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deporte

Damas veladas
Eduardo Roldán 14-10-2016 | 4:14 | 0

Con su habitual didactismo erudito, a la vez ecuánime y crítico, Leontxo García contaba en reciente artículo la situación en que se hallan las damas del ajedrez ante la celebración próxima del Mundial en Teherán. La obligación de envolverse la cabeza con el hiyab ha llevado a la campeona de EEUU Nazi Paikidze ha anunciar que deja su silla vacante, sin apenas respaldo del resto de la élite internacional. Dejando al margen las razones de la elección de tan controvertida sede —Teherán debe de haber supuesto una gran ganga, como cantaban McNamara y Almodóvar, para alguno de los gerifaltes de la FIDE, acaso para su abducido presidente Iliumyínov—, uno no alcanza a comprender el rechazo de la denuncia/renuncia de la jugadora americana por las otras damas, se hayan o no pronunciado —en este caso quien calla sí otorga—.

Aducir que acudir a Irán contribuye a la liberalización de la mujer en el país, a darle la <<visibilidad>> que por norma se le niega, es un enfoque donde se confunde la realidad con el deseo, como en la poética de Cernuda. Lo que de verdad generaría eco mediático y al menos contribuiría al debate, aparte de poner a la FIDE en jaque, sería que las demás damas —cuantas más, mejor— respaldasen a la americana y no asistieran. <<Yo lo que quiero es jugar>>, se han justificado algunas. Como si Paikidze no quisiera: justamente ahí está el nudo del conflicto decisorio, y el valor moral de su elección. ¿O es que alguien cree que es fácil renunciar a lo que uno mejor sabe hacer, a lo que más le completa —en definitiva: a lo que uno es—? El hiyab es un símbolo que admite varias lecturas, pero ninguna que no conlleve la idea de sumisión; y un símbolo que es más que un símbolo: con un peso jurídico aplastante y aterrador.

Démosle la vuelta: ¿qué ocurriría si el Mundial se celebrase en París y se prohibiese a las jugadoras iraníes que lo quisieran a llevar el velo porque como símbolo atenta contra los principios básicos de la República?

(El Norte de Castilla, 13/10/2016)

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DEPOrte
Eduardo Roldán 23-06-2016 | 7:18 | 0

¿Llegará un momento en que hablemos de dEPOrte? Según la antorcha se aproxima a Río, las redadas policiales intensifican la labor de husmeo y detección y detención, o, si no la labor, el porcentaje de presas obtenidas. A la luz de la difusión mediática da la sensación de que los atletas comienzan a doparse como última etapa de su entrenamiento programado; o, quizá ante los nervios del estreno, por un impulso súbito, igual que el estudiante que le echa codos cada día pero que decide hacer chuletas en la víspera, no sea que los nervios lo traicionen. ¿Es el deporte profesional esa cosa noble, helénica, esa escuela moral que los discursos alaban y la competición el virus, el agente perverso que intoxica la nobleza? Así lo transmiten también las crónicas/EPO: una narrativa donde el atleta es presentado casi siempre como la primera víctima de un complot que lo excede, el abnegado espartano que toma sin preguntar lo que le ponen delante porque esa es su obligación, y en quién si no en su entrenador va a confiar. Por ello las memorias del ciclista italiano Danilo di Luca resultan tan refrescantes: << No me arrepiento de nada. He hecho lo que tenía que hacer para llegar el primero>>. ¿Escandaloso, un despreciable intento por vender libros —y entrevistas en televisión?

Lo escandaloso está en tolerarlo, y en seguir aireando la idea de la competición como un pulso entre pares en un espacio aséptico, incontaminado por intereses externos. Porque la persecución estacional, las fiebres justicieras de limpieza son la máscara hipócrita de la tolerancia. Si no se persigue de continuo se debe a que tal supondría el colapso de la competición —contratos de eventos, anuncios, venta de camisetas, el tinglado completo—. La otra opción es no perseguirlo en absoluto, pero aquí ya entraríamos en el otro, gran elefante que late bajo el ruido y que nadie quiere afrontar, la despenalización de la droga. Es más confortable la hipocresía, y mucho más lucrativa.

(El Norte de Castilla, 23/6/2016)

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Brigitte Yagüe
Eduardo Roldán 01-11-2015 | 8:29 | 0

<<Brigitte Yagüe, la reina del taekwondo, deja el deporte de elite para ser feliz>>. El titular era de los que arruinan el café del desayuno, por el codazo que lo ha tirado debido a la sorpresa. ¿La tricampeona del mundo renuncia ahora, con los Juegos a vuelta de año? ¿No podía haber aguantado un poco más y pensárselo después? No, no podía. Quien crea que una decisión así es producto de una mala racha o un periodo de decaimiento transitorio no entiende nada; Yagüe lo tenía pensado y repensado, durante meses y meses ha mantenido un combate contra sí misma en el tatami mental de su cabeza de una violencia como quizá nunca en el otro, un combate entre su yo actual que mira al futuro y su yo actual que no puede dejar de tener presente el pasado, el peso de los oros conseguidos, el recuerdo de los esfuerzos invertidos y de las dificultades superadas; estas no son cosas que se despachen como quien se sacude una mosca de la cara, y ninguna de las oposiciones que le hayan podido venir de fuera, bienintencionadas o resentidas, le ha generado más dudas que su propia oposición interior.

Tampoco entiende nada quien crea que Yagüe se rinde. <<Ser feliz>> no es una socorrida excusa para justificar la renuncia. Ser feliz es el supraobjetivo a que cualquiera aspira o dice aspirar, pero hacia el que muchos menos tienen el valor de dirigirse, envolviéndose en ruidos y rutinas para ir aplazándolo o disfrazándolo, hasta que llega un momento en que no queda tiempo que aplazar ni disfraz que ponerse. Todo es cuestión de elegir y ordenar, dijo el poeta, y Yagüe no solo ha reconocido que el momento había llegado sino dado el paso para intentar hacer realidad ese concepto indefinible y personalísimo que es la felicidad, lo cual solo cabe acatar, por mucha afición que se profese al taekwondo. La renuncia, como el guardar silencio, es a veces una de las formas que adopta el heroísmo, y uno no solo acata sino que aplaude la decisión de esta mujer.

(El Norte de Castilla, 29/10/2015)

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Fútbol
Eduardo Roldán 22-05-2014 | 7:38 | 4

Es probable que no exista otra creación humana que aglutine sensibilidades tan dispares, ni tan masivamente. Ninguna capaz de abolir las fronteras de clase, geográficas, educativas o de género con tal autoridad y eficacia. No es que el fútbol haya sustituido a la religión: es que es todas las religiones en una: de 270 millones de incansables fieles, cuyos sacrificios, a diferencia de los prescritos por las confesiones, son voluntarios, pero no por ello menos observados, muy al contrario. Algunos de estos sacrificios alcanzan cotas de delirio: solicitar un crédito para poder comprar un billete de avión y ver una semi del equipo propio en Turquía, andar descalzo desde casa hasta el estadio para así convocar a los astros favorables, ponerle de nombre al hijo Lioneliniesta, todo junto, para rendir tributo a los ídolos. El que Cristiano se cambie de izquierda a derecha la cresta engominada inclina más la moda que cualquier colección de Dolce & Gabanna. Mi hermana ha estado recientemente en Gambia y allí comparten dos cosas: la pobreza y el fútbol. Los niños no tienen zapatos ni agua potable pero todos conocen a Messi. ¿Cómo explicarlo? La locura, incluso la locura consentida, es imposible de explicar.

Y lo más inexplicable es que la saturación no parece afectar al fervor del fiel. ¿A quién le importa la dudosa contabilidad de los equipos, la gruesa zafiedad de muchos de sus dirigentes? El fúbol tiene bula legal y en buena medida moral, y mientras la pelota siga rodando quedará margen para la comprensión. El fútbol es el mayor filtro de relativismo: Berlusconi y Jesús Gil pudieron seguir en la pomada porque avalaban los colores de unas camisetas rayadas y, al avalarlos, daban sentido a una buena parte de la vida de mucha gente. (Reducir el fenómeno al plano económico, como se ha hecho, es no entender nada.)

Dicho lo cual, uno se alegra por sus amigos atléticos y lo lamenta por sus blanquivioletas.

(El Norte de Castilla, 22/05/2014)

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20/20
Eduardo Roldán 06-09-2013 | 6:05 | 4

Madrid, esa maqueta inhabitable, es desde hace años una de las capitales europeas de la cultura, y lleva también otros tantos intentándolo ser del deporte, que es también cultura como ya defendiera Platón hace muchos siglos frente al sentir general del intelectual español hoy, a quien le da mucho asquito ver que alguien se ha puesto un chándal para salir a correr pero no que se ha puesto un traje de luces para matar a seis toros.

En un plano ideal-platónico esto de organizar los Juegos Olímpicos resulta un empeño muy loable, pero es que los casi 1600 millones en que se ha tasado la inversión pública ―al margen de que, misteriosamente, las previsiones siempre se queden cortas― tienen muy poco de platónicos. Se dice que son inversiones cuyos beneficios no pueden medirse en términos económicos estrictos; pero si no pueden medirse en términos económicos, ¿entonces en qué? Seguro que el espíritu de Pau Gasol acompaña a los jugadores de la selección española en el europeo de baloncesto recién comenzado, pero sin duda hubieran preferido que Gasol los acompañase con sus muchos puntos y rebotes. Los hipotéticos réditos que pueden generar los JJOO son tan difusos como inciertos. Lo único seguro son los 1600 y que los recortes sociales siguen. No parece el mejor momento para hacer alardes, por mucho que las televisones recen por Madrid como el Papa Francisco reza por Siria. Treinta y cinco años pueden parecer muchos, pero en términos de olimpismo organizativo es un hectómetro de Bolt. Los Juegos son para ciudades que pueden permitirse la constatación del fracaso, y que por cierto tienen otra gestión: que los gestionan mayoritariamente millonarios que después del evento se vuelven aún más millonarios mientras el resto sigue más o menos igual; verbigracia, Atlanta. Cuando el invento depende en no poca medida de recursos públicos ya de por sí escasos y por mucho que el pensamiento de Platón acompañe (Atenas), se montan ruinas sobre ruinas.

(El Norte de Castilla, 5/9/2013)

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Sobre el autor Eduardo Roldán
Columnas, reseñas, apuntes a vuelamáquina... El autor cree en el derecho al silencio y al sueño profundo.