<<Cuando bajé, Gillian no se había movido de su sitio. Ni un palmo. Tenía un aire infeliz, a decir verdad, y tuve miedo de que también ella estuviese contrayendo una depresión. No sé si es una pauta conocida. Sé que les ocurre a los alcohólicos: una persona se alcoholiza y después su compañero o compañera,
ENFASEREM
bloc digital de Eduardo Roldán – actualidad, libros, cine y otros placeres y días
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Amor, etcétera (y IV)
Amor, etcétera (III)
<<¿Conoces ese juego llamado Qué prefieres? (…) ¿Prefieres que tu depresión sea endógena o reactiva? ¿Preferirías que tu sensibilidad paralizadora y zafia al dolor y la pesadumbre de la existencia fuese culpa de tu herencia genética, de todos esos antepasados abatidos y cascarrabias que ves alineados en el rétroviseur, o que la provocase el propio
Amor, etcétera (II)
<<… al menos yo sé lo que estoy haciendo. A fin de cuentas, así vive una al cabo de un tiempo, ¿no? ¿No vive así todo el mundo? Eludiendo algunas cosas, pasando por alto otras, evitando ciertos temas. Es algo normal, adulto, la única forma de vivir si estás ocupada, si tienes un empleo y
Amor, etcétera (I)
<<¿Por qué los esnobs de la cultura desprecian siempre las cosas que ignoran por completo?>> <<Estar enamorado propicia que te enamores. ¿No es una terrible paradoja? ¿No es una verdad terrible?>> <<Entretanto, entretanto, el único entretanto de Greenwich… El ínterin. El tiempo es ruin, es cierto. Una criadita marrullera, el tiempo. Arrastra los pies y
El Booker: ¡Bingo!
Aunque nada tenga la literatura de olimpiada de premios, pese a lo mucho que en ello se empeñen agentes literarios y editores, y pese a que aquellos son por naturaleza injustos, siempre alegra conocer el reconocimiento recibido por el padre de uno, siquiera un padre literario y adoptado con el que nunca se ha cruzado

