El Norte de Castilla
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De nuevo
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Xoel Prado - Antúnez | 13-11-2015 | 15:55| 0

Vamos a realizar una serie de entrevistas y de lecturas, siempre siguiendo el mismo esquema de cuestionaamiento, tanto del entrevistado como del entrevistador. Hemos decidido comenzar esta serie con Teo Palacios y su novela, El trono de barro, porque así me lo han pedido. Nos vemos la próxima semana y aguardamos que os encanten dichas entrevistas.

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Félix González Modroño, frente al cántabrico: viaje imaginario por la literarura de imaginación
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Xoel Prado - Antúnez | 02-03-2015 | 22:03| 0

Nos sentamos sobre un sofá Manoir para hablar distendidamente con Félix G. Modroño. Hablaremos de literatura, de su literatura, de esas novelas que le están cincelando una personalidad literaria innovadora, fresca, rigurosa.
Félix G. Modroño es un escritor vasco, pero de orígenes zamoranos, y recriado en Sevilla. De Bilbao a Sevilla, al revés de la canción de Fito.
El pueblo zamorano de sus padres, Villalpando, fue el promotor de su primer libro, fotográfico; y este libro, fue el modelo para el resto de sus novelas.
Desde las alturas del puente colgante, se puede ver la margen izquierda y la derecha. La de Félix es la izquierda, a nuestro frente Portugalete, allí, a la derecha, Santurtzi.

– De verdad, de la buena, ¿cómo le afectó el cielo vizcaíno, quizá tanto como al hidalgo de la mancha el otro vizcaíno, que le hizo ver que lo suyo eran los entuertos?
– Crecí en Bizkaia en tiempos convulsos. Fui un niño algo enfermizo y mis padres me traían lecturas. Supongo que la imaginación se forja durante la infancia a partir de lo que somos y lo que nos rodea.
Ese niño enfermizo sólo parece notarse en la mirada angelical que te traspasa con una infinidad de palabras con las que reconstruye la realidad en su imaginación enrqiueedora. Unas palabras que surgen de aquellos libros léídos en la enfermedad; y de su impulsiva imaginación actual, la que se forjó en aquellos tiempos convulsos.
Nacido en Portugalete en 1965.
– Disculpe que le comente mi experiencia, pero en Portugalete no se aprende a escribir. Normalmente a potear cuesta arriba, cuesta abajo y a mirar a una ría madre desde una barquilla que gravita, ¿o es que será esto escribir?
– Para escribir hay que vivir. Sobre todo, si se pretende transmitir. Yo empecé a crear historias mucho antes de ponerme a escribir. Uno elucubra con los deseos, con la imaginación… Es inevitable que la infancia y la adolescencia nos marque. Y la mía transcurrió en Portugalete.

Desde el puente de Portugalete, oteamos el horizonte, y nuestra mirada se dirige a Villalpando, lugar donde nacen los padres de Félix, feliz reencuentro con los ancestros. Precisamente, el primer libro de Felix es un libro fotográfico sobre este cruce de carreteras, hacia el noroeste, hacia el suroeste. Entre Galicia y camino de extremadura, hacia la Lusitania.
– Villalpando era siempre un lugar donde paraba el autobúsa Galicia, a Extremadura; pero al observar su libro de fotografías de Villalpando se diría que tiene usted buen ojo para lo inmarcesible, ¿Cómo ve usted la fotografía en sus novelas?
– Ese libro de fotografías de Villalpando está elaborado con más cariño que maestría. Por fortuna, ahora soy mejor fotógrafo que entonces. Elegir encuadres es como elegir escenas que contar. Procuro que mis narraciones sean visuales.

Y aquí, en estos lugare zamoranos, transidos de poemas de León Felipe, de Octavio Uña, transidos de luz y de viento, por los que Castilla paga precio aunque el poeta no lo quiera, surge literariamente el Doctor Zuñiga. Deaquí es llamado y elegido para su primera gran aventura de herreros y arrieros y sangre. La sangre de los crucificados, año 2007, “en una noche triste”…
– A ver, ¿por qué “la sangre de los crucificados”? ¿Por qué Fernando de Zuñiga? ¿Por qué su periplo? ¿No podía haber permitido a su “camarada de estudios” la quietud argumentativa de Baker Street?
-Me pareció interesante recrear una especie de “road movie” en el siglo XVII. La historia me pedía varios escenarios y el doctor Zúñiga, a pesar de sus años, se vio obligado a recorrer España a caballo. La inspiración me vino a través de El Cachorro, una preciosa leyenda sevillana. Y el personaje de don Fernando es uno de mis “alter ego”.

El siglo XVII, el renacimiento, la ciencia, pero también un siglo para el pirronismo desacerbado, la duda en cada deuda, el dado como contraindicación al método. Y la espada.
– ¿Buen siglo el siglo XVII para haber nacido? ¿O se percibe uno más arraigado en este a caballo de siglos tecnológicos?
-Pues ni uno ni otro. Después de escribir “La ciudad de los ojos grises” me enamoré de París en los tiempos de la Belle Époque.

Sin duda París también se otea desde el puente de Portugalete, es más, ahora mismo estamos sobre medio París, sobre una torre Eiffel tumbada amorosamente sobre el Nervión, que es medio Sena. No es de extrañar ese enamoramiento de París, ya que vale una misa, una fiesta, y puede ser siempre el comienzo de una gran amistad. Como esta nuestra. Sin embargo, su Zuñiga, el doctor, maestro en todo por renacentista, viaja de lar en lar, por esta España alejada de cogitos y sumnes, piel de toro, crueldad extrema.
– Hablando de moverse, Salamanca, Madrid, Sevilla, Bilbao, ¿ida y vuelta o en alguna de estas ciudades permanecerías por siempre jamás? ¿Dónde moriría Zuñiga si no fuese eterno?
-Félix Modroño se ve en un lugar frente al Cantábrico. Zúñiga morirá en otro lugar. Ya sé cómo ocurrirá. Me encantaría poder escribir esa historia dentro de 15 años.

Quince años, una adolescencia de espera, para saber del destino del doctor Zuñiga. Parece que en la mente de Félix ya tiene la suerte echada, el destino escrito, ¿podrá reescribirlo como su racionalidad le indica o debera conformarse con ser este Zuñiga sólo un aquetipo sentimental que requiere hermenéutica?
– ¿Con sus novelas pretendes apelar a la racionalidad civilizada o la sentimentalidad arquetípica?
– Somos híbridos entre instinto y cultura, entre biología y moral. Por eso mis personajes tienen tantos recovecos y matices.

De nuevo en Zamora, de nuevo con Zuñiga, que recibe una carta, una carta de venganza. Y sale rápido para cobrarla, hacia Balmaseda, hacia Bilbao dirección Norte, de vuelta a la leyendas matriarcales, al enamoramiento con las sorguiñes.
– Sabido era que la muerte tenía un precio, pero que fuese dulce, ¿por qué?
-En el mus, “Muerte dulce” significa que se gana con la puntuación justa, casi sin querer. Me pareció un buen juego de palabras.
– Mus, Bizkaia y la muerte, ¿será por esta unidad de imposibles que este juego de cartas tiene tanta aceptación en el mundo?
-Tiene aceptación porque nació como compendio de los juegos anteriores. Pero su grandeza reside en que no siempre gana quien mejor cartas tiene. Es a la vez un juego de mentiras y un juego de honor. Nos sentimos atraídos por las incongruencias.

El honor y la muerte, la incongruencia, la mentira y la familia. Parece la definición de lapróxima novela de Felix, la que transcurre de Portugalete a Bilbao, esa orilla de sardineras. La ciudad de los ojos grises, que ya no es tan gris en su cielo, quizá por ese Guggenheim dispuesto a tarer el calor de la pintura. Pero esta novela es la incongruencia entre hermanos, la familia y su mentira. Una novela impresionante, que deja alado al lector para asumir eel honor, y la muerte, entre platos de bacalo a la vizcaina y la bizkaina.
– La ciudad de los ojos grises. Bilbao es la protagonista de tu penúltima novela, y, a la vez, en ella transcurre una historia de amor y venganza, ¿estarías de acuerdo con tal aseveración?
– Mi pretensión era homenajear a Bilbao. Por eso quise construir una novela que la evocara. Efectivamente, es una historia de amor a una mujer… y a una ciudad.
– Y la ría que lo vigila todo, desde los primeros besos, hasta el bacalao a la vizcaína o la vizcaína, gran dificultad entraña integrar tantos acontecimientos y que salga perfecta la historia, la novela. Hasta la portada. ¿Desde la añoranza se escribe mejor?
– Escribí esa historia durante la enfermedad de mi madre. Ese halo nostálgico tiene que ver con mi momento emocional y, por supuesto, con haberla escrito a cientos de kilómetros de mi tierra natal.

Y hoy miramos desde Bilbao a Sevilla, del arenal al arenal, desde las siete calles a la calle Sierpes, desde el botxo al botxo, el bar que regentaba un par de bilbaínos frente al Sánchez Pizjuán. Y vemos a Felix feliz, exultante, con el premio ciudad de Sevilla recién estrenado y más, por esa nueva novela que es el objeto del premio, Secretos del arenal.
– Y ahora, un premio para su escritura y sus mujeres, tan iguales, tan distintas, o viceversa.
– Las protagonistas de “Secretos del Arenal” tienen mucho en común, aunque sus infancias fueran bien distintas. Me gusta que mis personajes evolucionen a lo largo de la historia. Quizás no todo el mundo actuaría igual que ellas, pero seguro que son comprendidas.

– Desde Sevilla a Bilbao o viceversa, para redescubrir, el amor, la muerte, la venganza, ¿no hay felicidad posible salvo en la palabra fin?
– La felicidad no existe como tal. Siempre habrá algo que nos impida ser plenamente felices. A lo máximo que podemos aspirar es a acumular pequeños momentos de bienestar… cuantos más, mejor.

No nos podemos despedir de Félix sin peguntar por Zuñiga, ese extraño ser en aquella España del siglo XVII, el zamorano adelantado a su tiempo.
– ¿En qué historias anda enfrascado ahora, con qué acero se debate su pluma, o pretende descansar como Zuñiga? ¿No es hora de resucitarle?
– Recojo el guante. Estoy preparando la tercera entrega de Zúñiga. Y sigue viajando, incluso ahora más lejos. Esta vez nos iremos a Venecia.

Un viaje más para este arriero a medio camino entre Descartes y un capitán de la Guardia Real.

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Secretos del arenal de Félix G. Modroño
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Xoel Prado - Antúnez | 10-02-2015 | 18:04| 0

Vamos a hablar de la novela “Secretos del Arenal”, la última obra publicada por Félix G. Modroño. Publicada por la editorial Algaida, en Sevilla, en el mes de octubre del 2014. Una historia que se desarrolla a la manera de una novela negra, en sus trescientas ochenta y una páginas. La novela se publica tras recibir el premio Ateneo de Sevilla de novela, en su XLVI edición. 

A Félix G. Modroño se le conoce de sobra. Autor de novela de carácter negro desde siempre, con su famoso Zuñiga, y las novelas La sangre de los crucificados y Muerte dulce, o la más encomiable de las novelas leídas en 2012, La ciudad de los ojos grises.

La novela que nos ocupa ahora es sencillamente caleidoscópica. Una novela que, como se advierte en la misma portada, va a portarnos al destino entrelazado de dos mujeres, en dos ciudades y dos épocas diferentes.

Las dos ciudades son Bilbao y Sevilla, como la canción de Fito. Las dos mujeres son las protagonistas indiscutibles del relato, Silvia y Olalla; y las dos épocas diferentes, una la actualidad de la conciencia presente, y la otra, la rememoración del pasado histórico, esa guerra civil cruenta y deleznable.

Dos historias, dos mujeres, dos ciudades, dos épocas distintas. Dos, dos, dos, y creo que todo el mundo va a caer en la tentación de leer el libro como si realmente se tratara en el mismo dos historias independientes que se van entrecruzando para sorprendernos con un final inesperado. Por supuesto, un final donde ambas historias se entrecortan. No está mal esta lectura – una lectura diacrónica de sucesos semejantes que les ocurren a personas semejantes en épocas tumultuosas. Sí, porque el presente que vive Silvia es tan tumultuoso con el que se revive en la historia de Olalla. Así, Silvia nos estaría contando su historia en primera persona a la vez que nos obliga a revivir, como si fuésemos propiamente “su” Mateo, una historia impropia, pero carnal, en tercera persona.

Pero intuimos una lectura sincrónica en la novela. Esta lectura sincrónica nos obliga de repente a planearnos la existencia de una sola mujer, Silvia, que a la par que se va confesando en primera persona en conciencia (moral, psicológica y personal), nos va abriendo su inconsciencia individual y colectiva, para que comprendamos su dolor y más, sus momentos de satisfacción. Porque como confiesa el autor en una entrevista, no existe la felicidad así, grosso modo, sino cachitos de bienestar por los que vamos luchando. Precisamente, Silvia quiere justificarnos esos momentos variados y singulares de su bienestar en la casa de la playa o junto a Mateo, a pesar de que su momento de tumultuosa realidad es la muerte de su hermana. Y no tiene mejor manera de mostrarlo que abriéndonos su inconsciente colectivo, donde mora esa mujer Olalla, que, de igual manera, luchó por esos momentos de bienestar entre tanto tumulto de sangre. 

Las dos lecturas son factibles y dejan una sensación de bienestar al llegar a la última línea, como si la propia novela nos permitiese a nosotros apropiarnos de ese momento de bienestar de ambas/única protagonista.

La historia está construida sobre un lenguaje que circula con la probidad del escultor, que sabe precisar la palabra adecuada, sin más aditamentos. Una palabra labrada, que va construyendo la historia concreta, con la adecuada especificidad. Pero no es nuevo, ya lo encontrábamos en la novelística anterior del autor. Y este lenguaje eleva la historia a nivel de lo colectivo, de tal manera que parece singularizarse la historia en uno mismo. El lenguaje que el autor emplea nos obliga, en conjunción con la misma historia, a asumirla como propia, como si nosotros fuésemos el sujeto consciente por encima de Silvia y la propia Olalla.

Una novela cuya belleza se concentra precisamente en ese juego de asumir lo colectivo como propio, la historia no sólo como algo de los otros y que se relata, sino, como algo propio, carnal y despiadado.

Pero, que deja un poso de bienestar…

 

 

 

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Uma Humana
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Xoel Prado - Antúnez | 10-02-2015 | 11:31| 0

Uma  Thurman se ha cansado de sí misma. Se ha mirado al espejo y ha pensado que ya estaba bien de un mundo tan aristotélico, tan esencialmente idéntico a sí mismo, que le resultaba aburrido.

Y como en una de sus películas guionizada por Tarantino, decidió modificarse en su integridad esencial.

Como en la película “Arsénico por compasión”, donde el hermano malo quedaba irreconocible gracias a las alcohóliccas manos del doctor Plastilina, así le ha sucedido a Uma. Cuando se ha quitado la venda ya no era ella misma, era la otra. No, no es una película de terror, es la vida real. No es “Arsénico por compasión”, es que Unma se ha allegado a la inmortalidad al adquirir otra mirada.

Y eso es lo peor. No es que se haya modificado la realidad de su belleza, es que ha modificado la belleza de su mirada.

Es normal que uno se canse de sí mismo cuando está expuesto a tantas miradas y quizá sea hasta muy lógico que uno precise desaparecer bajo otra faz diferenciada, y a la que nadie, a partir de ese instante, preste atención. Pero lo que no se puede aguantar es que una de las miradas más límpias, cristalias y sonrientes del panorama cinematográfico, desaparezca sin más – y que ni siquiera retenga un recuerdo de la misma el paseo de la fama.

Nos recuerda a Sinatra y sus conciertos. El siempre pretendía acabarlos y así lo conseguía, con la excelsa canción “Lo mejor está aún por llegar”, muy a pesar del público asistente que, esforzados y repetitivos, exigían esa idiota canción que es My Way. Una canción que a Sinatra y a mí, nos envuelve en la melancolía,  y que es como un anuncio estereofónico de las ganas de morir. My way es una de esas canciones con las que uno puede anunicar su desaparición del mundo, una canción de despedida. No en balde la cantó y despareció para siempre Sid Vicious.

Uma humana, ha decidido cambiar de imagen,  y su faz, porque la que aomaba en el espejo era tan idéntico a sí misma que era como un anuncio de la muerte. Unma humana, ha decidido darse otra imagen distinta para vivir una segunda vida, como una segunda juventud, y así denunciar a la muerte y dejarla muda al mudarse el rostro. No contó sin duda, con perderla belleza de su mirada y que nunca más pueda ser Uma Thurman.

Uma ha dejado de ser Narciso para convertirse en su viceversa, es decir, Baby Jane.

 

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Ciudadanos optimistas
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Xoel Prado - Antúnez | 05-02-2015 | 12:54| 0

La verdad es que nadie lo entiende.

Tras tanto CIS, el centro derecha sigue aglutinándose mayoritariamente en el PP y deja de lado los partidos surgidos en los últimos tiempos,  UPyD, y, especialmente, Ciudadanos. Este último surgido con un afán de aglutinar a la gente concreta en un discurso cercano a la mesotes aristotélica,  la mediedad, al justo medio.

El centro de sentido común, pudieramos expresarlo. Así se ha manifestado Rivera en muchas ocasiones y en toda entrevista que le han realizado. No ha sido especialmente ácido con el PP ni con UPyD, la otra manera de centrar el pensamiento conservador pero más vehemente – siempe conciliador si cabe, muy conciliador, en exceso.

A pesar de todo el CIS lo enmarca ahí, donde siempre, en su límite del cinco por ciento de los votos. No despega a ningún lugar y contrasta con el avance imparable desde la izquierda de Podemos, que ha sido surgir y alzarse con el liderazgo de los aprtidos de izquierda, hasta el punto de provocar hasta un cisma en Izquierda Unida.

Pero por la derecha no sucede tal, y todos los votantes se emplazan al PP sin cuestioarse nada. Y más cuando hemos asistido en estas fechas de su gobierno a las peores decisiones que pudiera toamr un presidente, siendo la última la entrada en vigor de la LOMCE, una ley tan muerta, que ni siquiera la desean aquellos con los que se dialogó – mirad la enconada barricada levantada por los rectores de la Universidad. Por no habalr de las decisiones económicas en casa, que provocan la desesperación de las personas. Debiera darse un avance de esos partidos surgidos en los últimos tiempo, y, especialmente, de Ciudadanos, que venía con fuerza para fomentar una forma de hacer cercana al sentido común.

La pregunta es clara, ¿qué le impide despegar? La primera razón que se me ocurre es que su discurso se dirige a la parte consciente de la gente, aquella parte que todos conocmos de nostros mismos y que presentamos a los demás, a veces de una manera formal, otras de una manera enmascarada.

Y lo cierto es que las personas no tomamos las decisiones en esa parte consciente, ni siquiera en la parte subconsciente, lugar del recuerdo, de la memoria, d elo acontecido. Donde el ser humano toma las decisiones es siempre a nivel inconsciente, allí donde nos sentimos, como diría Platón, en urdidumbre, tan unidos que es imposible que nadie nos separe. Y si quieres presentar una nueva opcion política y que esta ascienda más allá de esa limitante frontera del cinco por ciento, has de darle el envoltorio adecuado a la misma. Un envoltorio que es el contenido del inconsciente no sólo individual sino tambien el colectivo.

Por eso, lo primero es presentar a Ciudadanos como el partido triunfador por encima del PP, por encima de UPyD, no sólo en el lenguaje y como posibilidad, sino en la mirada de los que se presentan y como realidad indiscutible. Presentarse por encima de los logros que van a obtener los demás, porque, precismente, lo que presentamos como solución, el sentido común, nos eleva por encima del resto. Presentar a Ciudadanos de esta manera, conseguiría que el votante de los otros dos partidos iniciara el mismo el travase a esa más que posibilidad de ganar a lo conservador envejacido.

Por supuesto, hay que presentarse con sesgo optimista, el futuro es bueno, porque nuestros votantes son buenos; el futuro no deparará apocalipsis, porque nuestros votantes ya han visto lo que hay tars el apocalipsis y es una nueva forma de vivir, distinta, novedosa. Este optimismo no debe abandonar a Ciudadanos en su trayectoria, porque de esta manera conseguirá, que el votante empiecea cuestionarse la elección que había hecho y se plantea justificaciones para la nueva opcion y cambiarse, sólo sea or ese optimismo.

Porque hoy en día la gente más que necesitar ganadores, triunfadores, ejecutivos de postín, sólo precisan una palabra amable que les hable de un futuro saludable, postivo, pleno.

Si Ciudadanos quiere romper esa barrera limitante del cinco por ciento, ha de recoger este discurso optimista y trasladarlo a la gente.

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Amigo mío
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Xoel Prado - Antúnez | 03-02-2015 | 12:08| 0
Decía Aristóteles que se pueden poseer todos los bienes del mundo, contabilizar todo el dinero del mundo, que no sería suficiente para animar a vivir. Lo que nos anima a vivir, sin necesidad de poseer bienes ni contabilizar dinero, es la amistad. Puede ser esta la razón de que Aristóteles se suicidase una tarde en Calcis, tras moler el bulbo de la planta matalobos, que crece en las riberas de los ríos, a gran altitud.
Es curioso, había huido de una muerte segura a manos de los antimacedónicos, que le hubiera reportado un lugar entre los laureados de la historia, pero prefirió huir a la isla que vio nacer a su madre y morir lejos de los amigos. Sin amistad no hay vida, le entendemos, ¿verdad? E incluso nos advierte de que es imposible que exista una ciudad (un estado) sin la amistad – que es probablemente lo que falte en España, la amistad (sin imposición), para poder vernos sin aplicarnos la ley fugas.
¿Qué es la amistad? Alfonso X el sabio, más sabio por viejo que por monarca, que es la vejez lo que establece la amistad. Por eso en España dejamos envejecer, fundamentalmente, los licores, pero nunca los amigos, porque somos eidéticamente borrachos, pero no eidéticamente amigos. Si siguiésemos la tónica de vejez de Alfonso X, llegaríamos a ese concepto aristotélico también de la fatría (la hermandad), que es la estación final de la amistad.
Por cierto, que es el gran acierto de Ortíz – Osés, propugnar esa fatría universitaria, de amantes del cine de Bogart, de nuestra calle, familiar, porque nos obliga a mirar a lo nuestro, a lo que no se debe olvidar ni culturalmente ni antropológicamente – como por ejemplo las múltiples fiestas dedicadas a las Vírgenes que pueblan la península, y que van más allá de lo meramente religioso. En un baño olvidado en su higiene de una estación de tren abandonada en mitad de una meseta sin población, encontré un anónimo que decía “quédate”, la palabra más bonita en el vocabulario de un amigo, terminaba.
Sin embargo, en la meseta no se queda nadie; por eso es el auténtico lugar para tener muchos amigos, que es como no tener ninguno. En esto se empeña hasta Francis Bacon, pues cataloga de desierto al hombre sin amigos. Tampoco debemos caminar al lado del amigo fiel, pues caminos solos, como advierte Bartrina. Lo que me obliga a pensar sino sería Sancho un imaginario de Quijote, al igual que lo es Watson de Sherlock – a este lo podemos ver imaginando cosas víctima de la cocaína, ¿sería también Don Quijote víctima del bálsamo de Fierabras, inútil camello?
Boccacio había leído sin duda a Aristóteles en esa línea de crear desde la amistad la fatría, cuando explica que los lazos de la amistad son más de urdimbre que los de la sangre y la familia (la fatría está más allá de la mafia, porque no exige sacrificio como está) Desde luego, si buscamos la ciencia, no hay mejor lugar que la fatría, pues la ciencia no tiene mejor lugar ni otro del que brotar que de la amistad, y, además, ¡coño!, nos hace libres. Así que si hacemos caso a Aristóteles, Boccacio, Camús y a Ortíz – Osés, la fatría es el lugar donde el hombre adquiere los lazos más fuertes de amistad, de los que hace brotar la ciencia y la libertad, y, por ende, la justicia, pues la amistad sólo pide lo honesto, que es lo nuestro (como explicó Cicerón)
Tengo que admitir que esto de la fatría me gusta, porque los que te acompañan no son como las sombras de Dossi, tan falsas, y es como lo que pedía Duhamel, que si deseamos la amistad en cualquier lugar, debemos llevarla con nosotros mismos, como  dulzura y poesía.
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En la televisión
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Xoel Prado - Antúnez | 02-02-2015 | 11:09| 0

La televisión que se realiza en la actualidad es de índole visionario – en el doble sentido de la palabra. Visionario quiere traducir a vouyaer, el que mira, pero también a la manera de realizarla los profesionales de la misma, que tratan de dar una visión del mundo futuro, a medio camino entre lo apocalíptico y lo meramente violento. No se trata ya de realizar ninguna actividad poterior a la visión de la televisión. Se trata de mirarla por mirarla y satisfacer el “mono” de ver. No nos debera extrañar nada si alguien nos informase que hoy la televisión excita los mismos lugares neuronales que la cocaína, el alcohol o el LSD. Incluso, más bien, los lugares de este otro, pues el caracter de la televisión y que quiere implementar en quien la ve es lo alucinatorio. 

Antiguamente, la televisión nació como espectáculo alucinante. Se le comunica a la gente todo lo que se podía hacer con aquellas antiguas cámaras de 1950 y los estudios desde los que se emitía. Se le informaba a la gente de lo que ocurría en la otra parte del globo terráqueo y a media calle de sí mismo. Una televisión espectáculo, que era capaz d trasmitir la informacións casi según se producía, al momento. Valga como ejemplo de esta televisión, la emisión mundial del alunizaje en el satélite de una sola cara. A todo el mundo se le quedo la mirada ojiplática, sintiendo que asistían a un acontecimiento Mundial, de esos irrepetibles. El mundo entero pendiente de una pantalla televisiva, que es donde se encontraba la noticia que impresiona. Alucinante.

Enseguida, la televisión vio un territorio virgen, el cultural. Podía transmitir a las personas todo lo que deseara y lo que ellos quisieran. Y la televisión de los setenta y ochenta se tornó educativa. Una televisión que pretendía acercar al público que se sentaba fente a ella en el sillón, los grandes acontecimientos culturales que se estaban produciendo y las pequeñas opiniones de los intelectuales, esos mismos que se esforzaban por llegar al mayor número de personas a través del rotativo diario, de su columna de opinión. Un salto inmenso, tan grande como el que diera Amstrong y al propia televisión en la década anterior. El ejemplo básico fue la llegada del documental, coon ejemplos variopintos, pero el más importante, El hombre y La tierra. Y en cuanto al intelectual que adquiere relevancia, La Clave, de Balbín.

De repente, la televisión varió hacia un aspecto lúdico y ludopático. El juego. Un terreno abonado para aboanr cantidades ingentes de dinero a quien llegara a la final, compitiendo contra otros. El caso es que se pretendía hacer ver que todos ellos eran televidentes evidentes, que habían sido elegidos porque ellos mismos se habían presentado a la selección. Y a la vez una televisión grandilocuente en sus programas de entretimiento. Entretener, parecía ser la consigna en los noventa y en el inicio del milenio.

El rumbo ha variado hace poco. La televisión ya no emite ni información nicultura ni ludopatía ni grandilocuente entretenimeinto. Emite imágenes de mil maneras distintas aunque siempre la misma – porque todo se repite como la morcilla del pueblo de  A.González . Una imagen que es para calmar la mente del que precisa su “chute” diario de imágenes. Las que sean, pero rápido. Hasta la nostálgia por lo anterior comparece como imagen calmativa, hoy.

La televisión no nos sorprende ni nos educa ni nos divierte, sólo nos seda con imágenes como agujas hipodérmicas saciantes.

 

 

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Leyendas de María de Apuleyo Soto
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Xoel Prado - Antúnez | 27-01-2015 | 08:11| 0

Soto Apuleyo, Leyendas de María, 2014, Vitruvio, Madrid (ilustraciones de Diego Coca)

La voz clara y teatral, recitativa y cantarina, de Apuleyo Soto, festiva como sólo la licencia poética permite, se reviste de la misma y nos guía por los pensamientos y la vida de María, pero a la búsqueda, a su vez, de Jesús. Unos episodios, por cierto, que no se hallan en nigún lugar, pues los Apósteles se hicieron de Cristo, sin atender a lo que crecería la figura de la Madre a lo largo del tiempo. Apuleyo se nos hace apóstol poético de la madre, y va pintando con versos claros y diáfanos, tan claros como el agua de los ríos que el discurre, a la primera discípula Real de ese Jesús de carne y espíritu.
Es cierto, mayor seguidora nunca, pues ella misma lo llevo en su seno y le dió umbilicalidad, la misma que el Jesús espíritu, paloma santa, se encaragrá de prestar a los hombres venideros que atiendan a su palabra, por encima de la muerte. Porque esa umbilicalidad no se pierde tras la muerte de Jesús – persiste hoy en nosotros. Y la María es la umbilicalidad de la umbicalidad, pura transcendencia, ¿cómo no sentirnos en ella tanto como en el hijo, si compratimos la esperanza del hijo de vuelta a la vida, de que no hay sepulcro que no sepulte?
Más alla del deseo deseante de otros poetas está esta umbilicalidad umbilical, que pone en nuestras manos las manos de Ella. 
Bonita lectura, que, además, nos traslada, al seno mismo de la madre.
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Bilbao por Ana Isabel Prado Antúnez
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Xoel Prado - Antúnez | 25-01-2015 | 20:03| 0

 

Ana Isabel Prado Antúnez, Roberto Palacios, Bilbao, monografía histórico – artísitca, 2014, Diputación Foral de Bizkaia, Blbao

Publica Ana Isabel Prado Antúnez, su necesaria monografía sobre Bilbao. Una monografía que publica la Diputación Foral de Bizkaia,dentro de su excelente colección sobre los pueblos de Bizkaia y que debiera ser imitada por otras diputaciones.   Uno ha asistido al nacimiento y desarrollo de la misma y sabe del trabajo ingente que lleva encima. No sólo con respecto al hecho de la lectura bibliográfica, inmensa labor y leída al completo por la autora, sino las entrevitas que ha realziado a diversas personalidades, las horas largas que han sucedido encerrada en archivos, los recorridos por otras bibliotecas a la búsqueda de la información pertinente. Todo un trabajo que se refleja ahora, en esta monografía que ha escrito y que incluye la historiografía de la Villa desde 1630 hata nuestros días, casi cuatrocientos años de historiografía. El Bilbaopreilustrado, el ilustrado, el romántico y el contemporáneo. El crecimiento de la Villa en población, comercio, actividades culturales; en nobleza, cortesia y amabilidad. Precisamente, una de las partes más importantes que se desprende de la monografía es el hecho del surgimiento de esta liberalidad, que es santo y seña de la ciudad; y de sus gentes, tan bien representada en la figura de su último y grandísimo Alcalde, Iñaki Azkuna. Una liberalidad que es magnanimidad.   Pero no sólo encontraréis ese Bilbao que crece económicamente con fundamento en su burguesía sino también el Bilbao de ensanches en el arte, que se crece en las obras de arte y en la exposición del mismo. Primero, en el museo de Bellas Artes de Bilbao; segundo, en ese Gugenheim, que ha sido el último gran ensanche remodelativo de esta Villa de liberalidad donde es gustoso  vivir.   Sólo queremos llamar la atención sobre un detalle. Roberto Palacios realiza una cuarta parte de la obra y se le ha puesto por delante de Ana Isabel, y no sabemos porqué. Si la obra se edita en dos volúmenes, ¿por qué no se ha dejado el primero para la parte realizada por el primer autor y la segunda para Ana Isabel Prado?  Así, de la manera en que se ha editado, se crea un agravio comparativo, porque quien más ha hecho por la obra, queda relegada a la segunda posición, como si se tratase del quien coadyuva.   Quede aquí el reconocimiento de esta obra, que sera fundamental en años venideros para saber todo sobre Bilbao, y para que otros, puedan entresacar de sus páginas nuevas temáticas para investigar. Una obra rica, grande, fundamental.

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La navaja inglesa de José de Cora
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Xoel Prado - Antúnez | 30-12-2014 | 11:04| 0

Un ánima y su memoria dentro de una novela con animus, eso es lo que espera al lector al final de la lectura de “La navaja inglesa”, de José de Cora. Novela publicada por Tropo Editores en Madrid, en este mismo año, 2014; y que consta de quinientas veintiséis páginas.

El ánima femenina que sustenta el entramado cultural de la novela y que se materializa en el animus del varón Barón con una navaja inglesa Huntsman en las manos para despertar divinidades femeninas arcaicas. España nunca ha sido un País, como mucho un conglomerado de tribus endogámicas de culto a la Gran Madre. Aunque sea culto semejante, sucede con divergencias importantes y similitudes evidentes.

En primer lugar, la estructura psicológica que es de carácter mítico. Todo lo que es viene envuelto en un ropaje mítico, de realidad ocurrida en otrora, pero en el espacio vivido por los interlocutores. Ese otrora es un tiempo regido por esa divinidad. En la novela de José de Cora, nos enteramos de esos ropajes míticos desde el inicio mismo y más, cuando se encarga unos pliegos de información sobre el culto a la Gran Madre Cibeles a quien no es lego en los asuntos. Quizá, tal aspecto de recopilación informativa sobre la Diosa, sea una de las más acertadas muestras de divulgación sobre esa religiosidad primaria matriarcal.

La estructura psicosocial de la novela es reveladora: el elemento masculino de la misma sólo oficia como elemento subsidiario, en cuanto portador de fecundidad. No en balde en la primitiva Grecia, en Creta, el rey era consorte en el año, y, a su terminación, era degollado para recoger su sangre fecundativa. La novela nos traslada ese mismo mensaje pero, aquí, en el matriarcalismo Castellano, para diferenciarlo del Vasco o el Gallego, por ejemplo, el oficiante es masculino. Es el Barón con manos Hunstman. Y precisamente ahí evidenciamos otro de los elementos diferenciadores de este matriarcalismo ligado a Cibeles: precisa de excesivos sacrificios. Y es así, porque no hay una búsqueda del sentido de la realidad, sino de la identificación de ese destino con un principio individual masculino. El Barón. Efectivamente, el matriarcalismo castellano acaba por hacer desaparecer a la madre divina por favorecer el sacrificio que proporciona el futuro como consuelo a cada individuo particular – no así el matriarcalismo vasco o gallego, verdaderamente centrado en la divinidad. En este matriarcalismo se descubre incluso una lucha individual para ver quien fue el primero en sacrificarse en honor de la diosa madre Cibeles.

Para relatarnos todo esto y más, el lenguaje es un flujo continuo que intenta atrapar el decurso del pensamiento en la vida misma. Un decurso que se va proponiendo como las capas de una cebolla, que nos va descubriendo la realidad ctónica que se oculta bajo la realidad racional en la que vivimos siempre. Y si todo comienza como una racional clase de arquitectura, ésta nos va desvelando, lo que se oculta bajo la misma, unos seculares asesinato rituales, que alguien va a intentar explicar racionalmente, y se verá, así y ahí, involucrados en los mismos.

No os equivoquéis, pues cuando más involucrados os halléis y os sintáis bien en la lectura de la novela, veréis que ésta trata de sexo. La sexualidad, pero no de cualquier manera. Os voy a revelar algo, la sexualidad e prolija en la novela, que lo es, pero no por encima de la historia que se narra, sino como si se despendiese de la misma. Quizá de donde realmente se desprende es de la mismísima diosa madre, Cibeles, como si se tratase de un contagio (pero no de un castigo) Una sexualidad que emana de la diosa Cibeles y que se  irradia como efluvios que se esparcieran por el aire y se difundieran de cuerpo a cuerpo, dilatándolo y generando en el mismo la necesidad perentoria de transcenderse a los otros de manera transcendental, así nos difundiéramos en una comunión divulgativa. Sexo como pura propaganda de la Diosa Cibeles y con el mismo ella se expande tanto como con los ritos sacrales que se ofician en su nombre o con el mero culto, oculto.

Se trata de una sexualidad difusa, que se produce por cruzada y así se extiende y esparce, como la entrega de los fieles. No se pueden detener estos personajes en su comunicabilidad, porque sus vidas consisten en divulgar como en comulgar, se difunden en los otros e irradian a la diosa extensa en su propagación. Una sexualidad difusa que se muestra como un contagio divulgativo. Lo que se divulga no pasa sólo de boca a boca sino de piel a piel y más allá de la piel. Rebasa a la mismísima carne, noblemente sádica, y así se transforma en sexualidad circulante y comunicativa.

Tener sexo para tener eco, en eso se traduce esta sexualidad difusa y propagandística. Siempre, eso sí, al amparo secretista de la Dios Madre Cibeles.

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.