora apáticos y exhiben sus símbolos de calle en el Congreso. Las mareas inundan las ciudades con docentes y sanitarios coloreados.

Borran la memoria de la Transición española. Se apropian de la histórica ruptura democrática y la llaman populista. Anuncian una segunda Transición de ruptura popular, contra el engañoso pacto de las elites del régimen del 78. Elaboran una contramemoria de la Transición y eliminan el mito del consenso.

Aportan una vitalidad nueva para salir de la crisis. Un premio Nobel de 2008 propuso un contragolpe populista pera revertir la desigualdad social. Analizan con eficacia las contradicciones políticas y sociales del sistema en crisis. En España han absorbido el electorado de la baronía y la envejecida política social del PSOE; no han roto el bipartidismo, han arruinado un partido.

Los movimientos populistas denunciaron defectos y aportaron soluciones en las crisis históricas. Actualmente tienen profundas carencias, pero sus actitudes y valores han renovado la cultura política de muchos españoles.

 

Publicado en la edición en papel el día 12 de noviembre de 2016.

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Una Fiesta Nacional tradicionalista
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elmiradordeclio | 10-10-2016 | 10:23| 0

Una Fiesta Nacional tradicionalista

Pedro Carasa 

La fiesta nacional del día del Pilar es fruto de una cadena histórica de leyendas tradicionales que han ido formando el concepto conservador de España. Sus eslabones medievales fueron la llegada de Santiago apóstol a España como tierra elegida, la aparición de la Virgen del Pilar al apóstol para proteger a España, o la victoria de Ramiro I sobre los moros en Clavijo bajo la aparición del caballo blanco jacobeo. El descubrimiento de América fijó estos valores a la fecha del 12 de octubre.

Tales mitos medievales y la cultura del Imperio español contaminaron este imaginario nacional de España con valores tradicionalistas: tierra mesiánica y mariana, escenario de guerras santas y cruzadas de soldados y monjes, cantera de descubridores y conquistadores de raza, madre patria evangelizadora de hijas americanas, lengua castellana como arma universal de civilización, líder hispanoamericano universal, y adalid de la contrarreforma católica.

Desde fines del XIX, en América y España se vincularon a la fiesta nacional imágenes y argumentos hispánicos muy conservadores que han pervivido hasta 1981. Se alimentaron de la cultura política carlista basada en Dios, patria y rey. Crecieron con las celebraciones del IV centenario del Descubrimiento en 1892, cuando Cánovas celebró la fiesta nacional en el Día de Colón, y del I centenario gaditano en 1912, escenario en que surge en Iberoamérica el Día de la Raza, que a los dos años se trasladó a España. En 1913 se declaró la Virgen del Pilar como Patrona de la Guardia Civil. En 1918, coincidiendo con la debilidad demográfica de la gripe española, Maura dictó la celebración de la Fiesta Nacional de la Raza.

Primo de Rivera quiso denominarlo Día del Idioma, pero la RAE se opuso porque el Día de la Raza estaba ya implantado. Intelectuales conservadores como Vizcarra, Maeztu, Jiménez Caballero, asustados por el fascismo, sustituyeron la raza por la Hispanidad. Era la cultura propia de España y sus naciones hijas americanas, basada en la superioridad hispánica de la fe, la raza y la lengua de la madre patria. Quedó en minoría la visión de Unamuno, Fernández de los Ríos y Madariaga, centrada en la lengua.  Hasta 1936 se celebró el 12 de octubre con banderas hermanadas, exposiciones, actos académicos y desfiles de señoritas simbolizando las 20 repúblicas americanas hijas de España.

El fascismo español acarició la idea de la hispanidad, Onésimo Redondo llamó a sus Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, Falange Española recogió el concepto en su programa de 1943. El autor franquista García Morente y el cardenal Gomá adaptaron el concepto al régimen. En 1940 se institucionalizó con el Consejo de la Hispanidad, sustituido en 1946 por el Instituto de Cultura Hispánica. Desde 1939 el Caudillo celebró la fiesta nacional con ostentosos desfiles militares y concentraciones religiosas masivas en la basílica de Zaragoza, convirtiéndola en un acto militarista y nacionalcatólico. En 1958 se proclamó oficialmente la Fiesta Nacional de la Hispanidad. La dictadura visualizó así que la esencia de España se identificaba con el ejército y la Iglesia, y los valores de la raza y la hispanidad se personificaban en el caudillo vencedor de la masonería y el comunismo.

La Transición debió cambiar este discurso, pero no consiguió un relato cívico nuevo. En 1981 declaró Fiesta Nacional y de la Hispanidad el día 12 de octubre, y en 1987 se estableció como Fiesta Nacional de España. Nada ha cambiado hasta hoy.

Los nacionalismos contaminaron el sentimiento de lo español en la cultura popular proyectando sobre él una identidad vergonzante. Algunos partidos políticos consideran facha la valoración de la nación española, la percepción positiva de un país con tan valioso legado histórico, y no ven políticamente correcto hacer pedagogía de la dignidad de ser español. Hoy gritamos ¡soy español!, ondeamos la bandera, escuchamos el himno nacional o aclamamos a “la roja” sólo en escenarios deportivos internacionales, porque falta un espacio político donde hacerlo.

Es bueno que la fiesta nacional contenga memoria histórica, pero no sólo la tradicionalista. La fiesta nacional no puede basarse en tópicos religiosos, etnocentristas, militares, coloniales y patrióticos en un país laico, civilista, democrático y europeo. La fiesta nacional no es el Día de las fuerzas armadas con desfiles y banderas de reactores. No es bueno festejar España exhibiendo motivos de raza, venerando fechas y devociones marianas, celebrando hábitos coloniales paternalistas, exaltando actitudes católicas y castrenses, ajenas a la mayoría de los ciudadanos.

Habrá que renovar un proyecto festivo común de convivencia plural que aglutine a todos los españoles. En este entorno de debilidad política que vivimos, sería buena una dosis de autoconfianza en España, hacer amables los símbolos de nuestra identidad, proponer iconos de concordia civil, crear valores de memoria no reaccionarios, e incluso redactar una letra consensuada para el himno nacional. Urge elegir una fecha civil para que todos festejemos nuestra identidad. Podrían reunirse en la cámara territorial del Senado los parlamentos y autoridades regionales, los partidos políticos, las instituciones y movimientos sociales, para incitar a toda la sociedad a celebrar España y mostrar sin vergüenza la dignidad de ser español.

Publicado en la edición impresa de El Norte el día 8 de octubre de 2016

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Uso del Quijote por el poder
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elmiradordeclio | 20-09-2016 | 8:43| 0

Uso del Quijote por el poder

Pedro Carasa

El poder es interactivo, no existe si alguien no lo obedece. Necesita crear instituciones nuevas, elaborar una cultura política, una memoria histórica, un argumento cultural que lo legitimen. Esta justificación primero fue religiosa, los jefes actuaban en nombre de Dios. La revolución francesa secularizó el poder, que no viene de Dios, sino de los ciudadanos.

Para hacerse obedecer el poder busca ahora legitimidades de tejas para abajo. Lo que antes encontraba en la religión ahora lo halla en la historia. Cada nuevo sujeto del poder necesita presentar orígenes, héroes, hazañas, identidades para ser obedecido. La historia nacional, escuela nacional, archivos nacionales, nacieron para educar ciudadanos nacionales. El poder siempre necesita una historia propia, porque, junto con la lengua, gana más batallas que los ejércitos. Los poderes políticos llegan a crear héroes e inventar meta-relatos que desfiguran el pasado para legitimarse. Las conmemoraciones históricas y culturales sirven para divulgar estos mitos.

Los expertos dicen que solo la interpretación literal del Quijote es válida, la de la comicidad y la parodia como elementos esenciales de la novela. Luego se añadieron otras interpretaciones históricas o románticas: el mito más importante fue el socio-político relacionado con la identidad de España. De este mensaje histórico cada presente hace una lectura propia, que los poderes políticos, turísticos o de comunicación usan para conseguir votos y mercados.

Los literatos rechazan estas interpretaciones simbólicas, porque sobrepasan el texto y construyen hipótesis ajenas al libro. El Quijote no es héroe histórico, ni belicista, ni revolucionario, ni paladín de los pobres, ni una alegoría de España. Nunca existió ese propósito inconsciente en la mente de Cervantes. Los poderes al usarlo deterioran el idealismo de don Quijote, eliminan su comicidad esencial y minimizan su significado al aplicarlo a una coyuntura política. Lo malo es que una décima parte de la población ha leído el Quijote, y el 90 % solo conoce estos mitos fabricados por el poder.

Los autores prestigiosos que han construido los mitos históricos del Quijote han sido Valera, Galdós, Pereda, Menéndez Pelayo, Menéndez Pidal, Ramón y Cajal, Unamuno, Isidoro Lapuente, José de Armas y Cárdenas, Navarro Ledesma, Alfredo Vicenti, Costa, Almirall, Ganivet, Américo Castro, Maeztu. Intelectuales del poder del conocimiento, periódicos del poder de la comunicación y políticos del gobierno los han transmitido a la sociedad.

La primera interpretación del poder cultural y político comenzó en el s. XVIII, con la biografía de Cervantes de Mayans. Primer reconocedor del siglo de oro español y defensor de la obra cervantina, presentó a los ilustrados como sucesores de humanistas y erasmistas. Los hombres de las luces legitimaban así que los orígenes de su cultura política reformista eran cervantinos y neoclásicos, no afrancesados.

Repasemos cómo se usaron estos mitos en el III y IV centenario de la edición del Quijote en 1905 y 2005. El contexto del III Centenario era el desastre del 98, el caciquismo, una profunda tensión social y el conflicto regionalista. Con los mensajes querían apoyar la cohesión social y la identidad de España. En 2005, Rodríguez Zapatero propuso celebrar el IV Centenario para mostrar que la cultura primaría en su gobierno. No había en su mente mitos históricos, calificó la novela de constitución de la humanidad y dijo que el Quijote era republicano.

En 1905 fue Mariano de Cavia quien propuso a Maura celebrar la efeméride. Los autores de la edad de plata de la cultura española dieron al centenario un alto nivel académico. La meta era exaltar la raza, la lengua y el alma nacional, la bandera era el Quijote, referente social, símbolo del país, orgullo nacional, héroe español y universal. Elitista empeño, dado el 65% de españoles alfabetos. Para la plebe hicieron festejos populares y así evitaron los motines de 1892 contra Cánovas en el IV Centenario de América.

El programa de 2005 era de espectáculos y sin nivel científico. El único lema fue el Quijote como símbolo feminista. Abundaron películas y conciertos propios de la sociedad de mass media; seguro que los juegos florales de 1905 tuvieron menos audiencia que los videojuegos y la música pop de 2005. El Quijote sirvió de percha populista para criticar al político de turno y hacer marketing de diversión. Sólo las universidades y el Centro de Estudios Cervantinos lograron un Banco de Imágenes del Quijote y la Gran Enciclopedia Cervantina.

La polémica catalana estuvo presente en ambas celebraciones. En 1905 Cataluña protestó porque la novela se utilizaba en Madrid como un símbolo nacionalista español. En 2005 Pujol dijo que Cervantes podría serle tan próximo o lejano como Goethe. Alguien escribió que el loco manchego no vino a deshacer entuertos nacionalistas. Felipe VI, hablando de Cervantes, acaba de insistir en que representa lo que nos une.

La conmemoración de 2005 se empaquetó como producto de marketing para el consumo y el espectáculo. Los poderes políticos y culturales trataron de dar gusto al pueblo y satisfacer su afán de pasarlo bien. Esto es exactamente el populismo, contentar a la gente para alcanzar fácilmente el poder.

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El otoño del PSOE histórico
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elmiradordeclio | 18-09-2016 | 10:46| 0

El otoño del PSOE histórico

Pedro Carasa

Vemos al PSOE como un árbol histórico de cuatro ramas que forman sus iniciales: partido político, ideología socialista, composición obrera y naturaleza española. Su tronco federal fue alimentado por unas raíces de 137 años y pensado para producir frutos de justicia, solidaridad e igualdad. Participó en gobiernos republicanos, ha ganado 17 elecciones, ha gobernado 21 años en la Transición, ha recibido más de un tercio de los votos, ha modernizado los movimientos sociales, la cultura política y el mundo laboral. Ha sido un pilar básico de la democracia en España.

Siguiendo el símil del árbol en las estaciones de la historia, parece que el partido culminó su otoño y comenzó a invernar. Como en la naturaleza, las instituciones deben adecuar sus ramas y hojas a cada etapa histórica, pero no deben perder la fortaleza de su tronco para seguir dando frutos. Al PSOE se le cayeron sus ramas y hojas originales, pero también perdió cohesión en su tronco federal, y dejó de dar sus frutos de justicia, solidaridad e igualdad.

Cuando nació todas sus iniciales eran imprescindibles. La “P” de partido político de masas, el primero de participación popular. La “S” por adherirse al socialismo y marxismo, la teoría social, política y económica más avanzada de entonces, defensora de la igualdad, la solidaridad y la justicia social. Comenzó con un programa ortodoxo y radical de lucha proletaria, de propiedad social y de poder político de clase. La “O” fue la letra más específica y la preferida por Pablo Iglesias, porque pretendió emancipar al movimiento obrero de la tutela de la burguesía demócrata y republicana, y quiso formar un partido político obrero y no burgués. La “E” aseguraba representar a toda la nación española, como otros partidos socialistas europeos que incluían en sus siglas el nombre del país. Se distinguía así de los emergentes partidos nacionalistas vasco y catalán, burgueses, conservadores, no internacionalistas y ajenos a la clase obrera.

Su tronco era federal, estaba internamente articulado de esa forma y proponía organizar España en Estados federales, simétricos y articulados. Pretendía romper con el centralismo españolista y evitar la ruptura estatal de los nacionalismos. Aunque el PSOE no consiguió introducir el federalismo en los debates constitucionales.

El otoño le llegó al árbol histórico del PSOE cuando se hizo socialdemócrata y burgués, apoyó al nacionalismo y amputó sus primeras ramas y hojas. Cayó la “O” de obrero, arrancada por varios vientos: conjunción republicano-socialista, alianza con la burguesía radical-intelectual, fracturas de sus comités y pugnas con comunistas y anarquistas. En la Transición la “O” sobraba en sus siglas y desapareció en los partidos autonómicos. Hoy es un partido de clases medias, aliado débilmente con el proletariado solo por el sindicato UGT.

También voló la hoja socialista. El congreso extraordinario de 1979 abandonó el marxismo, borró las raíces originarias del socialismo científico, olvidó la ascética de Pablo Iglesias, y diluyó su ideología en el sincretismo socialdemócrata. En la democracia el partido antepuso la modernidad a la igualdad, el crecimiento económico a la justicia social, y prefirió la identidad a la solidaridad entre las regiones. Un proceso propio del contexto del fin del socialismo real, del descrédito marxista y la caída del muro, que afectó a otros partidos socialistas europeos.

Perdió significado su letra “E”, eliminada en algunos partidos regionales. Dentro del partido se sugirió recientemente que esta letra significara europeo y no español. Padeció cierta sensación vergonzante de llamarse español, mostró ambigüedad ante el derecho a decidir y propuso un indefinido federalismo asimétrico, opuesto a su legado histórico de igualdad. Abandonó también el republicanismo, predominante en su historia, y apoyó la monarquía en la Transición.

Esta adaptación de ramas y hojas a las condiciones climáticas de la sociedad española le fortaleció y otorgó el poder. En la década de los ochenta modernizó y europeizó España, pero después, al perder el poder, el árbol histórico del PSOE abandonó sus viejos ideales, dejó su tronco resquebrajado y no produjo los viejos valores de igualdad y solidaridad. Su organización federal quebró al segregarse partidos autonómicos.

Se añadieron a este otoño institucional graves circunstancias que empeoraron sus efectos: la crisis de valores en las clases medias, la ruptura de la izquierda y la honda fractura territorial española.

El partido ha perdido una oportunidad de oro en la última crisis social para recuperar sus necesarios valores históricos. En ella ha cedido a la corrupción, se ha limitado a llorar por los recortes, ha debilitado su liderazgo y ha perdido el poder y el electorado. El PSOE no ha podido con la crisis y la crisis ha podido con el PSOE. Ha abjurado de su internacionalismo histórico, ha pactado con los nacionalismos y antepuesto lo particular a lo general y lo identitario a lo solidario. Ha postergado así el papel común del Estado que debía defender y lo ha dejado como un enemigo residual al que las Autonomías debían arrancar recursos.

España necesita hoy un partido socialista con sentido de Estado, descentralizado y federal, que cultive los frutos históricos de justicia, igualdad y solidaridad. Los electores comprometidos socialmente carecen de este instrumento para solucionar la grave deriva del problema territorial y la hondura de las desigualdades sociales.

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¿Hemos cambiado la cultura electoral?
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elmiradordeclio | 11-07-2016 | 12:31| 0

¿Hemos cambiado la cultura electoral?

Pedro Carasa

           Toda crisis histórica supera viejas prácticas políticas y descubre nuevos valores. Sucedió en España en 1812 al crear el Estado liberal, en 1868 y 1931 al aparecer el Estado republicano, y en 1978 al implantarse la democracia. La crisis actual puede iniciar otra revolución para regenerar la democracia. Con perspectiva histórica, vamos a rastrear los resultados de las elecciones del 26-J y atisbar qué novedades sugieren. Los cambios no serán instantáneos, pero pueden sembrar semillas para regenerar la representación.

Se ha dicho que los electores han votado con miedo. Es un sujeto histórico muy influyente y poco conocido, fruto de las desconfianzas de un sistema político, que se agudiza en las crisis. Nos preguntamos si el miedo de los electores ha delatado más inseguridad en los votados que incultura en los votantes. Desgranemos algunas razones de estos miedos.

El Brexit ha influido al descubrir contradicciones de los radicales y sembrar dudas sobre su ambigua idea europea. Como en todas las crisis, los votantes se han sentido más solidarios de la Europa mediterránea de lo que lo han expresado los políticos.

El populismo no ha conseguido en las elecciones el efecto positivo que buscaba el guiño de la sonrisa. El electorado, ante la ambición de poder disfrazada de amor al pueblo, se pregunta si era igualdad, justicia y solidaridad lo que se promovía bajo la pancarta inocente de gobernar para la gente. En la historia conocemos la demagogia de partidos radicales, aduladores del pueblo, en las crisis sociales del siglo XX.

El 26-J indica un hartazgo de soberanismo. ¿Es compatible su complejo de superioridad con la solidaridad, igualdad y tolerancia propias de la izquierda? ¿Ha perdido el socialismo la cultura internacionalista que calificaba a las naciones como medios de explotación burguesa? ¿Cómo el PSC se degrada hasta proponer el referéndum? ¿Por qué los radicales Podemitas justifican un derecho a decidir unilateral? ¿Acabó ya el papel de bisagra depredadora del presupuesto estatal que jugaron las minorías nacionalistas durante la Transición? ¿El mapa azul con dos lunares morados del 26-J señala que la mayoría rechaza la corrupción tapada del independentismo? Quedan pendientes agravios históricos del nacionalismo que deberán aflorar en la memoria colectiva.

Ha escandalizado el descarado e infantil personalismo de líderes inmaduros. ¿Están saturados los españoles del ruido de sillones que ha dejado la descarnada lucha de poder en el debate de investidura? Tres partidos propusieron el objetivo de derrocar al cuarto y apear a su líder, aunque las urnas lo han contradicho, siguen obstinados sin captar el mensaje. Personalismos y familias dominantes limitaron la eficacia de los partidos españoles, con gamacismos, albismos y cuñadismos que debilitaron el sistema político.

El 15-M discutió la representación, sustituyó el parlamentarismo por el asamblearismo con las pancartas “no nos representan”, “la soberanía está en Sol”, “la legislación es asamblearia”. Despreciaron las elites representativas como castas corruptas de poder para luego reproducirlas. La utopía de la democracia directa ya fue planteada en el pasado, dando el poder a una asamblea popular que aprobaba leyes y elegía funcionarios. Pero el modelo apenas funcionó en ciudades clásicas, se rechazó por inviable y se sustituyó por la democracia representativa. Restos de aquella utopía quedan hoy en la iniciativa legislativa popular y el referéndum vinculante. ¿Será mañana posible la democracia directa con las redes sociales?

Ante la negación de partidos y bipartidismo, los electores se preguntan si es mejor la confluencia de mareas, asambleas y en común. Hay que abandonar la práctica de los partidos políticos como corruptas máquinas de poder, ¿pero ello supone rechazar el legado histórico de estos necesarios instrumentos de participación política? ¿Son suficientes las redes sociales, acampadas en las plazas y teleadictos profesores? ¿La transversalidad vertical del pueblo sobre las elites sustituirá la oposición horizontal ideológica de liberalismo y socialismo? ¿Es éste el problema del partido socialista, en honda deconstrucción al no ubicarse en la crisis? El fascismo mostró que sin los partidos es inviable la democracia.

Rechazaron la ideología política, llamaron anticuada la división entre izquierdas y derechas, se proclamaron socialdemócratas y pactaron con comunistas. ¿Hay que abandonar el legado de los modelos políticos (tradicionalismo, liberalismo, socialismo, fascismo, federalismo, república, monarquía) que ha construido nuestra cultura política? ¿Hubo el 26-J votantes con ideología que se sintieron huérfanos para votar a grupos populistas o al partido socialista? ¿Tiene que ver con esta orfandad ideológica la abstención? ¿Está relacionada la banalidad ideológica con el fiasco de las encuestas? ¿La transversalidad borra la riqueza ideológica de la cultura política? ¿La enseñanza histórica no cuenta?

¿Se ha exculpado la inmoralidad de partidos, sindicatos y ayuntamientos? ¿Se olvida el cinismo independentista tapando sus dramáticas tramas? Las crisis históricas han sido implacables con la corrupción. ¿Lo será ésta también?

Los españoles no confirmaron el 26-J los cambios de cultura electoral propuestos. Preocupa que muchos rompan el legado histórico.

 

(Publicado en la edición impresa el 9 de julio de 2016)

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Sobre el autor elmiradordeclio
El Mirador de Clío está redactado por Pedro Carasa, un historiador que tratará de observar el presente desde la historia. Se evoca a Clío porque es la musa griega de la historia y de la poesía heroica, hija de Zeus y Mnemósine, personificación de la memoria. El nombre de mirador indica que la historia es una atalaya desde la que proyecta sus ojos el historiador, como un busto bifronte de Jano, que contempla con su doble mirada el pasado desde el presente y el presente desde el pasado.