El Norte de Castilla
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Categoría: Museos
Fragmentos de un diario

10 de marzo. Patio Herreriano. La Asociación Colecciona, vinculada a la feria de arte Estampa, celebra una de sus jornadas. Asisten coleccionistas, galeristas, críticos… Los coleccionistas invitados comparten sus experiencias en presencia, en la primera fila, de Juana de Aizpuru que por esos días clausura su exposición en Valladolid. Jaime Sordo, Bárbara Rueda, Marcos Martín, su hijo Rafael cuentan cómo fueron creciendo sus colecciones. El denominador común es la pasión con la que en todos los casos se fueron construyendo esas antologías artísticas de la modernidad, pasión precedida por un sentimiento anterior que es la emoción ante las obras. Emoción que casi siempre al principio es intuitiva y que a medida que esa colección toma forma y, aunque la intuición se mantenga, se va viendo acompañada por un mayor conocimiento. Sí, la emoción también se educa. Pero alrededor lo que suele haber es un gran desconocimiento hacia el arte contemporáneo y una distancia entre éste y el público. ¿Cómo puede ser de otra manera en un país en cuyo currículum escolar se desprecia a las Humanidades? Hemos llegado al punto de partida: nada es posible sin la educación.

21 de marzo. La revista ‘Turia’ presenta en Madrid su último número. Esta vez dedicado al escritor suizo Friedrich Dürrenmatt cuando se cumplen 60 años del estreno de una de sus obras más conocidas, ‘La visita de la vieja dama’. ¿Quién no ha visto alguna vez esta obra que ha conocido cientos de versiones y puestas en escena? ‘Turia’ es una de esas cosas milagrosas que a veces suceden en la Cultura. ¿Cómo sobrevive una revista que no hace concesiones a la galería, con su sobria –hasta la extenuación— maqueta, que no rebaja el nivel de exigencia en sus artículos? Treinta y cinco años dando motivos para la lectura. Provocando además la curiosidad por extender el conocimiento desde los anzuelos que tira a un mar cada vez más solitario. En esta ocasión, además de Dürrenmatt, se pasean por sus páginas Martín Caparrós y Pablo D’Ors. Pero también Sam Sephard, Lêdo Ivo o Rafael Azcona. Lo dicho, un milagro.

22 de marzo. San Sebastián rinde homenaje a la librería Lagun en su quincuagésimo aniversario. 50 años de resistencia. La fallecida Teresa Castells y su socio Ignacio Latierro aguantaron, primero, los atentados de la ultraderecha, cuando en pleno franquismo su espacio en la parte vieja de la ciudad era un grito de libertad y cultura, de conocimiento frente a la censura y la barbarie; y después, los atentados de los seguidores de Eta que una y otra vez rompáin los cristales y rociaban con pintura los libros.  El atentado sufrido por el marido de Teresa el dirigente socialista José Ramón Recalde fue detonante de una mudanza a un lugar más tranquilo de la ciudad, desde donde siguieron siendo espacio para el pensamiento frente a la sinrazón de la violencia. La librería sigue con Latierro al frente. Libros igual a esperanza. Por muchos años.

 

(Columna publicada el 5 de abril de 2018 en la sección ‘Días Nublados’ de la edición impresa de El Norte de Castilla)

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El Musac y la Fundación Cerezales, unidos en un excelente proyecto

'Elñ agua y sus sueños', instalación de Rogelio López Cuenca y Elo Vega en el Musac./El Norte
‘Elñ agua y sus sueños’, instalación de Rogelio López Cuenca y Elo Vega en el Musac. / El Norte

El Musac y la Fundación Cerezales retoman desde el ángulo de los embalses de Riaño y el Porma el origen y las consecuencias de las grandes obras hidráulicas

ANGÉLICA TANARROValladolid

Hubo una época en que la construcción de pantanos se entendió como un signo de progreso y como la única manera de luchar contra la falta de agua en amplias zonas del país y contra el atraso de una España seca y deprimida. Y esta idea, que siempre se asocia a la dictadura de Franco, periodo en el que las grandes obras hidráulicas fueron una constante y un elemento habitual de la propaganda del régimen, hunde en realidad sus raíces en el siglo XIX y emparenta con la corriente regeneracionista. España vivía entonces el fin de un imperio y para autores como Joaquín Costa o Lucas Mallalda la sequía, la falta de terrenos de regadío, estaba en el centro del atraso del país. Transformar en regadíos zonas secas, por un lado, y producir energía eléctrica, por otro, estuvieron en el inicio de esos proyectos hidráulicos que anegaron pueblos, supusieron grandes movimientos de población y no pocas polémicas. Y, en contra de la idea que ha llegado hasta nosotros, esos proyectos abarcaron el reinado de Alfonso XIII, las dictaduras de Primo de Rivera y Franco, la Segunda República y el gobierno democrático encabezado por el socialista Felipe González, durante el cual se recuperó y se llevó a cabo, contra la opinión pública y un buen número de intelectuales y especialistas en ingeniería y medio ambiente, un proyecto que parecía olvidado como fue el embalse de Riaño.

Instalación con fotografías de casas de pueblos inundados en León.
Instalación con fotografías de casas de pueblos inundados en León. / El Norte

Ahora, cuando han pasado décadas desde el último de los grandes pantanos españoles, una exposición conjunta entre el Musac y la Fundación Cerezales Antonino y Cinia plantea una reflexión sobre lo que supusieron dichas obras para la transformación de un territorio y las preguntas que acerca de sus consecuencias, de su real o ficticia utilidad, de la situación actual de dichos territorios y de su futuro, acerca del cual no hay que olvidar las consecuencias del cambio climático, cabe hacerse hoy en día.

Cuando los comisarios de esta muestra, en la que han embarcado a una serie de artistas contemporáneos además de rescatar la obra de artistas del pasado, empezaron a trabajar sobre el proyecto, hace ya más de cuatro años, el agua y su ausencia no estaba en la agenda informativa. Así lo ponían de manifiesto Bruno Marcos y Alfredo Puente durante el acto inaugural que, si ocupó pequeños espacios en los informativos de aquel dos de diciembre pasado, compitió con los muchos minutos que los informativos dedicaban al tema de portada: la sequía y las impactantes imágenes de los embalses vacíos que dejaban al descubierto pequeños esqueletos de lo que un día fueron pueblos con vida.

‘Región (Los relatos). Cambio de paisaje y políticas del agua’ es el largo título de una exposición que sin embargo se inspira en uno mucho más corto: ‘Volverás a Región’, de Juan Benet, el conjunto de relatos que el autor escribió inspirándose en una zona que durante años fue su lugar de trabajo y que quedaría anegada precisamente por uno de los embalses, el del Porma, en el que trabajó como ingeniero. Era la década de los cincuenta y Juan Benet, que empezaba a ser un escritor reconocido, se trasladó junto a su mujer y sus tres hijos a la zona nororiental de la provincia de León para supervisar la construcción del pantano, y quedó atrapado por el territorio y sus gentes a las que dedicó la que está considerada como una de sus mejores obras.

Benet está muy presente en esta muestra, y no solo por el título, sino por los materiales que su familia, en especial sus hijos han prestado: desde mecanoescritos de la obra y primeras ediciones de la misma (una de ellas dedicada de su puño y letra a su madre), hasta otros documentos relacionados con su trabajo, o el polémico artículo en el que muchos años después defendería la construcción de Riaño.

Hay que decir antes de continuar que la exposición encaja en una de las líneas de trabajo, quizá la principal, que caracteriza los proyectos del Musac: la reflexión a través del arte contemporáneo sobre el territorio y sus transformaciones, el papel de la creación en la recuperación de la memoria, y la mirada al futuro desde el compromiso de los artistas del presente. En esta ocasión, ha trabajado con la complicidad de otra institución que comparte su preocupación por este tema: la Fundación Cerezales, auténtico ejemplo de revitalización de un territorio a través de la cultura. La exposición, por otra parte, profundiza en una de las líneas del arte contemporáneo: el rescate documental.

Instituciones como la Confederación Hidrográfica del Duero, el Ministerio de Agricultura, el Museo de León, la Fundación Sierra Pambley, la Asociación de Agricultores Leoneses (1977-1985), la Filmoteca Nacional, y medios periodísticos como Televisión Española o ‘National Geographic’, así como numerosas familias afectadas de una u otra forma por las expropiaciones han abierto sus archivos para prestar desde los proyectos técnicos de las obras de ingeniería, a los expedientes de expropiación, pasando por antiguos documentales del NO-DO, fotografías aéreas de los pueblos afectados o vídeos mucho más recientes sobre las zonas objeto de estudio en la muestra.

En el apartado audiovisual la exposición presenta desde la película ‘La aldea maldita’ filmada por Florián Rey en 1930, cuando el cine en España aún no tenía voz, o el corto procedente del archivo real de Alfonso XIII que muestra al monarca en un día de caza por los Picos de Europa, al célebre ‘El Filandón’ de Chema Sarmiento. Mucho más reciente, del pasado 2017, es el vídeo documental de Raúl Díez Alaejos sobre una acción de Hamish Fulton, considerado uno de los principales artistas del land art británico, que se ha especializado en caminatas por todo el mundo y que organizó una caminata colectiva por una de las carreteras que llevan al borde de las aguas del embalse de Riaño.

En el apartado de objetos curiosos, se pueden encontrar las llaves de numerosas casas sumergidas por este pantano, o el tesoro aparecido durante la sequía de hace dos años en este mismo lugar. Una prospección arqueológica de un yacimiento paleolítico, realizada aprovechando la retirada de las aguas, dejó al descubierto un conjunto de doscientas monedas de plata pertenecientes a la dinastía de los Trastámara y fechadas entre los siglos XI-XII.

Transformación y paisaje

En el aspecto estrictamente artístico, pasado y presente conviven con el mismo engarce que el resto de los apartados de la muestra. Los comisarios han querido mostrar dos obras del considerado padre del paisajismo en España: ‘La cruz’ (Monasterio de Piedra) y ‘Cañada en el Puerto de Pajares’ que Carlos de Haes pintó entre 1872 y 1874 y que presta el Museo del Prado. De la colección del Reina Sofía es ‘Autoridades de pueblo’ (1920) de Valentín de Zubiaurre (reflejo de esa España seca que los regeneracionistas querían rescatar del atraso) y del Museo de la Universidad de Navarra, las fotografías de Ortiz Echagüe, realizadas a comienzos del siglo pasado por uno de los principales exponentes de la fotografía pictorialista española.

Entre los artistas contemporáneos que han prestado o realizado obras exprofeso para esta muestra, figura un nombre ya mítico en nuestro presente como el premio Nacional de Artes Plásticas y premio Velázquez, Isidoro Valcárcel Medina. Este pionero del arte conceptual español presta un imaginativo e irónico ‘Plan de salvación’ para Riaño.

Consagrados y emergentes se dan la mano con obras de distintas técnicas y lenguajes, aunque la mayoría encuadrables en ese territorio fronterizo de la instalación y la vídeoinstalación. Rogelio López Cuenca y Elo Vega proponen un vídeo-ensayo, un vídeo-poema y una tarjeta postal con una reflexión de fondo sobre los excesos de la promoción turística del paisaje. Anne Laure Boyer aporta un ‘Atlas oculto’, una instalación que da cuenta sobre el mapa de los pueblos anegados por pantanos en Europa. Juan Pablo Ordúñez recrea mediante un paseo en barca lo que fue otro pueblo inundado por un pantano, Sant Romá de Sau. Abelardo Gil Fournier rescata en una instalación sonora melodías del viento y canciones populares relacionadas con las tareas del campo. Daniel G. Andújar plasma en ‘Notitia’ noticias y textos cruzados sobre el agua. Carlos Irijalba reflexiona sobre la transformación del paisaje a través de sondeos geotécnicos en la zona de Vegamián, y Manuel Laguillo documenta esa transformación siguiendo los ríos afectados en sus fotografías.

Una exposición tan prolija y documentalmente tan completa que es imposible abarcar en una sola visita. La buena noticia es que permanecerá abierta hasta el 27 de mayo.

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Así está el Patio

Hace tiempo que vengo señalando perpleja que la información cultural cada vez se parece más a la información deportiva y a la información económica. A la primera, porque resulta que de lo que se trata es de batir récords constantemente y a la segunda, porque solo parecen interesar las cifras. Dentro de nada habrá gráficos con lí­neas de subidas y bajadas en todas las informaciones culturales como si del í­ndice Dow Jones se tratara. Creo que ya hay.

El Patio Herreriano ha batido récord de visitantes. (Plas, plas, plas…) Todos contentos. Todos, menos un amplio sector profesional del mundo del arte. Lo manifestado por el Instituto de Arte Contemporáneo y el Grupo de Trabajo del Museo en su comunicado a los medios es compartido en muchos sectores artísticos de dentro y fuera de la ciudad. Da pereza volver a señalar lo ya dicho en otras ocasiones como ésta. Lo que diferencia al Patio Herreriano, lo que le da sentido como Museo, es su importante colección y en torno a ella, a sus contenidos, a sus caracterí­sticas, al papel que juega en el contexto del arte nacional e internacional, relacionado con el nacimiento y desarrollo de las vanguardias, debería girar su actividad. Una actividad que, al mismo tiempo, deberí­a colocar al Herreriano en el mapa de los museos de arte contemporáneo que cuentan en el país. Es decir, aprovechar el hecho de que la Colección permanece en esta ciudad para generar en torno a ella una riqueza cultural que distinga al museo y se convierta en atractivo para un público aficionado y experto, así­ como imán de otras actividades relacionadas. Proyecto y presupuesto económico. Estas son las claves.

Lejos de eso, el Museo se encuentra actualmente sin dirección (al parecer lo dirige una gestora) y sin proyecto (al menos que se haya hecho público), a no ser que el proyecto fuera el de batir récords de visitantes. En ese caso, misión cumplida. Aunque la euforia que traslucían las palabras del alcalde durante el balance de visitas de 2017 (¿por qué no se ha hecho al final del año? La cifra hubiera sido aún más vistosa) habrí­a que matizarla. Para empezar, la entrada ahora es gratuita ¿por qué no se adoptó antes esta medida si tanto preocupaban las estadí­sticas? En segundo lugar, en el Patio Herreriano se ha concentrado la programación de otras salas de exposiciones municipales. Es decir, los visitantes habituales de estas ahora van al Patio. Pero para eso no se necesita una colección ni un museo. Para incluir exposiciones no proyectadas ni comisariadas desde el centro (de cuya calidad media, por cierto, no se duda en la mayorí­a de los casos, ahí­ está la de Sarah Moon) no se necesita la Colección, basta con amplios espacios que permitan montajes adecuados. El Museo era y debe ser otra cosa.

Y un apunte más. Hay que distinguir artistas emergentes de artistas aficionados. Ambos deben tener su espacio, pero quizá sin mezclarse o con las fronteras bien definidas.

(Columna publicada en la edición impresa de El Norte de Castilla el jueves dos de noviembre de 2017)

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Adriana Bustos, historia y compromiso

EL MUSAC ACOGE LA PRMERA EXPOSICIÓN INDIVIDUAL EN ESPAÑA DE LA ARTISTA ARGENTINA

Cada una de las series que conforman la exposición ‘Prosa del Observatorio’, primera individual en España de la argentina Adriana Bustos (1967), merecería una visita reposada, pues debajo de cada elemento que las componen hay un trabajo de investigación, documentación, análisis y planteamiento que es difí­cil de captar en un recorrido apresurado. Con todo, los distintos capí­tulos de la muestra, correspondientes a tres series diferentes en una trayectoria muy cohesionada, componen un todo perfectamente coherente y dan idea cabal de las preocupaciones de esta artista que se sirve de técnicas de documentación y de la investigación histórica y en ciencias sociales para reflexionar sobre opresiones sociales, polí­ticas y religiosas en distintos periodos históricos, pero en particular para relacionar hechos acaecidos tanto en  España como América Latina y en sus interrelaciones desde la época colonial hasta nuestros días.

Ya en el título ‘Prosa del observatorio’ subyace este afán por relacionar hechos aparentemente inconexos en los que encuentra filiaciones inesperadas. Está tomado de la obra homónima de Julio Cortázar en la que el escritor argentino establece paralelismos entre la migración de las anguilas por los ríos europeos y las observaciones nocturnas del maharajá Jai Singh creador en el siglo XVIII de observatorios astronómicos en Jaipur y Delhi. En ‘Antropologí­a de la mula’ la primera de las series de la exposición, Adriana Bustos traza un paralelismo entre las rutas comerciales de la época colonial y las del narcotráfico en América Latina, y reflexiona sobre el tráfico de personas y cosas como elemento sustancial de las dinámicas de explotación, producción y comercialización desde las colonias hasta nuestros días.adriana-bustos_antropomorfia-del-sistema_2016

El origen de esta serie de trabajos en los que Bustos mezcla el dibujo (una técnica que domina a la perfección) con el vídeo y la fotografí­a, fue comprobar cómo la crisis argentina y la búsqueda de trabajos precarios habían llevado a la proliferación de mulos dedicados a la recogida de cartòn en la ciudad de Córdoba (Argentina), hecho que coincidía en el tiempo con el escándalo en el que se vio envuelta la empresa aérea Southern Wings en 2005 por el transporte de droga en valija diplomática. La artista dibuja sus personales ‘mapas’ en los que mezcla las rutas que siguieron las mulas en la época colonial desde Córdoba al Potosí­ para la explotación de los minerales preciosos, con las de las ‘mulas’ (término con el que se conocen en el argot del narcotráfico a las personas, mujeres en muchas ocasiones, que transportan la droga clandestinamente) actuales. Especialmente significativo dentro de este capí­tulo es la serie ‘Ilusiones’. Bustos entrevistó a varias mujeres que cumplían condena por narcotráfico en la prisión cordobesa de Brouwer: Fátima, Anabella, Leonor, el último escalón del negocio del tráfico de drogas, también el más vulnerable. La artista las fotografía de espaldas y las sitúa en un escenario ilusorio que representan los sueños por los que se enrolaron en el negocio. Una peluquerí­a, un quirófano, un paisaje selvático, entornos inalcanzables en vidas truncadas. Al lado de cada una de ellas, fotografía a la mula real en el mismo escenario.adriana-bustos_retrato_cortesia-de-la-artistade la artista, ‘El retorno de lo reprimido’, en el que documenta el tráfico de esclavos procedentes en su mayoría del África Subsahariana a través del Atlántico desde el siglo XVI hasta el XIX. E investiga en un hecho poco conocido: los cien mil ciento once esclavos negros introducidos por los españoles en Cuba en un periodo reducido de tiempo, entre 1816 y 1819. Setenta y siete expediciones partieron de La Coruña, según las investigaciones realizadas por la artista, con el fin de abastecer a los hacendados de mano de obra antes de la definitiva prohibición del comercio negrero cuya fecha lí­mite era 1820. El racismo, el tráfico de personas, la explotación están presentes en estas obras donde el habitual aspecto crí­tico del trabajo de Adriana Bustos es aún más patente si cabe.

Capí­tulo aparte merece la serie central de la exposición, ‘¿Quién dice qué a quién?’, una aportación original sobre la censura y sobre cómo la historia se repite en un aparentemente imparable bucle. De nuevo, las dotes de dibujante de Bustos al servicio de una reflexión sobre los libros prohibidos, el control de la información por parte de las dictaduras históricas, el arte como propaganda de regímenes ilegí­timos. La visión paralela de un fragmento del documental ‘Olympia’, dirigido por Leni Riefensthal en pleno auge del nazismo sobre los Juegos Olí­mpicos de Berlí­n de 1936 y de un fragmento filmado del Mundial de Fútbol celebrado en Argentina en plena dictadura militar pone de manifiesto, para la artista, “los modelos de propaganda fascista de ambos periodos y la similitud de sus estructuras formales y estéticas”.

Viendo la obra de Adriana Bustos se podrí­a hablar de un nuevo concepto de ‘arte aplicado’. Aquel en el que las cualidades técnicas y expresivas, la pulcritud formal y la exhaustividad documental están de forma evidente o más clara que en otros casos al servicio de una reflexión política sobre la sociedad en la que vivimos, de una visión crí­tica del mundo y de una manera creativa de preguntarnos sobre nuestro pasado, nuestro presente y nuestro.

 

Fotos:

  1. ‘Antropomorfia del sistema’, obra de Adriana Bustos en el Musac
  2. La artista argentina Adriana Bustos. (Cortesía de la artista)

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Otra oportunidad perdida

He soñado que vivía en un país cuyos poderes públicos creían en la cultura con mayúsculas. He soñado que se tomaban en serio su labor como garantes de que esa Cultura –la que crea espacios de reflexión y conocimiento, la que profundiza en los valores democráticos y abre vías para la expansión del espíritu– llegara a toda la ciudadanía con independencia de su situación socioeconómica. Pero me he despertado a la pesadilla del desmantelamiento del Museo Esteban Vicente, no por temido menos doloroso. El Museo permanecerá abierto, sí, gracias a las aportaciones de las instituciones, sí, –por cierto que una parte de esas aportaciones irá a parar irónicamente a costear los finiquitos de los despedidos– pero en unas condiciones sobre las que no podemos llamarnos a engaño. No se puede llevar a cabo un proyecto cultural de altura y ambicioso (ambicioso no en repercusión populista) con una plantilla diezmada, y lo que es peor, descabezada, sin dirección. La salida de Ana Martínez de Aguilar de la dirección del museo es otro episodio más en una tendencia generalizada que pasa por prescindir de los profesionales más cualificados, los que pueden aportar criterio y un trabajo especializado en los valores que se les confían (en este caso el legado de un artista con el que el nombre de Segovia y Castilla y León ha salido al exterior con el prestigio de su obra) pero que resultan incómodos cuando, en base a esos criterios, se niegan a injerencias que consideran ajenas al proyecto o que lo desfiguran en aras de una rentabilidad mal entendida. Los casos de Teresa Velázquez en el Patio Herreriano de Valladolid o, mucho más recientemente, el de Eva González Sancho y su fugaz paso por la dirección del Musac de León son emblemáticos en este sentido. Otras veces el prescindir de un profesional de prestigio al frente de un proyecto cultural es menos ruidoso pero esconde el mismo objetivo: ‘rentabilizar’ la inversión. Y eso suele significar abaratar el contenido, llenar aforos aunque sea a base de esos populismos de los que luego se quejan con la boca pequeña nuestros políticos. Estoy pensando en la salida de Calixto Bieito de la dirección del FÀCYL de Salamanca. El Festival sigue adelante sin él, por supuesto, y probablemente hace más ruido, pero nada tiene que ver hoy en día con el espíritu que alumbró esta propuesta, incluso antes de que Bieito llegara. Por cierto, la OSCyL sigue sin director artístico, es decir, sin rumbo, sin el profesional que ahorme esa personalidad y fomente su prestigio en el exterior.
Con el Esteban Vicente en horas mortecinas se pierde una gran oportunidad que no han sabido ver ni la Diputación Provincial de Segovia, ni el resto de las instituciones implicadas (Ayuntamiento de la ciudad, Junta, Ministerio…) Todas a una por encima de colores políticos y miras estrechas y cortoplacistas deberían haber luchado por el potencial de una institución que hubiera sido una gran embajadora de la cultura de Segovia y de Castilla y León, uniendo un nombre de primera fila en el arte contemporáneo –que ya exportó la luz de su origen desde su exilio en Nueva York– al peso cultural de su historia y su pasado. Pero para eso hubiera sido necesaria en nuestras instituciones mucha cultura y mucha cultura democrática. Aquí preferimos exportar pinchos y tapas. Es más cómodo y cada cual puede hacer la guerra por su cuenta.
El futuro del Museo Esteban Vicente abre muchas incógnitas. ¿Qué va a pasar cuando termine este año electoral? Y la más importante: ¿cómo se va a gestionar el legado del artista y qué papel va a jugar la fundación americana presente en el Patronato en esta labor? No olvidemos que si su voluntad se hubiera cumplido parte de ese legado ya estaría en venta y el consorcio público que gestiona el museo sería una entidad privada. Atrás queda la labor no solo de la actual directora, sino, justo es reconocerlo, la que hizo en su ausencia temporal el que fuera también subdirector de la institución, José María Parreño. Mirar atrás conduce a la melancolía, pero mirar hacia adelante produce vértigo.

(Publicado en mi columna ‘Días nublados’ el 12 de junio de 2015)

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André Kertész, fiel a sus emociones

La Sala San Benito de Valladolid acoge un recorrido por la obra del fotógrafo húngaro, pionero, autodidacta y radicalmente original

 

“He descubierto que para mí lasmejores fotografías son las que me dejan con más preguntas que respuestas». La frase es de André Kertész, uno de los fotógrafos más importantes que dio el siglo XX y un artista cuya intuición le hizo ser pionero en el nacimiento de la fotografía moderna. Aplicada la sentencia a su propia obra, podemos empezar a vislumbrar alguna de sus claves. Las fotografías de André Kertész no son solo aquello que el ojo atento, el ojo entrenado, puede ver.Van más allá, también plantean muchas preguntas en el espectador. Kertész protagoniza la primera exposición del año en la sala San Benito deValladolid. 

La muestra, titulada ‘André Kertész. El doble de una vida’ viene con el aval del prestigioso centro parisino Jeu de Paume y supone un completo recorrido por la obra del fotógrafo nacido en Budapest en 1894 y fallecido en Nueva York en 1985. La obra de este artista autodidacta que participó de la eclosión de losmovimientos de vanguardia del siglo XX, como el surrealismo o el constructivismo, no cabe sin embargo en los cánones de ninguno de ellos aunque pueda relacionarse con la mayoría.Mantuvo siempre su exquisita individualidad, su radical modo de mirar ligado a sus propias emociones, algo que jamás negó. Quizá la única manera de acercarse a su obra con afán de establecer etapas sea biográfica, atendiendo a los lugares a los que le llevó la vida. En este sentido la muestra que ofrece San Benito no puede ser más completa ya que abarca desde las primeras fotografías realizadas en su Hungría natal hasta imágenes tomadas en el mismo año de su muerte en Nueva York. Incluye, por ejemplo, ‘Joven adormecido’, fechada en Budapest en 1912, su primera fotografía conocida. Una imagen que ya apunta el estilo que será la firma Kertész en el futuro. Como las que hizo en el frente una vezmovilizado en las filas del Imperio Austro Húngaro durante la Primera Guerra Mundial. Son estas fotografías las que apuntan al fotógrafo que será, el que nunca pretendió documentar sino interpretar. Para él, la fotografía era eso: una manera de interpretar lo que sentía en un momento dado. «Mi fotografía es realmente un diario visual –dijo– es lo más parecido a un instrumento que sirve para expresar y describir mi vida, de la misma manera que los poetas o los escritores describen sus experiencias vitales. Es una manera de proyectarlas cosas que vivo».

Terminada la guerra, la vida le lleva a París. En 1925 se instala en Montparnasse y entra en los círculos de los principales artistas del momento como Mondrian (alguna de las famosas fotos que hizo en su estudio también están presentes en la muestra), Chagall, Foujita o Colette. Llegan sus primeras exposiciones y sus primeros éxitos. Publica junto a fotógrafos tan destacados como Germaine Krull, Man Ray, Frnçois Kollar o Brassaï (a quien Kertész había introducido en el mundo de la fotografía).

En París realiza alguna de sus obras maestras como la serie ‘Distorsiones’ en la que dos de sus modelos posan ante espejos deformantes cuyo reflejo fotografía, con un resultadoque le vale comparaciones con la obra de Picasso o Jean Arp. Quizá el germen de esta serie esté en ‘Nadador bajo el agua’, de 1917, que tambiénha viajado a Valladolid para la exposición.

Más difícil es su relación con los EstadosUnidos, adonde llega en 1936, cuando ya era un fotógrafo reconocido y un hombre pegado a una Leica (su relación comenzó en 1928 y también fue pionero en el uso de la mítica cámara). Kertész se instala en Nueva York con un contrato para la mayor agencia fotográfica del momento: Keystone. Pero la relación apenas dura un año. Sus fotografías se publican en las principales revistas y en 1945 elArt Institute of Chicago le dedica una exposición. Con todo, se considera incomprendido por lo que en 1962 pone fina su carrera profesional. Curiosamente, un año después y tras el hallazgo de sus negativos del periodo húngaro y francés que se consideraban perdidos y tras la presentación de su obra en la Biblioteca Nacional Francesa, comienza su reconocimiento internacional.

En 1964 su obra se expone en el MoMA de Nueva York y a partir de este momento se suceden los homenajes y las exposiciones de Tokio a Helsinki. En los cincuenta abandona progresivamente la calle para fotografiar desde la ventana de su apartamento con vistas a Washington Square. También empieza a fotografíar en color, aunque desde planteamientos formales muy sencillos. Y aún tuvo tiempo de familiarizarse con la Polaroid. Fue en 1977 y a raíz del vacío que le produjo la muerte de Elizabeth, su segunda esposa. El resultado fue un libro de homenaje a ella titulado ‘From my window’.

Hablaban demasiado

Sí. Sus obras también provocan más preguntas que respuestas. Puede que ahí residiera parte del desencuentro con algunas editoriales americanas en un momento en que el fotoperiodismo (aunque también se le cita como pionero del género, sus planteamientos eran diferentes) primaba por encima de otras vías. La editorial Life, por ejemplo, llegó a decir que sus fotos «hablaban demasiado».

Hablan sí. Sus ‘Distorsiones’, por ejemplo, nos hablan del artista que fue. De hecho, el resultado no tiene nada que ver con otros experimentos de espejos deformantes. Como toda obra de arte produce un suspenso temporal en el que mira. Kertész no abandonó jamás la profundidad e intensidad con que abordaba su trabajo, que acercaba los resultados más a la poesía que al reportaje. Si acaso, el género periodístico que más podría acercársele sería la crónica.

Su trabajo fue una crónica vital regida por la emoción. Y esta se caracteriza por la libertad. Unida a la calidad, rompe todas las barreras.

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Sobre el autor Angélica Tanarro
Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.