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Autor: Pedro.Carasa_8908
El Estado de bienestar y los políticos
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elmiradordeclio | 15-01-2017 | 11:23| 0

El Estado de bienestar y los políticos

Pedro Carasa

La crisis del Estado de bienestar les preocupa a los políticos más por el posible castigo electoral que por los recortes sociales de los ciudadanos. No es una ocurrencia tópica sobre la insensibilidad social de la casta, es una lección de historia, basada en lo que los expertos en ciencias sociales y económicas llaman “efecto Mateo”. Reflexionemos sobre ello.

El nombre nace de la frase de San Mateo (13:12): “A cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”. Sociológicamente se llama así al fenómeno de acumulación de riqueza o fama. Es la expresión vulgar de que siempre el rico se hace más rico y el pobre más pobre. El nombre técnico es proceso estocástico o conexión preferencial. El efecto, que se aplica en sociología, historia social, economía, psicología y educación, se refiere a bienes materiales y a valores de confianza y prestigio social.

En política social, el efecto Mateo afirma que en todo sistema asistencial resultan más beneficiados los asistentes que los asistidos. Los expertos en servicios sociales creen que este retorno de beneficio a los asistentes es necesario para que subsista el sistema, que sin esa retroalimentación no sería sostenible.

Tal efecto se produjo en todas las etapas históricas, benefició a los limosneros de la caridad particular sacralizada en los siglos VII-XVII, a los ilustrados que encerraron a los mendigos en el XVIII, a los liberales que crearon la beneficencia municipal del XIX, y a los demócratas que gestionan el Estado de bienestar del siglo XXI.

La vieja caridad particular facilitó a nobles, eclesiásticos y comerciantes la salvación del alma, la mayor aspiración de entonces. Las fundaciones caritativas eran inversiones en capital sobrenatural que redimían la riqueza material y aseguraban un rédito salvador al rico y al pobre. Los hombres de las luces recluyeron y pusieron a trabajar a los pobres para que fueran útiles y no vagos. La beneficencia liberal fue un instrumento de clase para construir un comportamiento sumiso, sano y trabajador en las ciudades burguesas.

En la Alemania de fines del XIX se produjo una profunda revolución social que sentó el principio de que el Estado debía sufragar con recursos públicos los servicios sociales porque la educación, sanidad y seguridad social eran derechos del ciudadano y obligaciones estatales. Se llamó Estado de bienestar porque era la autoridad política la que debía financiar los servicios sociales con recursos fiscales, repartir socialmente la riqueza y ejercer la justicia redistributiva. En España se intentó en 1967, pero no se implantó hasta 1978; desgraciadamente era tarde y pronto el sistema comenzó a entrar en crisis.

En 2015 el Estado de bienestar (educación, sanidad, seguridad social, dependencia, familia y servicios sociales) representa el 60% del presupuesto central y autonómico español. Esta obra social, irrenunciable en toda democracia, es hoy la más importante acción política que gestionan los Estados desarrollados. Decidir y dispensar eficazmente los servicios de docencia, sanidad y seguridad social consigue el apoyo electoral a los gobiernos que los organizan y da prestigio a los profesionales que los aplican.

Por eso los políticos están doblemente obligados a solucionar la crisis del Estado de bienestar y reinventar alternativas para hacerlo sostenible. Su preocupación es más política que social porque surge del temor a perder el poder y no ser reelegidos más que del miedo a los recortes sociales de los ciudadanos. También al profesional del Estado de bienestar (profesor, médico, enfermero, empleado) le interesa no perder su profesión, poder académico y prestigio social, más que los servicios que presta.

Para superar esta retroalimentación entre gestores/asistentes del Estado de bienestar, los expertos buscan hoy una tercera vía que evite estas contaminaciones de la iniciativa privada y pública. Proponen el llamado tercer sector, iniciativa social, o voluntariado, organizados en ONGs, que minimicen el efecto Mateo.  La hipertrofia del primer sector público significa la atrofia de la sociedad civil como gestora autónoma de servicios sociales y el freno de la colaboración desde abajo. La sociedad civil se acomoda pasivamente a dejarse querer por las protecciones sociales del papá-Estado. Los servicios de bienestar dejados exclusivamente en manos del segundo sector, el privado, vinculado a la religión o a los agentes económicos particulares, acabarían contaminados por los intereses del gestor. La solución debe darla la sociedad civil, autónoma y madura, apelando a la ciudadanía, al voluntariado y a la familia, para complementar la prestación de servicios. Pero falta en España una adecuada política de apoyo a la familia para que cumpla esta misión.

La crisis exige corregir muchas contradicciones del Estado de bienestar y aliviar algunas de sus contaminaciones. Son necesarios un pacto social civil y solidario, nuevas formas ciudadanas de socialización de servicios, prestaciones sociales nacidas de la economía social, estímulo a la solidaridad voluntaria en las organizaciones del tercer sector. Hay que vigilar que las acciones voluntarias y solidarias sean complementarias de lo público, que no sustituyan al Estado de bienestar como eje de la protección social, y que no privaticen los servicios sociales.

Editado en El Norte de Castilla del 14 de enero de 2017

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El impuesto de los tontos
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elmiradordeclio | 11-12-2016 | 12:24| 0

El impuesto de los tontos

Pedro Carasa

Los romanos pacificaban al pueblo con pan y circo, los regeneracionistas lo tradujeron en España por pan y toros, hoy encandila más pan y fútbol. Esa combinación económica y cultural late en la Lotería Nacional. Propongo unas consideraciones  sobre este juego de azar gestionado por el Estado, que sigue entre nosotros tras superar guerras, crisis económicas, repúblicas, monarquías, dictaduras y democracias.

Lo intentó en vano Felipe II, pero fue Carlos III en 1763 quien creó la Lotería Real. Como toda reforma fiscal buscaba ingresos para la hacienda en crisis. Esquilache, inspirándose en la lotto napolitana, ideó el 10 de diciembre de 1763 (hoy hace 253 años) la lotería llamada Beneficiata o Primitiva, para congraciar la Corona con el pueblo. En 1769 se estableció en Nueva España otra Lotería de Billetes que inventó los décimos.

Entre 1808-12 en Cádiz se formó la Lotería Nacional para recuperar la hacienda exhausta por la Guerra de la Independencia. En 1811 el pueblo la llamó Lotería Moderna, distinta de la Primitiva, pero Cádiz la bautizó Nacional para subrayar la soberanía y borrar el apelativo absolutista Real. El marco era de otra crisis, España padecía hambrunas, epidemias, guerras y pérdida de 750000 habitantes.

En el siglo XIX la Lotería Nacional pasó a Madrid y se implantó en todas las cabezas de partido judicial. El Estado se quedó con el 30% de retención de lo jugado y el 10% de los premios. En la crisis de 1868 volvió a acentuarse su venta. En la crisis finisecular, el Estado cerró el monopolio suprimiendo todas las loterías particulares y extranjeras.

Las ventas durante la crisis de la guerra civil fueron el 3% de los ingresos del Estado. Coexistieron la lotería nacional de Sevilla y Burgos y la republicana de Madrid, Valencia y Barcelona. Los nacionales organizaron en 1936-37 Loterías Patrióticas pro combatientes en Zaragoza y Sevilla y restablecieron la Lotería Nacional en Burgos. Hubo algunos números con premios conciliadores agraciados en ambos sectores.

Como impuesto voluntario, la Lotería de Navidad recauda 3240 millones € vendiendo 160 millones de décimos, el Estado retiene 1500 millones € y reparte 2250 en premios. Lo llaman el impuesto de los tontos por conseguir ingresos a cambio de sueños. Su efecto sobre la sociedad es discutible, porque concentra riqueza; su práctica fiscal no es la mejor, porque contradice la justicia redistributiva. La sociedad del siglo XIX lo criticaba porque acentuaba el vicio del juego en los trabajadores. La lotería al final cultiva valores liberales y capitalistas.

Ha ascendido el volumen de ventas en una proporción parecida a la riqueza per cápita. Sin embargo, son menores los premios desde 1920, hasta caer al mínimo de 2016. Con el gordo de 1920 se compraban 50 casas, con el de 2016, es el más bajo de los 253 años, sólo una. Compran más lotería personas de perfil social medio-alto, con renta mensual de 1000/2000 €, en ciudades como Madrid, Murcia, Valencia, Barcelona y Bilbao; van a la zaga Andalucía, Galicia y Extremadura. Este comprador tipo tiene más estudios secundarios que universitarios. El ansia de incrementar fortuna empuja más a ricos que a pobres. No hay relación entre juego y religiosidad, pero sí crece con la edad, ya que los jóvenes se alejan de la lotería.

Los juegos de azar aparentan ser benéficos para hacerse atractivos con la dádiva; un disfraz de inocencia y seguridad. Este mensaje caritativo es el lanzado por el canto inocente de los niños huérfanos del Colegio de San Ildefonso, cantores de otros sorteos de bola o papeleta. Resulta extraño que hasta no hacerse mixto el colegio en 1984 no participaran niñas en el sorteo nacional.

Pero lo económico es lo menos importante de la lotería, laten en ella sentimientos y emociones que son más hondos. Contiene múltiples factores culturales que dibujan un buen caleidoscopio integral de nuestra sociedad: supersticiones, depresiones, euforias, sueños, encuentros familiares, experiencias de azar, excesos vacacionales, gestos benéficos, hasta estímulo de identidades nacionales.

Todos estos gestos intangibles importan al Estado. Está interesado en generar esperanzas en los compradores de lotería y prefiere que la fiesta y el juego estimulen una sociabilidad popular pacificadora de conflictos. El que manda busca sutilmente estrechar los lazos sociales con las participaciones de la lotería, porque refuerzan los lazos de familias, empresas, profesiones y clientes. Actúa de motor virtual de comunidad, la emotiva cantinela infantil anima a estos encuentros de convivencia.

Para el poder es bueno que la lotería alimente en la sociedad un afán de medrar y salir de la medianía. Porque es la clase media la mayor compradora de décimos para su mejora social. Soñar un premio incluye una esperanza de huida de la realidad, salir de pobre, hacer un corte de manga a tu jefe, alcanzar al grupo holgado que has envidiado, desahogarte de las hipotecas y abandonar la sensación de crisis. Los juegos abren estos puntos virtuales de fuga y aflojan tensiones en la sociedad, actúan de ficticias válvulas de escape muy eficaces a la hora de templar reacciones. Estos mensajes subyacen en sus campañas de propaganda.

El producto “cultural” que vende el Estado con este juego puede ser superior al premio económico. Hay miles de anhelos e ilusiones que sólo se venden y comparten con la lotería.

Editado en papel en El Norte de Castilla de 10 de diciembre de 2016

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Raíces del Populismo
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elmiradordeclio | 15-11-2016 | 11:28| 0

Raíces del populismo

Pedro Carasa

Los populistas lucharon ayer y pelean hoy para que el pueblo llegue al poder en las crisis contemporáneas: Asamblearios frente a representativos, jacobinos frente a girondinos, anarquistas frente a socialistas, bolcheviques frente a mencheviques, fascistas frente a demócratas, hippies frente a burgueses, rupturistas frente a reformistas, agitadores frente a bipartidistas y Brexit frente a europeístas.

Optaron por república contra monarquía, protección contra librecambio, independencia contra unión, pueblo contra elite, emoción contra razón, contracultura contra cultura, movilización contra representación, conflicto contra consenso, gente contra casta, calle contra escaño, redes contra urnas, plebiscito contra parlamento, pancarta contra programa, antisistema contra instituciones, xenofobia contra integración, referéndum contra constitución.

Los populistas actualizan hoy esas opciones. Son los casos chavista, ecuatoriano, boliviano y peronista en el sur y el crudo ejemplo de Trump en el norte. Hay partidos populistas o ultras con más del 8% de los votos en 12 países europeos. La Teología de la Liberación agita a la Iglesia. El mundo sindical se contagia. Los reality show y las tertulias inoculan sus valores en la gente. Se apunta en el último premio Nobel.

El populismo español es viejo, agitó a muchos movimientos históricos para lanzar al pueblo tras el poder: Comuneros, guerrilleros, bandoleros, juntistas, carbonarios, septembrinos, cantonalistas, ácratas, republicanos radicales, juventudes socialistas, falangistas, frentepopulistas, colectivistas, trotskistas, fuerza nueva, mayo del 68, vecinos asociados, grupo GIL, o el 15M.

No es una plaga, es una reincidente protesta radical que nace y crece en las crisis y amainará tras ellas. Ésas son sus raíces y su vida histórica. Hoy vemos en ellas muchas contradicciones y ciertos logros.

No les mueve la ideología, ni la razón, actúan por miedo y odio hacia los enemigos del pueblo. Invocan el mantra popular como un dictado de creyentes, por encima de la ley. El pueblo es el súmmum de las virtudes, el antipueblo la causa de todos los males. Su inflamación popular y sobredosis de gente los aboca al conflicto. Por ser populares son maniqueos, explican la situación política como una simple oposición de buenos y malos para con el pueblo, de forma que han revivido las dos Españas.

No lo dicen, pero adoran el poder sin cortapisas y con actos antisistema. No tienen proyectos, la acción directa les lleva al clientelismo popular. Buscan captar votos agradecidos y usan recursos mediáticos y mensajes emocionales para gustar a la gente. Hablan un lenguaje político banal, callejero, demagógico, con slogans de televisión y redes sociales, hasta conquistar el cielo.

Se creen fruto de la sociedad civil, ajenos a la casta; pero cuando tocan poder se convierten en el político despreciado. Son personalistas, con líderes mesiánicos para redimir a la gente. Les interesa movilizar masas más que transformar la sociedad. Frenan las ayudas al desarrollo internacional. No son estables y duraderos, están diseñados para actuar contra las instituciones mientras duren las crisis.

Apoyan el soberanismo, las fronteras y el derecho a decidir, siguen el error de la izquierda española que sobrepuso la identidad nacionalista a la igualdad de los españoles. Los independentistas, anclados en los fueros medievales, son populistas porque subordinan las necesidades sociales al soberanismo e izan esteladas como paraíso popular, por encima del Estado de derecho.

Debemos reconocerles cierta eficacia. Regeneran la democracia y reaccionan a demandas sociales insatisfechas. Son exigentes con la representación, conectan la política con la sociedad y destapan la corrupción. Rompen el bipartidismo y el anquilosamiento de los partidos políticos como máquinas de poder que no nos representan.

Incitan a la sociedad civil a madurar desde abajo en la gestión de servicios y ejercicio de derechos. Superan la excesiva subordinación civil bajo la intervención estatal y denuncian la inmadurez del que lo espera todo de lo público. Critican el agobio de tres administraciones paralelas.

Movilizan a los ciudadanos, las manifestaciones diarias se triplican en España entre 2012-14. El 80% de los españoles aprobó el significado del 15-M. Despiertan políticamente a los jóvenes otrora apáticos y exhiben sus símbolos de calle en el Congreso. Las mareas inundan las ciudades con docentes y sanitarios coloreados.

Borran la memoria de la Transición española. Se apropian de la histórica ruptura democrática y la llaman populista. Anuncian una segunda Transición de ruptura popular, contra el engañoso pacto de las elites del régimen del 78. Elaboran una contramemoria de la Transición y eliminan el mito del consenso.

Aportan una vitalidad nueva para salir de la crisis. Un premio Nobel de 2008 propuso un contragolpe populista pera revertir la desigualdad social. Analizan con eficacia las contradicciones políticas y sociales del sistema en crisis. En España han absorbido el electorado de la baronía y la envejecida política social del PSOE; no han roto el bipartidismo, han arruinado un partido.

Los movimientos populistas denunciaron defectos y aportaron soluciones en las crisis históricas. Actualmente tienen profundas carencias, pero sus actitudes y valores han renovado la cultura política de muchos españoles.

 

Publicado en la edición en papel el día 12 de noviembre de 2016.

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Una Fiesta Nacional tradicionalista
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elmiradordeclio | 10-10-2016 | 10:23| 0

Una Fiesta Nacional tradicionalista

Pedro Carasa 

La fiesta nacional del día del Pilar es fruto de una cadena histórica de leyendas tradicionales que han ido formando el concepto conservador de España. Sus eslabones medievales fueron la llegada de Santiago apóstol a España como tierra elegida, la aparición de la Virgen del Pilar al apóstol para proteger a España, o la victoria de Ramiro I sobre los moros en Clavijo bajo la aparición del caballo blanco jacobeo. El descubrimiento de América fijó estos valores a la fecha del 12 de octubre.

Tales mitos medievales y la cultura del Imperio español contaminaron este imaginario nacional de España con valores tradicionalistas: tierra mesiánica y mariana, escenario de guerras santas y cruzadas de soldados y monjes, cantera de descubridores y conquistadores de raza, madre patria evangelizadora de hijas americanas, lengua castellana como arma universal de civilización, líder hispanoamericano universal, y adalid de la contrarreforma católica.

Desde fines del XIX, en América y España se vincularon a la fiesta nacional imágenes y argumentos hispánicos muy conservadores que han pervivido hasta 1981. Se alimentaron de la cultura política carlista basada en Dios, patria y rey. Crecieron con las celebraciones del IV centenario del Descubrimiento en 1892, cuando Cánovas celebró la fiesta nacional en el Día de Colón, y del I centenario gaditano en 1912, escenario en que surge en Iberoamérica el Día de la Raza, que a los dos años se trasladó a España. En 1913 se declaró la Virgen del Pilar como Patrona de la Guardia Civil. En 1918, coincidiendo con la debilidad demográfica de la gripe española, Maura dictó la celebración de la Fiesta Nacional de la Raza.

Primo de Rivera quiso denominarlo Día del Idioma, pero la RAE se opuso porque el Día de la Raza estaba ya implantado. Intelectuales conservadores como Vizcarra, Maeztu, Jiménez Caballero, asustados por el fascismo, sustituyeron la raza por la Hispanidad. Era la cultura propia de España y sus naciones hijas americanas, basada en la superioridad hispánica de la fe, la raza y la lengua de la madre patria. Quedó en minoría la visión de Unamuno, Fernández de los Ríos y Madariaga, centrada en la lengua.  Hasta 1936 se celebró el 12 de octubre con banderas hermanadas, exposiciones, actos académicos y desfiles de señoritas simbolizando las 20 repúblicas americanas hijas de España.

El fascismo español acarició la idea de la hispanidad, Onésimo Redondo llamó a sus Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, Falange Española recogió el concepto en su programa de 1943. El autor franquista García Morente y el cardenal Gomá adaptaron el concepto al régimen. En 1940 se institucionalizó con el Consejo de la Hispanidad, sustituido en 1946 por el Instituto de Cultura Hispánica. Desde 1939 el Caudillo celebró la fiesta nacional con ostentosos desfiles militares y concentraciones religiosas masivas en la basílica de Zaragoza, convirtiéndola en un acto militarista y nacionalcatólico. En 1958 se proclamó oficialmente la Fiesta Nacional de la Hispanidad. La dictadura visualizó así que la esencia de España se identificaba con el ejército y la Iglesia, y los valores de la raza y la hispanidad se personificaban en el caudillo vencedor de la masonería y el comunismo.

La Transición debió cambiar este discurso, pero no consiguió un relato cívico nuevo. En 1981 declaró Fiesta Nacional y de la Hispanidad el día 12 de octubre, y en 1987 se estableció como Fiesta Nacional de España. Nada ha cambiado hasta hoy.

Los nacionalismos contaminaron el sentimiento de lo español en la cultura popular proyectando sobre él una identidad vergonzante. Algunos partidos políticos consideran facha la valoración de la nación española, la percepción positiva de un país con tan valioso legado histórico, y no ven políticamente correcto hacer pedagogía de la dignidad de ser español. Hoy gritamos ¡soy español!, ondeamos la bandera, escuchamos el himno nacional o aclamamos a “la roja” sólo en escenarios deportivos internacionales, porque falta un espacio político donde hacerlo.

Es bueno que la fiesta nacional contenga memoria histórica, pero no sólo la tradicionalista. La fiesta nacional no puede basarse en tópicos religiosos, etnocentristas, militares, coloniales y patrióticos en un país laico, civilista, democrático y europeo. La fiesta nacional no es el Día de las fuerzas armadas con desfiles y banderas de reactores. No es bueno festejar España exhibiendo motivos de raza, venerando fechas y devociones marianas, celebrando hábitos coloniales paternalistas, exaltando actitudes católicas y castrenses, ajenas a la mayoría de los ciudadanos.

Habrá que renovar un proyecto festivo común de convivencia plural que aglutine a todos los españoles. En este entorno de debilidad política que vivimos, sería buena una dosis de autoconfianza en España, hacer amables los símbolos de nuestra identidad, proponer iconos de concordia civil, crear valores de memoria no reaccionarios, e incluso redactar una letra consensuada para el himno nacional. Urge elegir una fecha civil para que todos festejemos nuestra identidad. Podrían reunirse en la cámara territorial del Senado los parlamentos y autoridades regionales, los partidos políticos, las instituciones y movimientos sociales, para incitar a toda la sociedad a celebrar España y mostrar sin vergüenza la dignidad de ser español.

Publicado en la edición impresa de El Norte el día 8 de octubre de 2016

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Uso del Quijote por el poder
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elmiradordeclio | 20-09-2016 | 8:43| 0

Uso del Quijote por el poder

Pedro Carasa

El poder es interactivo, no existe si alguien no lo obedece. Necesita crear instituciones nuevas, elaborar una cultura política, una memoria histórica, un argumento cultural que lo legitimen. Esta justificación primero fue religiosa, los jefes actuaban en nombre de Dios. La revolución francesa secularizó el poder, que no viene de Dios, sino de los ciudadanos.

Para hacerse obedecer el poder busca ahora legitimidades de tejas para abajo. Lo que antes encontraba en la religión ahora lo halla en la historia. Cada nuevo sujeto del poder necesita presentar orígenes, héroes, hazañas, identidades para ser obedecido. La historia nacional, escuela nacional, archivos nacionales, nacieron para educar ciudadanos nacionales. El poder siempre necesita una historia propia, porque, junto con la lengua, gana más batallas que los ejércitos. Los poderes políticos llegan a crear héroes e inventar meta-relatos que desfiguran el pasado para legitimarse. Las conmemoraciones históricas y culturales sirven para divulgar estos mitos.

Los expertos dicen que solo la interpretación literal del Quijote es válida, la de la comicidad y la parodia como elementos esenciales de la novela. Luego se añadieron otras interpretaciones históricas o románticas: el mito más importante fue el socio-político relacionado con la identidad de España. De este mensaje histórico cada presente hace una lectura propia, que los poderes políticos, turísticos o de comunicación usan para conseguir votos y mercados.

Los literatos rechazan estas interpretaciones simbólicas, porque sobrepasan el texto y construyen hipótesis ajenas al libro. El Quijote no es héroe histórico, ni belicista, ni revolucionario, ni paladín de los pobres, ni una alegoría de España. Nunca existió ese propósito inconsciente en la mente de Cervantes. Los poderes al usarlo deterioran el idealismo de don Quijote, eliminan su comicidad esencial y minimizan su significado al aplicarlo a una coyuntura política. Lo malo es que una décima parte de la población ha leído el Quijote, y el 90 % solo conoce estos mitos fabricados por el poder.

Los autores prestigiosos que han construido los mitos históricos del Quijote han sido Valera, Galdós, Pereda, Menéndez Pelayo, Menéndez Pidal, Ramón y Cajal, Unamuno, Isidoro Lapuente, José de Armas y Cárdenas, Navarro Ledesma, Alfredo Vicenti, Costa, Almirall, Ganivet, Américo Castro, Maeztu. Intelectuales del poder del conocimiento, periódicos del poder de la comunicación y políticos del gobierno los han transmitido a la sociedad.

La primera interpretación del poder cultural y político comenzó en el s. XVIII, con la biografía de Cervantes de Mayans. Primer reconocedor del siglo de oro español y defensor de la obra cervantina, presentó a los ilustrados como sucesores de humanistas y erasmistas. Los hombres de las luces legitimaban así que los orígenes de su cultura política reformista eran cervantinos y neoclásicos, no afrancesados.

Repasemos cómo se usaron estos mitos en el III y IV centenario de la edición del Quijote en 1905 y 2005. El contexto del III Centenario era el desastre del 98, el caciquismo, una profunda tensión social y el conflicto regionalista. Con los mensajes querían apoyar la cohesión social y la identidad de España. En 2005, Rodríguez Zapatero propuso celebrar el IV Centenario para mostrar que la cultura primaría en su gobierno. No había en su mente mitos históricos, calificó la novela de constitución de la humanidad y dijo que el Quijote era republicano.

En 1905 fue Mariano de Cavia quien propuso a Maura celebrar la efeméride. Los autores de la edad de plata de la cultura española dieron al centenario un alto nivel académico. La meta era exaltar la raza, la lengua y el alma nacional, la bandera era el Quijote, referente social, símbolo del país, orgullo nacional, héroe español y universal. Elitista empeño, dado el 65% de españoles alfabetos. Para la plebe hicieron festejos populares y así evitaron los motines de 1892 contra Cánovas en el IV Centenario de América.

El programa de 2005 era de espectáculos y sin nivel científico. El único lema fue el Quijote como símbolo feminista. Abundaron películas y conciertos propios de la sociedad de mass media; seguro que los juegos florales de 1905 tuvieron menos audiencia que los videojuegos y la música pop de 2005. El Quijote sirvió de percha populista para criticar al político de turno y hacer marketing de diversión. Sólo las universidades y el Centro de Estudios Cervantinos lograron un Banco de Imágenes del Quijote y la Gran Enciclopedia Cervantina.

La polémica catalana estuvo presente en ambas celebraciones. En 1905 Cataluña protestó porque la novela se utilizaba en Madrid como un símbolo nacionalista español. En 2005 Pujol dijo que Cervantes podría serle tan próximo o lejano como Goethe. Alguien escribió que el loco manchego no vino a deshacer entuertos nacionalistas. Felipe VI, hablando de Cervantes, acaba de insistir en que representa lo que nos une.

La conmemoración de 2005 se empaquetó como producto de marketing para el consumo y el espectáculo. Los poderes políticos y culturales trataron de dar gusto al pueblo y satisfacer su afán de pasarlo bien. Esto es exactamente el populismo, contentar a la gente para alcanzar fácilmente el poder.

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Sobre el autor elmiradordeclio
El Mirador de Clío está redactado por Pedro Carasa, un historiador que tratará de observar el presente desde la historia. Se evoca a Clío porque es la musa griega de la historia y de la poesía heroica, hija de Zeus y Mnemósine, personificación de la memoria. El nombre de mirador indica que la historia es una atalaya desde la que proyecta sus ojos el historiador, como un busto bifronte de Jano, que contempla con su doble mirada el pasado desde el presente y el presente desde el pasado.