El Norte de Castilla
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El poliedro Dylan
Eduardo Roldán 14-02-2015 | 7:29 | 0

Si hubo un corte de mangas musical que pueda calificarse de histórico, ese fue el que Dylan hiciera en 1965 en su gira inglesa: un corte de mangas eléctrico que muchos aún no le perdonan hoy, o solo le toleran. Corte de mangas que quedó registrado en el primer documento cinematográfico comercial centrado en la figura del músico de Minnesota, Don’t look back’ documental dirigido por D.A. Pennebaker en 1967 que aparte de la crónica de una gira más o menos delirante supone el modelo para los documentales rock que vinieron después. Don’t look back muestra a un Dylan en gerundio, y esta es su mayor virtud: un Dylan rompiendo —con su pasado musical y con el sambenito de <> que le habían colgado—, un Dylan fumando, un Dylan humillando y un Dylan, también, escribiendo y  tocando. Es a la vez periodismo gonzo y cinema verité, con un ojo de la cámara alucinado y respetuoso, curiosón y distante; Pennebaker consigue el enorme logro de mantenerse durante todo el metraje en la distancia justa, sin dejar que la investigación (subjetiva) se despeñe jamás por la ladera del sensacionalismo. ¿Hasta qué punto es consciente Dylan de la presencia del ojo? Es difícil decirlo. Hay momentos en que parece le resulte totalmente invisible, y otros en que no haga sino actuar para él. Suelen coincidir con los momentos en que el espectador piensa: <> Pennebaker no incurre pues en ese pecado mortal del documentalista que es la hagiografía, y si el retrato resultante no es amable, se debe solo a que Dylan no lo fue.

Hemos visto que nada le importa la opinión ajena, o que al menos eso finge. Acaso sí le importe un poco y en hacerse un lavado retrospectivo de imagen se halle la razón del otro gran documental —en el sentido de duración y eco público— que ha versado sobre su figura y contado con su beneplácito, No direction home, dirigido —o más bien ensamblado— por Scorsese casi cuarenta años después. Tampoco incurre Scorsese en pecado mortal de hagiografía —es demasiado sabio para eso—, pero sin duda este Dylan no causa ni la antipatía ni la incomprensión que el anterior. El enfoque también difiere; mientras que Pennebaker ofrece un segmento de tiempo a partir del cual inferimos el todo, la época y el artista y las contradicciones de una y otro, Scorsese la cronología minuciosa —con saltos adelante y atrás, pero cronología al fin—, más completa pero también más aburrida. La forma empleada es predecible, mil veces vista: una sucesión de bustos parlantes puntuada por material de archivo, y si la atención no decae se debe solo a la fascinación que desprende el personaje, no al enfoque planteado.

Mucho más vital resulta el otro acercamiento, oblicuo, de Scorsese a Dylan. En El último vals el cineasta neoyorquino logra captar esa fugacidad eterna que hay en toda gran música, y teñirla de una melancolía celebratoria y confortante. La aparición de Dylan pasado el ecuador del concierto es como la llegada de Godot con sombrero de cowboy blanco, y el concierto mismo —<> la grabación de un concierto, las entrevistas meras notas al pie— no un segmento sino una cápsula de tiempo concentrado y evocador, con un último plano imposible de olvidar una vez visto.

Dejando al margen las incursiones de Dylan en el terreno de la actuación, que muy sabiamente ha limitado a un puñado y acotado a un registro que le es afín, es fuera del campo documental donde encontramos el dibujo más verdadero de su retrato; paradoja aparente, la ficción consigue acercarnos más al centro de ese misterio poliédrico que es Dylan que la acumulación de imágenes reales. La extraordinaria I’m not there (Todd Haynes, 2007) parte de la base de que Dylan es imposible de catalogar, es decir, parte de la admisión de un fracaso, y desde ahí logra armar una de las cintas más originales, lúcidas y emotivas de los últimos veinte años. A la luz del resultado, el que maneje los hechos a su antojo no debiera verse como una falta de rigor sino como un triunfo del arte.

(La sombra del ciprés, 14/2/2015)

@enfaserem

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Energético profesionalismo
Eduardo Roldán 06-10-2012 | 12:50 | 0

La fama tiene caprichos que el mérito no entiende. La fama se entrega a veces ―tantas― a quien no merece su compañía que lo más saludable sería no prestarle atención en absoluto. Lo cual no es fácil para quien no recibe sus favores; puede que en sí no signifique nada, pero su significado indirecto es profundo: menos contratos, menos anticipos; en suma, menos libertad. La trayectoria musical de Elliott Murphy (Nueva York, 1949) encierra una paradoja peculiar. Con casi cuarenta años y treinta discos, saludados todos con fervor por las distintas esferas de la industria ―crítica, otros músicos―, emparentado en sus comienzos con figuras que ya hace tiempo alcanzaron la condición de mito, Dylan o Springsteen, con una legión de seguidores fiel, su nombre sin embargo no ha abandonado nunca cierta marginalidad, incluso cierta oscuridad que le ha hecho impermeable a la atención del gran público. Valladolid parece sin embargo uno de los nichos con una legión-Murphy asentada, y ayer el Teatro Cervantes mostró una ocupación más que aceptable.

Murphy presentó, acompañado en cuarteto por The Normandy All Stars (dos guitarras electroacústicas, un bajo y una batería, más las puntuales intervenciones a la armónica de EM), varios cortes de sus últimos LP’s —Rain, rain, rain; Rock ‘n Roll ‘n Rock ‘n Roll; You don’t need to be more than yourself— así como un puñado de clásicos de su repertorio, Everything I do leads me back to you  o You never know you’re in for.

En escena Murphy da un Jim Jarmusch melenudo, un  trovador country al que le gusta interpretar con un punto de teatralidad (esencial en los vocalistas de rock); como instrumentista, no espere encontrarse el oyente con el virtuosismo de un Ry Cooder: es un ínterprete correcto, de un funcionalismo despegado, que deja los alardes solísticos al guitarrista Olivier Durand. El punto fuerte —el punto más fuerte— de Murphy se halla en la composición. En la mejor tradición del frondoso árbol folk-rock americano ―prolífica, arriesgada, siempre mirando hacia delante sin olvidar de donde viene―, logra dotar a sus composiciones de un equilibrio entre letra y música tan fácil en apariencia como difícil de alcanzar. Desde luego, la afinidad con Dylan está ahí, y Murphy no la ha negado nunca ―las afinidades son incluso instrumentales―, pero reducirlo a mero calco del de Minnesota es como reducir a Elmo Hope a calco de Bud Powell. Son composiciones que por lo general rehuyen la sofisticación, o digamos que su sofisticación está precisamente en saber despojarse de arreglos fatuos, y de este modo llegar más directas al oyente. Las armonías retorcidas de Steely Dan están muy bien y sin duda asombran, pero hay veces en que después de otra semana de mierda todo lo que le apetece a uno es batir unas cuantas palmas y pegar algunos gritos con un roncanrol pegadizo y sincopado.

En este sentido, el recital de anoche produjo otra paradoja. El grupo dio la sensación de haber salido con el papel demasiado aprendido, cada uno de sus miembros en su acotada casilla, y que el margen para la espontaneidad del momento se había reducido a la casi nada —la mayor sorpresa se dio con un problema de empalme sonoro al final del concierto—. Prácticamente todos los temas lucían el mismo patrón —estribillo vocal, solo de guitarra, vuelta al estribillo tocado de forma más encendida—, el mismo tempo medio, el mismo tran-tran. Sin embargo, no dejaron por ello de mostrarse en todo momento como unos profesionales entregados y eficaces, y el público supo apreciarlo y agradecerlo, siguiendo los mandados de EM con entusiasmo. La energía estuvo presente desde el primer hasta el último acorde, y se pudieron saborear en abundancia el tipo de emociones que solo es capaz de proporcionar el directo y son imposibles de reproducir en el salón de la casa propia por muy hi-fi que sea el equipo donde se ponga el cedé. En resumen, mucha carretera, mucha palma, y una sensación de gratitud plena a la salida.

(El Norte de Castilla, 6/12/2012)

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Disco final
Eduardo Roldán 16-09-2012 | 2:42 | 2

 

 

R.E.M.

Around the sun

Warner Bros/Wea

 

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Disco de la semana
Eduardo Roldán 02-09-2012 | 2:43 | 0

 

 

Muse

Showbiz

Maverick

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Disco de la semana
Eduardo Roldán 26-08-2012 | 7:10 | 0

 

R.E.M.

Monster

Warner Bros.

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