El Norte de Castilla
img
Etiquetas de los Posts ‘

dinero

Artísticos millones
Eduardo Roldán 18-01-2018 | 1:26 | 0

Desde el urinario de Duchamp sabemos que las dos notas para que un objeto pueda calificarse de artístico son que sea expuesto y que alguien pague por él como tal objeto de arte. Por tanto, el valor artístico de ese objeto tiene una faz doble, a la vez contradictoria y complementaria: la faz estética y la faz económica. El urinario de Duchamp, que es tanto <<ironiario>> como urinario, presenta escaso valor estético, por no decir nulo, pero en el plano económico un valor incalculable, y por tanto también incalculable es su valor artístico. ¿Qué indica esto del mundo del arte? Lo primero, que si existe una jerarquía entre las dos faces, es la económica la que mayor peso tiene; lo segundo, que el sentido estético es como un partido de fútbol: cada espectador ve lo que quiere ver; y lo tercero, que las conclusiones uno y dos son por todos —artistas, galeristas, marchantes, compradores— conocidas, y no solo conocidas sino incuestionables.

¿Incuestionables? <<Pagar 382 millones por un cuadro me parece una inmoralidad>>, ha dicho la coleccionista, mecenas y filántropa venezolana Patricia Phelps de Cisneros, en el reciente acto de donación de 202 obras de su colección a distintos museos de todo el mundo. El cuadro en cuestión —Salvator Mundi, de Leonardo da Vinci— no tiene nada que ver con la afirmación; de hecho, la valentía de esta radica precisamente, en gran medida, en que la obra a la que se refiere pertenece, como su autor, al canon de las intocables.

Pero con toda la honestidad y buena voluntad de doña Patricia, parece un poco ingenuo aliar dinero y moral. El capital no tiene otro punto de referencia que sí mismo; solo busca perpetuarse/multiplicarse, y su fuerza radica en que no tiene límites. Ante una cuestión moral el capital ni siquiera se encoge de hombros. Han sido 382 pero igual podían haber sido 3820. Y sí, se agradece que por lo menos haya alguien que haga notar la locura, pero es la locura no solo del arte sino del mundo.

(El Norte de Castilla, 18/1/2018)

@enfaserem

Ver Post >
Incendios
Eduardo Roldán 31-12-2015 | 1:27 | 0

<>, escribió el poeta, y el Norte se enceniza en un vértigo de fuego, los bosques se hacen pasto del olvido según las llamas avanzan en una labor minuciosa, indiferente e incansable, mientras el cielo mira y a veces se apiada con una cortina de lluvia, pero apenas accede, y la esperanza se duele, pues quizá la primera ceniza que produce el fuego es la ceniza de la impotencia. No otra cosa late en las declaraciones oficiales que aseguran, con fundamento, que los incendios han sido provocados —<>—, y que llaman al pueblo a colaborar, en la medida que pueda, en la identificación del causante.

¿Hay pues un motivo oscuro, un ovillo que desmadejar en la ristra de incendios? Las buenas novelas negras nos enseñan que los motivos oscuros suelen estar muy claros, y en realidad pueden reducirse a un puñado: dinero y alguna baja, visceral pasión (envidia, odio, celos). El dinero apunta al sector de la construcción, tras la aprobación a mitad de año de la reforma de la Ley de Montes, que ahora permite recalificar terrenos quemados para edificar en ellos antes de 30 años cuando existan <>. (El de interés público es un concepto jurídico tan abusivo para el ciudadano como útil para el gobernante: cualquier razón —el adjetivo añadido es ya la guinda ociosa— puede ser de interés público: basta con que el gobernante así lo considere.) Y apunta al sector ganadero, que —supuestamente— obtendría más pastos y subvenciones (al ganado habría que tratarlo como se debiera al ladrillo y prohibir su acceso a las áreas calcinadas). Pero por mucho que nos guste jugar a detectives, la explicación más probable sea la más prosaica: un Nerón de pacotilla cuyo único motivo es la sensación de omnipotencia que la destrucción masiva le proporciona, el éxtasis de vida y muerte que el fuego comporta, tiempo a la vez detenido y en curso. Un probable enfermo, ni más ni menos, un culpable acaso inimputable.

(El Norte de Castilla, 31/12/2015)

@enfaserem

Ver Post >
Dinero inmortal
Eduardo Roldán 23-10-2014 | 6:36 | 1

Oliver Stone nos enseñó que el dinero nunca duerme. Ahora descubrimos que tampoco muere nunca. Nos lo acaba de confirmar la revista Forbes, ese ejemplo máximo, según quien la lea, de documento notarial o literatura de ciencia ficción. El pacificador rastafari Bob Marley o la gata de ojos violetas Elizabeth Taylor son algunos de los cadáveres exquisitos que no dejan de rentar. Se comprende ahora por fin el sentido pleno de llamarlos <>; no solo por su posición social, inalcanzable en vida para el resto de mortales, sino por su posición inalcanzable después de la vida: como las estrellas cuya luz nos sigue llegando varios años después de muertas, los elegidos del espectáculo siguen generando dividendos cuando abandonan la función que a todos nos engloba.

Desde luego el poder adaptativo del dinero es formidable. No solo no entiende de fronteras espaciales sino tampoco temporales. Sobre el dinero no rigen ni las leyes de Newton ni las de Einstein. Si algo demuestra el reportaje de Forbes es la condición metafísica del dinero. El dinero ha pasado de ser algo sucio, que se manoseaba, pesado como el metal, para adquirir progresivamente una condición más liviana —dinero de papel, dinero de plástico— y, al cabo, de idea; ahora ha dado el último paso y alcanzado el estatus de espíritu, y como los espíritus verdaderos, es capaz de incidir sobre la realidad y forjarla. Quien lo tiene sabe que el dinero no es un medio para adquirir algo sino un ente autónomo, que se justifica a sí mismo. Llega un punto en que uno no sabe cuánto dinero tiene. Ese es el punto al que hay que llegar, y se comprende así el desconcierto de Blesa y Rato ante el interrogatorio del juez. ¿Cómo probar que no han gastado lo que no es suyo si no saben hasta donde llega lo suyo? Igual que Flaubert dijo <<Madame Bovary soy yo>>, Blesa bien puede decir <>. Es una paradoja metafísica, existencial, y más que un juez se necesitaría al Padre Brown.

(El Norte de Castilla, 23/10/2014)

@enfaserem

Ver Post >
Stop suicidios
Eduardo Roldán 06-12-2012 | 12:25 | 4

Solíamos pensar que el suicidio era un asunto de nórdicos ociosos porque la falta de sol los condenaba a quedarse encerrados entre las cuatro paredes y el techo de sus casas. Ahora nos damos cuenta de que por lo menos los nórdicos tienen o tenían casas en las que suicidarse, y que el no tenerla, el verse privado de pronto de ella, es causa más acuciante y expeditiva que la ociosidad. ¿Nos damos cuenta? El aterrador crecimiento exponencial de los suicios derivados de deshaucios ha sido hasta el momento tratado casi siempre ―abrumado quizá por las mil y una historias de dolor y sufrimiento diarias de los que todavía siguen vivos― más como un daño colateral, casi anecdótico, de la crisis, que como lo que realmente es: el síntoma de una enfermedad social que, debido a su presencia continua, amenaza con asumirse de manera rutinaria, como otro dato negro de los muchos datos negros con que nos topamos cada día. La rutina supone la ruina siempre, y entonces no habría vuelta atrás.

Tampoco ayuda el tratamiento informativo oscurantista que se le concede aún al suicidio. Si la muerte se muestra hoy sin pudor alguno ―en alta definición y a la hora del postre―, el suicidio sigue proscrito como el hijo bastardo de un Papa en la historia oficial del catolicismo. Para Camus el suicidio constituía el problema filosófico por excelencia. Camus tenía razón; más aun: si el objetivo de la filosofía es enseñar a vivir bien, el que un hombre se prive voluntariamente de la potencia de bienestar ha de ser considerado un fracaso de la filosofía más que un fracaso del hombre. Fracaso, desahucio, suicidio. Las tres palabras tienen un eco similar, más allá de su carga semántica estricta. Y una vinculación indudable. La raíz de la plaga, hoy, no tiene un vago origen psicológico sino algo tangible, físico, ante lo que no caben filofías abstractas ni velos discretos. Alcanzar cierto estado de equilibrio feliz no es fácil. Hacerlo sin techo y suelo es imposible.

(El Norte de Castilla, 6/12/2012)

Ver Post >
Apunte
Eduardo Roldán 14-08-2012 | 8:13 | 2

Con la resaca llega la duda, y se hace difícil acertar con el motivo de la juerga. ¿Para qué, en definitiva, tantos fastos? No desde luego para la “promoción” del deporte. Quien así lo crea o está ciego o no quiere ver, que es una forma de ceguera mucho más efectiva. Cualquiera que tenga un conocimiento mínimo de los rudimentos productivos industriales (y el deporte es una industria) concedería que toda la inversión llevada a cabo en estas dos semanas de aros continentales en la capital londinense habría obtenido unos resultados mucho más saludables, deportivamente hablando, si se hubiera destinado a la promoción, pongamos, del deporte base. Ocurre que el deporte base no vende camisetas, y la economía es hoy más que nunca la ciencia del beneficio inmediato. Y tampoco la promoción afectará positivamente a esos deportes que a diario obtienen la misma atención popular y el mismo apoyo institucional (pero la primera depende en gran medida del segundo) que las peleas de gallos, o menos. Ya en los telediarios de los dos últimos días de competición empezaron a colarse de rondón los partidos inanes que nuestros dos equipos-emblema han jugado en los USA y por ahí. No tardarán ni dos semanas en monopolizar las noticias deportivas otra vez.

Todo lo cual deja entrever una hipocresía presente/latente­, la de ese “espíritu olímpico” que, se nos ha repetido hasta el mareo, es el motor primero, y el fin, de la juerga. Al final, para ver quiénes han sido los triunfadores de estos días no hace falta mirar el medallero; la mayoría de los que allí aparecen serán olvidados mañana, ya están olvidados hoy: los verdaderos triunfadores viajan en jet privado o del COI y solo sudan si ven bajar sus acciones en Bolsa.

Ver Post >