img
En un lugar de la Mancha…
img
Alfredo Barbero | 27-04-2017 | 06:23| 0

El profesor Parra Luna ha tenido alguna dificultad técnica para enviar su respuesta a mi anterior artículo (quizá no se haya registrado en la página web de EL NORTE DE CASTILLA), y me pide que la incluya en el blog. Le agradezco mucho la amabilidad de responderme, aunque como explicaré a continuación los argumentos que da sobre su supuesto descubrimiento científico del “lugar” de La Mancha me parecen insuficientes. Dice el profesor Parra:

Sr. Barbero:
Cuando intento hacer un comentario en su blog del Norte de Castilla, de pronto desaparece, lo que me ha ocurrido dos veces. Le agradeceré por tanto incluya en dicho Blog la respuesta siguiente:

Primero, constato que estamos bastante de acuerdo en el tema VALORES del Quijote, lo que a la postre es mucho más relevante que las cuestiones metodológicas y otras en las que disentimos. Sobre los “valores” si que me gustaría conocer su opinión posiblemente más autorizada que la mía. ¿Podría darle un vistazo a los cap. 6 y 7 de nuestro último libro “El lugar de la Mancha: un irónico Cervantes a la luz de la crítica científica?.Si no tiene el libro se lo puedo enviar porque este tema merece la pena.

Y sobre el resto, permítame  resumir los cuatro temas que toca:
1., James Iffland: Puede ver nuestra respuesta en el próximo número de la revista CERVANTES que es el órgano oficial de la Cervantes Society of America y en cuyo consejo de redacción está el propio Iffland. Le informaré cuando aparezca.
2. Canavaggio: Resulta más decisiva la siguiente frase( pag. 106, de nuestro último libro):
“En efecto,en vista de los argumentos aducidos por los defensores de Villanueva de los Infantes, no creo que ningún otro pueblo del Campo de Montiel esté en condiciones de defender una candidatura que se pueda comparar a esta”. Y como ha de ser un pueblo del Campo de Montiel, la opinión de Canavaggio no puede ser más positiva.
3.RAE. Nadie espera que la RAE se pronuncie sobre la validez de todos los descubrimientos científicos que en mundo aparecen cada día. Su silencio es lógico. Otra cosa es que apareciera un comentario negativo.
4. El silencio de los colegas. No es cierto. Una gran parte de los más reputados cervantistas del mundo está de acuerdo con nuestra teoría. Puede verificarlo en nuestro último libro citado. Concretamente en el Curso del Escorial estuvo Guillermo Serés, el más próximo colaborador del prof. Rico, quien con anterioridad ya había mostrado su respeto por la investigación realizada sin formular crítica alguna.

Pero en el fondo, Sr. Barbero, estos desacuerdos son pequeñeces al lado de la enjundia política y moral que actualmente tienen los valores expresados en el Quijote. En este tema, repito, si que me gustaría y mucho, conocer su opinión.
Un cordial saludo
Francisco Parra Luna

.

Siguiendo las pautas de brevedad de los medios de comunicación, intentaré sintetizar de nuevo mis argumentos (una “metodología” que también está al alcance de muchos académicos que escriben en Prensa para el público general, y en este caso pensando en los lectores del Quijote):

1) Además del comentario sobre los muchos y diversos valores del texto cervantino, con el que me dice que está bastante de acuerdo, en lo que se refiere al tema del “lugar” de La Mancha no menciono cuatro sino cinco puntos. El primero de ellos, del que parece haberse “olvidado”, son los cinco errores lógicos que hay en el planteamiento de su estudio y metodología. Errores que permiten, a mi entender, refutar su supuesta “tesis científica”. Sería de interés que responda sobre cada uno de estos 5 errores con razones que los lectores puedan comprender. Por ejemplo, por qué calcula una “velocidad media” de marcha a Rocinante y al rucio siendo dos personajes de ficción (a los que usted trata como si fuesen cabalgaduras de carne y hueso). Y por qué hace lo mismo con el espacio literario de La Mancha de Cervantes, sobre el que se pone a hacer cálculos como si fuese un espacio geográfico real utilizando los “datos” de tardanzas y distancias que hay en el texto, “datos” que sorprendentemente entiende de manera literal, etc.

2) Sus planteamientos lógicos, sistémicos y cálculos matemáticos se podrían aplicar de manera acertada al contenido de una crónica histórica, con cabalgaduras reales, un espacio físico real y datos reales, pero es erróneo aplicarlos al contenido de una obra de ficción como El Quijote. Que la novela de don Miguel sea una novela de carácter realista con muchos datos auténticos (Puerto Lápice y El Toboso existen, los molinos de viento existen, Barcelona existe, Jerónimo de Pasamonte existió, etc.) para buscar precisamente que sea lo más intenso posible ese efecto literario, el realismo, es una cosa, y otra muy distinta que sea real al completo el espacio de La Mancha que describe la narración. En su conjunto, éste es un espacio que hay que entender como espacio imaginario creado por el autor, en el que las cabalgaduras no cabalgan a ninguna “velocidad media”, ni de las distancias y tardanzas dadas puede afirmarse con certeza que sean igual de precisas que los datos empíricos que obtendría un geógrafo o un cartógrafo sobre el terreno real. No hay pruebas (su interpretación sistémica de dos frases del Quijote deduciendo la existencia de un “acertijo” localizador en el texto, no es una prueba de certeza) de que Cervantes describiese su paisaje literario escuadra y cartabón en mano con intención de dejar en la novela “datos” precisos sobre tardanzas y distancias. Lo que sí sabemos es que la escribió mediante una genial y muy libre pluma.

3) Que el profesor Canavaggio diga en la cita que usted menciona que no cree que ningún otro pueblo del Campo de Montiel esté en condiciones de defender una candidatura que se pueda comparar a la de Villanueva de los Infantes no significa, ni mucho menos, que piense que Villanueva es “El Lugar”. Si vuelve a leer con detenimiento la cita que yo transcribí se dará cuenta de que el profesor Canavaggio, uno de los más reputados cervantistas del mundo, nos dice de una muy elegante manera que Villanueva no es más que “un lugar” entre otros: “(…) Villanueva de los Infantes bien pudo ser un referente implícito entre muchos para Cervantes, lo mismo que otros pueblos manchegos (…)”. Esto sí es decisivo.

4) Sobre el prolongado silencio de la RAE, resulta completamente inverosímil que si la Real Academia Española creyese que usted ha descubierto científicamente cuál es “el lugar” de La Mancha de cuyo nombre Cervantes no quiso acordarse, permaneciese en silencio ante la opinión pública española y mundial. Este silencio no sería lógico. En cambio, el silencio actual y de tanto tiempo de la RAE sí resulta lógico entendido en un sentido de no aprobación, algo a lo que coloquialmente llamamos “dar la callada por respuesta”. De todas formas, seguiremos en espera de que la RAE encargue los informes técnicos correspondientes, cuando recupere un poco la economía, a fin de evaluar su “tesis científica” sobre El Quijote.

5) Guillermo Serés y el profesor Rico, director de la última edición del Quijote del pasado año 2015 y también uno de los más prestigiosos cervantistas del mundo, son personas distintas. ¡Y menudo es el académico Francisco Rico para que alguien hable por su boca…! Su silencio me parece muy significativo.

6) En relación al silencio de sus colegas quería referirme al de otros expertos en Teoría de Sistemas, expertos que hasta la fecha —que yo sepa— no han analizado ni sometido a revisión crítica su trabajo para darlo por válido o por erróneo.

7) Conozco su último libro que cita, El lugar de la Mancha. Un irónico Cervantes a la luz de la crítica científica (le agradezco el ofrecimiento de enviármelo), de cuya lectura no se desprende la conclusión de que “una gran parte” de los más reputados cervantistas del mundo esté de acuerdo con su teoría. Para que no se confunda en este punto es necesario que distinga entre: a) apoyar la hipótesis de Villanueva de los Infantes a sabiendas de que es sólo una hipótesis, y b) apoyar la consideración que usted hace de su hipótesis como “tesis científica verificada”. No es lo mismo. El profesor Canavaggio vuelve a ser de nuevo un inmejorable ejemplo: ha formulado una brillante hipótesis sobre la construcción del “lugar” de La Mancha por Cervantes, pero ninguno de los cervantistas que la comparten creo que llegue a afirmar que la suya es una tesis científica. ¡Ni aun siendo la del profesor Canavaggio! Es decir, se puede apoyar una hipótesis como tal hipótesis pero no el pretendido carácter científico de la misma. Un pronunciamiento claro en el sentido de considerar su tesis —del mismo modo que usted está completamente persuadido de ello— como una “tesis científica verificada” no recuerdo en este momento que lo haya hecho ningún cervantista de prestigio ajeno a su equipo y al entorno de Villanueva. Si lo hay, sería bueno que nos recordase quién o quiénes son, e hiciese algún breve entrecomillado de sus palabras al respecto.

Éste no es un foro académico de discusión, profesor Parra, por lo que no podemos alargar en extensión ni en tiempo nuestro debate. Entiendo que la réplica que acabo de hacer le da derecho, si quiere, a una contrarréplica de similar extensión (descontando el espacio de su primera respuesta), que me parece suficiente para que intente contraargumentar los cinco errores lógicos que le señalé en mi artículo anterior y he ampliado en los puntos 1) y 2) del presente. En total, siete puntos concretos a los que responder y que si no consigue rebatir con buenos argumentos dejarían refutada su supuesta “tesis científica”. Hecho esto, podemos dejar el debate para que los posibles lectores saquen sus propias conclusiones. En su pueblo, Villanueva de los Infantes, tendrá ocasión en junio de continuarlo con los expertos interesados en disfrutar de las bellas palabras, los certeros pensamientos, el sabio sentido común, los valores, la diversión, la ironía, el atemperado escepticismo y, en definitiva, todo el espléndido contenido del Quijote. Saludos cordiales.

.

.

Ver Post >
Los valores del `Quijote´
img
Alfredo Barbero | 23-04-2017 | 21:51| 0

Profesor Parra Luna, me alegra tener noticias suyas de nuevo.

Le agradezco la invitación que me hace en un reciente correo electrónico para asistir, junto a varios críticos de su hipótesis sobre “el lugar” de La Mancha, a una mesa-coloquio especial anexa al II Congreso Internacional Europa-América, América-Europa: los valores del Quijote, que se celebrará a finales del próximo mes de junio en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), su pueblo y el pueblo que usted cree es también el de Don Quijote (según el modelo sistémico y de cálculos matemáticos que desde hace años viene publicando). Le contesto a su correo en este blog, como ya hice en los años 2014 y 2015, debido al interés público que tiene todo lo relacionado con Cervantes y con el Ingenioso Caballero. Por los comentarios que hace, compruebo que sigue manteniendo su particular sentido del humor, aunque también su desenfoque lógico en relación con la hipótesis de Villanueva.

(Nota.- El profesor Parra es catedrático emérito de Sociología —ya jubilado— de la Universidad Complutense de Madrid, presidente de la Sociedad Española de Sistemas Generales (SESGE), y autor de varios libros en los que ha intentado desentrañar científicamente a qué lugar de La Mancha se refiere Cervantes desde la primera frase del Quijote, si es que se refiere a un lugar concreto).

Voy a empezar por hacer un comentario acerca de lo que me parece principal. Como lector, entiendo que los valores del Quijote, además de los que aportan las sustanciosas citas y alusiones a la cultura clásica grecolatina del texto cervantino, son en gran parte los valores de la cultura cristiana: igualdad, justicia, verdad, honradez, espiritualidad frente a materialismo, ayuda al prójimo, etc. Cervantes hace una versión de todos estos valores por medio de su peculiar “apóstol hispano”, a cuya condición de cristiano viejo se refiere en múltiples ocasiones. Un apóstol idealista, caballero, caballeresco, laico, tenaz, solterón, apasionado (o “sobreimplicado”) y muy tozudo en sus ideas (o “delirante”). Las sociedades de humanos no suelen basarse tanto en los valores éticos y del conocimiento como en la fuerza, la lucha de intereses, el poderoso caballero Don Dinero, la ambición y el ejercicio del Poder. Estos factores llevaban varios milenios siendo clásicos —desde la civilización sumeria, al menos— antes de escribirse “la Biblia” cervantina. Y quizá por ello Cervantes decidió que el personaje que representa nuestros valores más nobles sea fantasioso, ingenuo y alocado, al ser consciente de que los lectores de su tiempo no creerían que una defensa a ultranza, innegociable, de este tipo de valores la pudiese encarnar un personaje en su sano juicio, cuerdo y sensato. ¡La sabiduría y el escepticismo de don Miguel son magníficos, además de su ironía! (y estos también son grandes valores literarios). No se vislumbra ni intuye que en un futuro más o menos próximo puedan triunfar los valores del Quijote, ni los valores de Cristo, sobre todos esos demás factores que condicionan la naturaleza y la realidad social humanas. Lo que no quita para que las personas sigan teniendo en su vida, incluso necesitando, ciertos ideales. En El Quijote los hay muy bellos y en abundancia, contrapesados con la amarga lección que nos dan los repetidos fracasos del “héroe”.

Referente al tema del “lugar” de La Mancha, ya sabe que pienso que está usted muy equivocado. Pero también pienso que tiene todo el derecho a creer que la hipótesis de su pueblo, Villanueva de los Infantes, es una “tesis científica verificada” merced a los procedimientos académicos que ha empleado. A mi juicio, en cambio: 1) su interpretación sistémica de dos frases del texto del Quijote no permite conocer con certeza que Cervantes tuviese la intención de dejar “un acertijo” localizador, esto es hipotético (cosa distinta hubiese sido el hallazgo de un documento o testimonio escrito que así lo acreditase), 2) el procesamiento matemático que hace su equipo de los “datos” literarios sobre tardanzas y distancias que aparecen en el texto, como si fuesen datos precisos extraídos de la realidad empírica, es una confusión evidente de nivel de análisis o epistemológico; es erróneo entender de manera literal las distancias y tardanzas de la novela utilizándolas para hacer cálculos como si fuesen datos reales, 3) al considerar a Rocinante y al rucio como dos cabalgaduras de carne y hueso que desarrollan una supuesta “velocidad media”, velocidad que usted calcula, está realizando un cálculo imaginario, irreal, 4) la agigantada metodología sistémico-matemática que utiliza para identificar “el lugar” estaba por completo fuera del alcance racional —y de los sueños— de los sencillos y no tan sencillos lectores del siglo XVII, destinatarios naturales del supuesto “acertijo” contenido en la narración, y 5) Cervantes, por muy sabio y genial que sea, ¡y ya lo creo que lo es! no pudo dejar “un acertijo” en su texto cuya resolución sólo pueden alcanzar los expertos en Teoría de Sistemas y Sociocibernética del siglo XXI. En definitiva, con erróneos planteamientos lógicos como los que hay en su estudio, en el que se mezcla la realidad con la ficción, la conclusión a la que llega en ningún caso puede ser científica.

No obstante, insisto, me parece que tiene todo el derecho a creer que su bonito pueblo, capital histórica del Campo de Montiel, es “el lugar” de La Mancha de cuyo nombre Cervantes no quiso acordarse. Y también a creer que la Teoría de Sistemas es una especie de Ley física universal, o Teoría del Todo, con capacidad para explicar científicamente desde las intenciones psíquicas individuales y las conductas grupales o sociales, hasta la Ética, la Historia, la Literatura, etc. ¡La mente es libre!

Algunos de los críticos que menciona en su correo hemos hecho, en tono académico o humorístico como en mi caso, el análisis más directo de su trabajo. En particular, me parece muy destacable el del cervantista norteamericano, profesor James Iffland. Pero esta crítica nuestra activa, explícita, entiendo que es, con diferencia, la menos importante.

El prestigioso cervantista, Jean Canavaggio, eludió al fin tras conocerla de cerca —después de haber aceptado la invitación que usted le hizo para acudir a Villanueva de los Infantes— su “tesis científica”, y ha ofrecido a los lectores y estudiosos de todo el mundo una hipótesis sobre “el lugar” llena de sabiduría literaria y sentido común. Esta hipótesis es muy conocida y cuenta con un amplio respaldo entre los cervantistas españoles e internacionales. La suya fue sin duda una elegante y contundente forma de crítica hacia la hipótesis de Villanueva. Dice el profesor Canavaggio: “considero que, en el proceso que originó la localización manchega de la patria de don Quijote, Villanueva de los Infantes bien pudo ser un referente implícito entre muchos para Cervantes, lo mismo que otros pueblos manchegos, ya que nos encontramos ante un lugar que viene a ser una construcción verbal, síntesis artística de múltiples experiencias.”

Junto a la indirecta del profesor Canavaggio, otras dos críticas de carácter pasivo me parecen importantes. La primera, el silencio, el muy llamativo silencio después de tantos años, de la Real Academia Española. Una callada por respuesta (que usted me parece que interpretó de manera equivocada en un correo que intercambió conmigo como: “el que calla, otorga”) de la institución colegiada máxima conocedora de la obra de Miguel de Cervantes, en España y fuera de España, de su actual Director, Darío Villanueva, de los anteriores, José Manuel Blecua García de la Concha, responsables ante la opinión pública mundial, y de uno de los mayores expertos en El Quijote, el académico Francisco Rico.

(Nota 2.- La mayor parte de los académicos no son científicos experimentales ni científicos sociales, pero pueden encargar todos los informes técnicos que necesiten a reputados expertos de cualquier país, o comités de expertos, para elaborar junto con sus propios conocimientos un juicio profesional… ¡espero que a la RAE le quede algún dinero en sus fondos para solicitar estos informes!).

La segunda, el no menos llamativo silencio de los profesores, catedráticos y expertos nacionales e internacionales en Teoría de Sistemas. Si alguna vez se deciden a analizar su supuesta “tesis científica verificada” y a publicar las conclusiones críticas, poco dudo que pondrán en evidencia desde ese enfoque teórico los errores lógicos de base en los que usted ha incurrido. Con los modestos conocimientos que tengo al respecto gracias al profesor Castilla del Pino, la suya me parece una aplicación de la Teoría de Sistemas claramente sobredimensionada y errónea.

Por tanto, profesor Parra Luna, en espera de que la RAE y otros expertos en Teoría de Sistemas se pronuncien, le agradezco su invitación, pero no podré acudir en el mes de junio a ese lugar de La Mancha. Deseo que lo pasen bien y se diviertan debatiendo en Villanueva de los Infantes, pues la diversión es sin duda uno de los grandes valores del Quijote.

.

 

Ver Post >
El error de Hollywood
img
Alfredo Barbero | 14-04-2017 | 12:46| 2

La última ceremonia de entrega de premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas norteamericana pasará a la historia por algo que no había sucedido nunca: la confusión en directo, ante millones de personas, de la película ganadora. El dubitativo Warren Beatty tuvo un gesto nada valiente al pasar la tarjeta equivocada a la muy decidida Faye Dunaway, que lanzó a los cuatro vientos el nombre de una de las dos películas favoritas: La La Land. Pronto se produjo un revuelo sobre el escenario, entendiendo la intrépida pareja, Bonni and Clyde, que… ¡se habían confundido de Banco!

Moonlight, el film realmente ganador, y La La Land. La Ciudad de las Estrellas, me parecen dos películas aceptables, de buen nivel medio, aunque por motivos bastante diferentes. Cualquiera de las dos pudo haber ganado el Oscar a ‘Mejor Película’.

Las historias de jóvenes con ilusiones que tienen toda la vida por delante para materializarlas siempre resultan estimulantes, incluso para las personas maduritas con una vida ya hecha y desarrollada. Si a esto le añadimos buenas actuaciones, música agradable, una bonita canción (también premiada), elegantes pasos de claqué, y un punto de amargura por la separación de las trayectorias vitales de los dos protagonistas para seguir sus carreras (sin que por ello pierdan su afecto, incluso cierto sentimiento de amor), la película adquiere un indudable y suave encanto. El guión original por el que también fue nominado el joven Damien Chazelle, de 32 años, y el cuidado trabajo formal que le permitió ganar el otro gran premio de la gala, el Oscar a ‘Mejor Director’, hacen de La La Land un musical meritorio.

Moonlight es un drama, individual y social, una narración sobre la difícil vida de un homosexual de raza negra víctima de los ataques de su propia comunidad. Agredido no sólo por su condición erótica sino por su temperamento introvertido y pacífico. En un entorno marginal y violento en el que a él y a su madre —prostituta y drogadicta— les ubica el azar, debe aprender a sobrevivir modificando su innata personalidad sensible. La dureza de la vida le cambia. El niño ‘Little’ pasa a ser el adolescente ‘Chiron’, y éste el joven hombre ‘Black’ al que todos respetan ahora por la fuerza de los músculos adquirida en largas sesiones de gimnasio. ‘Black’ ya no teme, es temido, pero interiormente conserva el resplandor azul que tienen los niños negros a la luz de la luna. Dirección de Barry Jenkins, ganador también del premio al ‘Mejor Guión Adaptado’ junto al autor de la obra de teatro original.

Cualquiera de estos dos films pudo haber ganado el Oscar a ‘Mejor Película’ del año 2017. Sin embargo, el gran error que en mi opinión cometió Hollywood en la pasada 89 Edición de los Premios de la Academia no fue el anecdótico que se produjo sobre el escenario del Dolby Theatre de Los Ángeles, sino un lamentable error de contenido al ningunear a una película de proporciones clásicas, tanto estéticas como épicas y éticas, que en el palmarés sólo recibió la nominación a ‘Mejor Fotografía’. Me refiero a Silencio, del veterano maestro Martin Scorsese.

En línea con las lecturas posmodernas del “hecho religioso” cristiano que priman absolutamente la naturaleza humana de Jesús de Nazaret sobre la condición divina, Scorsese plantea en su narración con extraordinaria crudeza las dudas de la fe y el silencio de Dios. Un silencio estruendoso, estremecedor, brutal. A diferencia de su otra gran película religiosa, La última tentación de Cristo (1988) —con guión adaptado de la novela de Nikos Kazantzakis— que se detenía en las dudas terribles del “dios-hombre”, en esta ocasión el director toma ciertos hechos históricos —con guión adaptado de la novela de Shusaku Endo— sobre la vivencia de la fe que tuvieron seres humanos de carne y hueso. Unos, humildes campesinos y pescadores recibiendo en su tierra, Japón, la buena nueva de un lejano personaje divino que habla de paz y amor, por el que están dispuestos a morir. Otros, los jesuitas portugueses (en la ficción, el padre Rodrigues y su compañero el padre Garupe), alejados de la civilización conocida para predicar en un extraño país pantanoso en el que hasta ese momento sólo había logrado florecer el budismo, gracias a sus “raíces de agua”. La despiadada lucha por el poder entre distintas religiones, culturas, sociedades, reinos e imperios es el trasfondo de la tragedia que se desencadena cuando los propios japoneses deciden eliminar a los compatriotas cristianos que se niegan a hacer apostasía de su nueva fe. Y en medio de la muerte y de un inmenso dolor humano, el silencio de Dios. El duelo dialéctico entre el joven, bienintencionado e ingenuo sacerdote jesuita (que tanto nos recuerda la personalidad de Cristo en el relato bíblico) y el anciano y sutil inquisidor nipón, resulta inmisericorde. El padre Rodrigues, como antes su maestro el padre Ferreira, finalmente apostata, hereda mujer e hijo de un japonés fallecido, delata a otros cristianos y vive una larga vida. Pero en el momento de su incineración según el rito budista, dentro del tonel-útero vemos entre llamas el pequeño símbolo, un crucifijo, que da a entender que mantuvo en su interior la fe en sus creencias.

Dejando a un lado los intereses comerciales de Hollywood, obviamente no coincidentes con este tipo de cuestiones, nuestro mundo hedonista y tecnológico muestra cada vez menos interés por la religión y por el psiquismo interno de la experiencia religiosa. En Occidente la mayor parte de las personas tiene su mente y su corazón en otros asuntos, en otras películas. Los Papas del Vaticano todavía conservan un gran tirón mediático popular, pero los análisis de autores y artistas como Martin Scorsese interesan a un escaso público. No se trata de proselitismo heterodoxo por una religión concreta, sino de enfocar la fe desde la reflexión cultural y antropológica. Al fin y al cabo, la fe religiosa no es más que una de las muchas formas que adopta la fe humana. Las creencias religiosas son respetables, las creencias humanas inevitables. A poco que hablásemos con el más escéptico, descreído, amoral y ateo de los seres humanos, nos daríamos cuenta del sistema de potentes creencias que le anima, por pequeño que sea. Un sistema integrado por todo aquello que daría por válido, bueno para él, conveniente, acertado o verdadero sin la menor comprobación empírica, ni posibilidad de comprobación, de tales cualidades. La “fe cero” no existe, y de existir sería paralizante. Operar en la realidad requiere algún tipo de creencias, religiosas o laicas. Creer en el hombre, en la razón, en el progreso, en una ideología, en una metodología, en el poder, en el dinero, en alguna persona, en nuestros ideales, proyectos o propias ilusiones, en la utilidad o el sentido de nuestros actos, en uno mismo, etc. Que la religión interese cada vez menos en las sociedades occidentales no es, en principio, algo necesariamente malo. Que sea la cultura la que cada vez interese menos, sin duda sí lo es.

Además de la habitual prolijidad y fronda de imágenes del director de procedencia italo-americana, que hacen demasiado larga la narración incurriendo en reiteraciones innecesarias, hay una segunda razón —a mi juicio de más peso— para que la obra de Scorsese no sea redonda y pueda alcanzar la altura del sobrio misticismo de Ordet (La palabra) (1955), de Carl T. Dreyer, o del vital existencialismo de El séptimo sello (1957), de Ingmar Bergman. El director de Silencio permite que en un momento de su experiencia límite el joven sacerdote jesuita oiga la voz de Dios. Es decir, y aunque sea para pedirle paradójicamente que reniegue de Él a fin de salvar vidas humanas, su Dios le habla. De este modo se rompe la premisa fundamental del discurso narrativo, que además da título esencial a la obra. El silencio desaparece debido de una experiencia extrasensorial ajena a la fisiología cerebral humana que alivia la desesperación y la culpa del protagonista, pero que por contra genera un gran problema al espectador: la inmensa mayoría de los creyentes no accede en su vida real a esa forma de “elevada comunicación”.

Con pleno acierto Scorsese elige un bello icono de Cristo para mostrarlo en la película. El rostro inocente, apenas herido por la tortura física, pintado por El Greco en su cuadro, La Verónica con la Santa Faz (1577-1580), cuya contemplación puede disfrutarse en el Museo de Santa Cruz de Toledo.

¡Feliz Semana Santa!

..

…………………………………….Resultado de imagen de la veronica con la santa faz el greco

.

.

Ver Post >
Igualdad posible
img
Alfredo Barbero | 08-03-2017 | 22:53| 1

Cuando hace aproximadamente 2.000 millones de años la vida realizó una de sus más gloriosas revoluciones dando paso las bacterias a nuevos seres multicelulares que empezaron a utilizar mecanismos de reproducción sexual que han llegado hasta los mamíferos, y alcanzado de pleno al Homo o Mulier Sapiens hace unos 100.000 años, la madre Naturaleza se vio obligada a diseñar estructuras físicas distintas entre el macho y la hembra de cada especie adaptadas al fin reproductivo, con notables repercusiones funcionales en el plano zoológico, y más tarde en el prehistórico, histórico y cultural.

Mediante este larguísimo proceso de “toma de decisiones” adaptativas  por parte de la vida que en cada una de ellas se jugaba su supervivencia, los machos humanos terminaron teniendo más musculosos bíceps, y de más peso, que las hembras. Los mencionados bíceps resultaban muy útiles para cazar mamuts y alimentarse, pero pronto se convirtieron —junto a la necesaria agresividad para dar las órdenes— en un instrumento de poder y dominio del entorno de extraordinaria eficacia, el más rápido y contundente, el más usado.

Durante miles de años, y en la mayor parte del planeta Tierra a día de hoy, los bíceps, la fuerza física  bruta, ha servido como pilar, fundamento y “razón suprema” para organizar y jerarquizar la sociedad de humanos y sus relaciones. Algo que puede parecer sorprendente, pero que entiendo una realidad. Un hecho que no ha sido nada bueno para los hombres, llevados a participar en miles y miles de guerras. Y menos aún para las mujeres sometidas en sus relaciones privadas y sociales al albur de una tosca fuerza muscular.

En busca de la igualdad de derechos y de estatus entre las mujeres y los hombres, Occidente dio pasos importantes en el siglo XX tratando de guiar sus leyes y hábitos de conducta por un principio cultural de racionalidad en vez de por la vieja ley biológica de los bíceps. No obstante, si vemos esta evolución en perspectiva y nos fijamos en cómo están las cosas en pleno siglo XXI fuera del que llamamos “mundo civilizado”, queda claro que el camino no ha hecho más que empezar.

“Día Internacional de la Mujer Trabajadora”, o “Día Internacional de la Mujer”, son términos que tienen ciertas connotaciones políticas y sindicales. Quizá sería mejor llamarlo Día por la Igualdad entre Hombres y Mujeres, o entre Mujeres y Hombres. Un día para que la sociedad civil recuerde simbólicamente lo que quiere que ocurra, y está dispuesta a cumplir, los 365 días del año. La causa de la igualdad —sin caer en fundamentalismos ni igualaciones robóticas— me parece una de las grandes causas culturales del tiempo que nos ha tocado vivir.

La cultura occidental ha pasado a lo largo de su historia por la Grecia clásica, el Renacimiento, la Ilustración y las democracias contemporáneas. No tenemos ninguna razón sólida para pensar que todo el planeta pueda alcanzar algún día nuestro nivel de civilidad, social y legal. Esta idea no pasa de ser más que la formulación de un deseo, ojalá puedan vivirla nuestros descendientes. Pero tanto en las sociedades occidentales que ya hemos dado pasos importantes aunque nos queden otros por dar (igualación en salarios, tareas domésticas, puestos directivos, etc.), como sobre todo en otras sociedades, espero que la causa de la igualdad entre hombres y mujeres siga avanzando históricamente y teniendo éxito. ¡Felices días!

.

Ver Post >
La nieve
img
Alfredo Barbero | 08-03-2017 | 00:39| 0

La pasada nieve que este 2017 empezó a caer junto al Mediterráneo, y la efímera en los Jardines de La Granja del último fin de semana, me han recordado uno de los momentos más reveladores y de doliente belleza de la Literatura que conozco, y también del cine, aquel en que el autor de las palabras, y años después el de las imágenes, la hacen posarse suavemente sobre los vivos y sobre los muertos.

La rápida “epifanía” de James Joyce en el relato final de los quince que componen Dublineses (1914), Los muertos, y la pausada cámara de John Huston en su obra-testamento, Dublineses (1987), hacen el milagro.

De la banalidad bulliciosa y dinámica de una cena de Navidad con invitados, música y baile, ritual que permite reconocer en qué nos convierte la derrota del tiempo y representar, una vez más, nuestro papel ante los otros, al más intenso y autista deseo sexual por completo ignorado, el recuerdo abrupto de un amor juvenil que frustró la muerte, la soledad en que nos dejan el pensamiento, las lágrimas y el sueño de nuestro ser querido, al cansancio infinito de la nieve nocturna que cae silenciosa sobre todos, sobre la ciudad, sobre los campos, y todo lo contempla.

.

Ver Post >
Clásico y popular
img
Alfredo Barbero | 15-01-2017 | 09:22| 0

“General gusto causó el cuento del cabrero a todos los que escuchado le habían;” 

(Quijote, I, 52; RAE, 2015, e-book).

No todos los grandes clásicos de la Literatura son populares. Quienes disfrutan de este rasgo o carácter son minoría. Conocer con amplitud las palabras y los significados, siempre múltiples, transmitir la belleza de su juego casi infinito, crear ritmos, música, mediante una partitura de voces sin límites, percibir la realidad de modo profundo, desde ángulos no usuales, y con humor, tener conocimientos, sentir las emociones en sus pequeños detalles, sobre las propias las ajenas, pensar con sabiduría, ser lúcido, no temer la fantasía, no eludir los hechos, bailar y bailar con libertad en la fiesta de la imaginación.

Si la mayoría de grandes clásicos no populares, además de todo lo anterior, hubiesen dado importancia a la idea de Cervantes seguramente disfrutarían también de ese “sencillo” don de las Musas tan esquivo a los mejores.

.

Ver Post >
¡Viva la Constitución de 1978!
img
Alfredo Barbero | 15-12-2016 | 10:18| 0

La gran Constitución española de 1978 todavía tiene el apoyo de una amplia mayoría de ciudadanos, por fortuna.

Apreciarla hasta el punto de pronunciar públicamente un ¡viva! no me genera el más mínimo reparo. Me cuento entre los miles de españoles de los cuatro puntos cardinales de nuestra geografía que somos convencidos defensores de la Carta Magna. Creo en la Constitución que vi nacer durante mi época universitaria en Salamanca, mientras paseaba por sus calles y Plaza Mayor, asistía a las manifestaciones que “los grises” terminaban convirtiendo en notables pruebas atléticas, iba al cine, y también estudiaba. La generación a la que pertenezco fue testigo privilegiado y directo de su gestación, del proceso de consenso entre las tres Españas, la de “derechas”, la de “izquierdas” y la “nacionalista”, que condujo finalmente tras un oscuro periodo al pacto constitucional con el que pudimos recuperar la concordia entre los españoles y la democracia perdida durante tanto tiempo. Me siento, por estos motivos, intelectual y emocionalmente muy vinculado a la Constitución de 1978.

Los españoles de mi generación conocemos desde su inicio el largo periodo de pazestabilidad, prosperidad económica, desarrollo social, unidad y democracia (imperfecta, subdesarrollada, “partitocrática”, pero a la postre democracia) que hemos tenido durante casi cuatro décadas. Un periodo sin duda histórico por el simple hecho de reunir esas 6 características básicas, que sorprendentemente han sido muy inusuales en la historia de España.

El ahora Premio Nobel de Literatura, Bob Dylan, dice en una de sus canciones que The Times They Are A-Changin’, pero la realidad es que ya lo han hecho, ya han cambiado. La España del siglo XXI y del muy cercano 2017 es otra, mucho más avanzada que la de 1978. En consonancia con ella, y con la nueva etapa política en la que hemos entrado no sin dificultad en el último año pasando de un sistema bipartidista a otro de cuatro influyentes partidos nacionales, se han perfilado tres grandes actitudes políticas respecto a qué hacer con el texto constitucional: 1) apenas modificarlo, sólo en cuestiones como la sucesión monárquica y poco más, 2) hacer una reforma más amplia que incluya una definición territorial del Estado en términos federales explícitos, y 3) incluir en la Constitución el derecho a decidir mediante referéndum la autodeterminación de los territorios, para que de este modo pueda producirse legalmente la ruptura con España (y por tanto, la ruptura de España) que lleva pidiendo sin disimulo desde hace al menos dos años el Gobierno catalán, y quizá próximamente el vasco o el de alguna otra región.

El inminente desafío que tenemos planteado todos los españoles es extraordinario. La estructura política que ha permitido durante casi 40 años nuestra convivencia y progreso está amenazada. Apelar a la generosidad con la que los políticos de la Transición cedieron en sus ideas y aceptaron un pacto común resulta vano por completo. Un pacto como aquel es ahora imposible porque el objetivo de independencia implica la ruptura de todo proyecto conjunto de nación. Aquella generosidad política, por tanto, ha desaparecido.

Tampoco resulta verosímil que a estas alturas el independentismo catalán pueda frenarse mediante una financiación económica “especial”, por muy poderoso que todavía sigue siendo el caballero don Dinero. Se ha dicho en algún medio que la Vicepresidenta del Gobierno, la vallisoletana Soraya Sáenz de Santamaría, cree lo contrario. Y como ella, el gallego Presidente Rajoy. Que todavía creen ambos, uno en Madrid y la otra viajando a la Ciudad Condal, que en el último minuto el “suflé político catalán” se desinflará aplicando por encima una buena capa de pelas (millones de euros) como ha ocurrido en ocasiones anteriores. Que creen que los representantes catalanes están utilizando de nuevo su característica técnica comercial convertida ya en una especie de tradición. Se equivocan. Esta ocasión no es como las anteriores. La dinámica independentista ha alcanzado un punto de no retorno mediante su propio autocontrol. Necesitan, parece incluso a veces que lo estén pidiendo a gritos, un control externo. El Gobierno español da la impresión de no querer reconocer, de hacer como si no existiese, la actual realidad política catalana. Aunque también es posible que lo que esté haciendo sea apurar las últimas oportunidades de negociación que siempre facilita don Dinero antes de verse obligado a adoptar otro tipo de medidas legales. Pronto lo sabremos.

¿Cómo se resuelven las diferencias en una democracia? Pues con democracia, que para eso se ha inventado. Si el consenso entre los representantes políticos de todos los territorios de la nación española ya no es posible, la mayoría democrática de partidos tiene derecho a que se ponga en práctica su pensamiento y su modelo territorial. Y la minoría debiera respetar la regla esencial de la democracia aceptando un modelo distinto al suyo. La “democracia unilateral” no es democracia. Los actos inequívocos, no sólo las palabras, que hasta la fecha han realizado los políticos del Gobierno autónomo de Cataluña demuestran que no aceptan su papel de minoría. Estos políticos, y una buena parte del pueblo catalán inmerso durante décadas en un sistema educativo y mediático autorreferencial, nos han dejado muy claro a todos los españoles en el último bienio que no admiten nada más que sus propias ideas, sus propios sentimientos, su propia legalidad, su propia democracia y su propia identidad, despreciando con una abierta falta de respeto los sentimientos, las ideas, la legalidad constitucional, la democracia y la identidad de los españoles.

Ensimismados como están continúan por su camino de ruptura, aunque la democracia tiene recursos eficaces para que la mayoría haga valer sus derechos frente a las minorías que no la respetan. No puede haber independencia democrática de Cataluña sin un referéndum de todos los ciudadanos españoles que así lo decida. La soberanía y la propiedad pública del territorio español pertenece al conjunto de los ciudadanos de este veterano país. Hasta ahora los españoles hemos tenido mucha paciencia, mucho seny, con el separatismo catalán, que no ha parado en mostrarse con nosotros altanero, faltón e intolerante. Ayer mismo Francesc Homs preguntaba en este habitual tono que ha caracterizado todo el Procés al conocer la decisión del Tribunal Constitucional que anula cautelarmente la convocatoria ilegal de referéndum aprobada por el Parlamento catalán: “¿qué van a hacer, enviar los tanques, la policía, a unos matones?”. No, Sr. Homs, está usted muy equivocado y pronto se dará cuenta. No van a enviar tanques ni matones, ni debiera igualar en su discurso a la Policía y el Ejército democráticos de España y Cataluña con los “matones”. Por favor, no sea tan irrespetuoso. Lo que hará y le va a enviar el Estado de derecho español y el Tribunal Constitucional en nombre de la mayoría de los ciudadanos es un curso práctico de respeto a la legalidad, a la Constitución, a la democracia y a las personas que formamos parte de esta nación llamada España, un curso que se nota le hace mucha falta.

Todos somos iguales ante la Ley, por lo que cuando alguien se la salta es detenido y procesado. Aun siendo político… ¡y aun siendo político catalán! Ninguno de los actuales 17 territorios autónomos puede arrogarse unilateralmente la propiedad y la soberanía de una parte de España. No puede hacerlo Castilla y León, ni Galicia, ni Andalucía, ni Madrid, ni Valencia, ni Castilla-La Mancha, ni Cataluña, etc. De seguir incumpliendo las sentencias del Tribunal Constitucional, la señora Forcadell y otros responsables políticos habrán de ser detenidos y juzgados conforme a la legislación vigente. Y si el Parlamento y el Gobierno catalanes insisten e insisten en saltarse una y otra vez la Ley, las competencias de la Autonomía catalana tendrán que ser anuladas parcial o totalmente por decisión del Gobierno según prevé la Constitución. Si finalmente el empecinamiento del independentismo catalán hace inevitable tomar estas medidas, ojalá que no, el conflicto territorial español dará un salto cualitativo: de una fase sólo declarativa —que resulta ya muy aburrida y cansina— se pasará a otra en la que la imposición del Estado de derecho y de la Ley usando sus medios legítimos de fuerza tendrá un importante papel en defensa de la voluntad democrática de la mayoría de los españoles. En tal caso, no nos quedará otro remedio que aprender a convivir con la situación que tengamos en este soleado, creativo, entretenido y no poco “balcánico” y surrealista país nuestro. ¡Por peores hemos pasado! 

Adolfo Suárez está enterrado junto con su mujer, Amparo Illana, en el claustro de la catedral de Ávila. En la lápida de granito dejaron un epitafio con una sencilla y profunda idea: “La concordia fue posible”. La realidad política actual y la previsible para el próximo año 2017 obliga a preguntarse: ¿por cuánto tiempo? La Constitución de 1978 que tanto bien nos ha hecho probablemente sea reformada mediante un pacto entre tres de los cuatro grandes partidos políticos que ahora hay en España, PP, PSOE y Ciudadanos. Un nuevo pacto o consenso ampliamente mayoritario basado en las actitudes 1) y 2) arriba señaladas. Así lo espero, al menos. Como también deseo que, una vez reformada, nuestra Constitución sea mejor, más fuerte, y siga teniendo larga vida.

.

Ver Post >
Sanidad y educación cubanas
img
Alfredo Barbero | 04-12-2016 | 01:39| 0

Varios amigos y amigas me han dicho que comparten mi reflexión sobre Fidel Castro como tirano “amable” siempre y cuando su entrecomillada amabilidad tenga un sentido irónico, sarcástico o directamente de humor negro, pero no están de acuerdo en cambio con los supuestos logros del Comandante relativos a la educación y la sanidad cubanas. Después de escuchar sus comentarios, he de reconocer que no les faltan razones.

Más allá de la buena tasa de alfabetización y de los porcentajes de población con estudios medios y superiores de los que tanto presume el Régimen cubano, una “educación revolucionaria” cuyo fin pedagógico primordial ha sido el adoctrinamiento en una ideología concreta, el marxismo-comunismo, inoculando a niños y jóvenes su código ético, social y político, está muy lejos de ser el tipo de educación libre, ilustrada, tolerante y diversa que quieren para sus hijos los ciudadanos y partidos progresistas europeos. Muy lejos también fomentar el culto a la personalidad y una adhesión emocional, paternal, al líder vitalicio. Y más lejos aún justificar el uso de la violencia de las armas como medio para alcanzar una sociedad justa e igualitaria, sustituyendo las urnas de la democracia por una “metodología” militar durante casi seis décadas.
El adoctrinamiento en la Cuba del Comandante Fidel no terminaba en las etapas infantil y juvenil, era continuo a lo largo de toda la vida adulta. Su omnipresente verbo en los medios de comunicación estatales, Prensa, radio y TV, complaciéndose en dirigir a la gente largos discursos de propaganda y “asesoramiento colectivo” era garantía de ello. Unos discursos en los que no sólo se inmiscuía en lo que son o debieran ser libres asuntos ideológicos y religiosos de las personas, sino en muchos aspectos de la vida profesional y de las relaciones interpersonales. Seguir con fidelidad esta “filosofía educativa” ha sido imprescindible para ser considerado socialmente como “buen revolucionario”. El cubano que buscase una formación alternativa a la “recomendada” por La Revolución se podía ir preparando, o preparando las maletas.
La sanidad cubana alcanzó en las décadas de los 70 y 80 estándares internacionales que la asemejaban a la sanidad pública de los países europeos y de Canadá. Sin embargo, en los últimos 25 años el modelo cubano no ha podido seguir el ritmo de desarrollo tecnológico y cualificación profesional de estos países. La fama que la sanidad de Cuba todavía mantiene en algunos medios de comunicación de Europa deriva de su pasado, pues el sistema sanitario no ha sido evaluado recientemente de modo fiable. Encarcelar homosexuales no es una gran medida terapéutica. Los indicadores que proporciona la Administración estatal no resultan creíbles. Una auditoría internacional independiente, además de las evaluaciones de la OMS, pondría de manifiesto las distancias que hoy existen respecto de los sistemas públicos occidentales. Y es que sin adecuada financiación no puede haber un Estado del Bienestar de calidad. Fidel siempre tuvo una coartada perfecta en el embargo de EEUU para justificar la pobreza de su país, y no voy a negar que influyera de manera importante. Sin embargo, el siglo XX ha demostrado que los grandes países comunistas, la URSS y China, llegaron también a la pobreza por seguir el camino de la economía planificada de Estado que recomendó Karl Marx (un teórico alemán un tanto cuadriculado). Es este tipo de economía diseñada a escuadra y cartabón por burócratas de oficina y Ministerio la que a lo largo de varias décadas termina empobreciendo un país. Constatación histórica aceptada por la mayor parte de los partidos progresistas europeos, pero que nunca admitirá una persona de ideología marxista-comunista. Fidel no la admitió.
Quienes atribuyen al Comandante el valor simbólico y legendario, romántico, mítico, de encarnar la lucha por la utopía social, los sueños de dignidad, justicia e igualdad entre los hombres, no deben olvidar las palabras ni el pensamiento ilustrado de nuestro genial don Francisco de Goya: el sueño de la razón produce monstruos. En fin, son muchos los hechos y razones para pensar que Fidel Castro fue un dictador, un tirano, y muy pocos para considerarle objetivamente amable.

 

Ver Post >
Un tirano “amable”
img
Alfredo Barbero | 29-11-2016 | 01:05| 0

Con anterioridad a que Clístenes realizase en torno al año 508 a. C. las reformas políticas que habitualmente se consideran el origen histórico de la democracia, la antigua Atenas tuvo otras formas de gobierno como la monarquía, la aristocracia y la tiranía. Los tiranos solían acceder al poder de facto mediante la fuerza de las armas, apoyados unas veces y otras no por el pueblo (demos). Luego, en el ejercicio de su gobierno terminaban siendo odiados, pero algunos consiguieron tener buena fama popular a lo largo de todo su mandato. Pisístrato, por ejemplo, es recordado por su moderación política, por fomentar el comercio y nuevos mercados, por patrocinar las artes y embellecer la ciudad con varios templos.

De entre la multitud de comentarios que tras el fallecimiento de Fidel Castro su obra está suscitando en los medios de comunicación de todo el mundo, de manera emocionalmente muy polarizada tanto a favor como en contra en la mayor parte de los casos, el “diagnóstico político” que me ha parecido más sorprendente es el que ha hecho la directora para las Américas de Amnistía Internacional, Erika Guevara-Rosas, al referirse al Comandante como: “un líder progresista pero profundamente defectuoso”.

Castro llegó al poder en la estela ideológica del marxismo-leninismo de la Revolución Rusa mediante una guerra de guerrillas, instaurando en Cuba una dictadura comunista que ha durado 57 años. Éste es el origen de La Revolución de la que se sentía tan orgulloso. Durante más de medio siglo privó de libertad democrática a todos los ciudadanos, reprimiendo con cárcel a los opositores (además de a los homosexuales “enfermitos”), y obligando a dos millones de compatriotas a tomar el camino del exilio. Hechos que hoy no serían tolerados sino que se rechazarían por completo si ocurriesen en cualquier país europeo democrático actual. El Comandante ha sido “profundamente defectuoso”, esto es indudable, pero el sistema político-militar que ha inoculado a la sociedad cubana durante toda su vida, y la propaganda única de su régimen a través de los medios de comunicación estatales que él mismo encabezaba con sus largos discursos de horas y horas hasta llegar al adormecimiento, nada tiene que ver con el progresismo. Nada que ver tampoco con el progresismo encarcelar a periodistas críticos. El progresismo es otra cosa. Para el progresismo el fin no justifica los medios. No se puede sacrificar la libertad individual y la democracia mediante la imposición militar por razón de conseguir determinadas conquistas sociales o servicios públicos. Una “metodología” antidemocrática y coercitiva nunca es progresista. En la segunda mitad del siglo XX Europa ha demostrado que es posible alcanzar democráticamente un amplio Estado del Bienestar sin recurrir a un sistema político controlado por un Ejército Revolucionario. Los legítimos fines de justicia social e igualdad no exculpan ni justifican a los tiranos, tengan el color que tengan. Dentro del espectro de la ideología de izquierda, Barack Obama, Helmut Schmitt, Mitterrand y Olof Palme fueron progresistas. Lenin, Stalin, El Gran Timonel Mao y Fidel Castro han sido antes que nada tiranos. Por respeto a los primeros no debiéramos confundirles con los segundos, ni tampoco mezclarlos en el mismo grupo de personalidades históricas. Los tiranos suelen tener un gran calado en la Historia, pero esto no les puede equiparar de ninguna manera con los líderes democráticos.

Los dictadores o tiranos modernos, que empezaron a manifestarse ya en el transcurso de la Revolución Francesa, suelen catalogarse ahora como de “extrema derecha” o de “extrema izquierda”. La mayor parte de las veces han sido rechazados por el pueblo, pero algunos -igual que ocurrió en la antigua Atenas- han contado con una muy notable aceptación popular al pacificar territorios, realizar obras públicas, tomar medidas beneficiosas para el conjunto de los ciudadanos, y contar con una cierta capacidad personal de seducción (además de un eficiente aparato represivo, por supuesto). Pudieran llamarse “tiranos amables”, “tiranos protectores” o “tiranos-padre” (que con su habitual longevidad terminan siendo “tiranos-abuelo”). El Líder Eterno de la República, Líder SupremoGran Dirigente y Amado Líder de Corea del Norte, Kim Jong-il, fue uno de ellos. En su última etapa de supuesta “dictablanda”, El Generalísimo y asimismo Caudillo, Franco, contó con el decidido apoyo de un gran número de españoles que agradecían al “abuelo” el desarrollo económico de los 60, la Seguridad Social y los pantanos. La atractiva y torrencial labia caribeña de Fidel, junto a la sanidad y la educación, le sitúan también en este grupo. El Comandante, con su “método político”, creó unos servicios públicos de calidad semejante a los europeos o a los de Canadá en un país mucho más pobre, y sin duda era ocurrente y simpático.

Un tirano puede resultar “amable” favoreciendo social y económicamente a un sector o a la mayoría de la población, pero aun así no deja de ser lo que es. Fidel Castro estaba equivocado, su régimen político ha sido erróneo. A todos nos llega nuestro turno como dijo en una de sus últimas declaraciones públicas, y a él le ha llegado, pero las ideas de los comunistas cubanos no creo que le sobrevivan. ¿Por qué? Por razón de que El Comandante Fidel lo que ha hecho políticamente durante más de medio siglo en Cuba no es ni mucho menos algo propio de un líder progresista, sino de un dictador militar. Su hermano Raúl aparenta llevar ahora otro camino. Recibió muy contento a Barack Obama en la Plaza de la Revolución, y ha manifestado: “hay que relacionarse con todos, comerciar con todos”. Un acuerdo de transición hacia un modelo democrático de partidos con una fuerte impronta socialdemócrata que preserve y mejore la sanidad y la educación públicas, y otros servicios sociales de los cubanos, es posible que haya sido pactado. La tibieza en las declaraciones de muchos líderes democráticos occidentales, incluido Mariano Rajoy, hace pensar que todos quieren tener la fiesta en paz con Cuba, pasar página… y hacer negocios.

No sabemos quién escribirá la Historia en el futuro, pero me parece que no absolverá a Fidel Castro. Se limitará a describir con detalle su obra, demostrando que en el balance la parte “amable” de un tirano nunca puede justificar la otra, la profundamente defectuosa. Y demostrando también con su frío análisis en perspectiva que cosas peores han ocurrido, y ocurrirán, en éste nuestro difícil mundo.
.
.

 

Ver Post >
Académicos
img
Alfredo Barbero | 11-11-2016 | 22:55| 0

Cervantes hace al menos dos grandes parodias en el Quijote: la de los libros de caballerías, y la del mundo académico. Esta última, mucho más breve pero no por ello menos intensa, la lleva a cabo sobre todo en el Prólogo y último capítulo de la Primera Parte, con los sonetos y epitafios de los muy afamados académicos de la Argamasilla, lugar de la Mancha: el Monicongo, el Paniaguado, el Caprichoso, el Burlador, el Cachidiablo y el Tiquitoc.

Gracias al desarrollo de su parodia principal, la de los caballeros andantes, don Miguel nos legó el genial juego dialéctico entre su grandísimo sabio loco, Don Quijote, y su no menos grande sabio pícaro, Sancho Panza. Un alarde de ritmo y belleza lingüísticos, de maestría irónica, y de profundidad emocional y reflexiva. Juego dialéctico, puede entenderse también, entre el mundo de los ideales y de los sueños, y el de los hechos, el universo de la imaginación y la fantasía en fecunda / problemática interacción con la realidad. Su sentido del humor, descontadas las caídas, tortas y golpes que utiliza como recurso primario para conectar con todo tipo de públicos (Chaplin, por ejemplo, hace lo mismo en el cine), es educado, respetuoso, elegante y sutil. Nada que ver, por tanto, con el vulgar cachondeo al que los hispanos somos tan aficionados. La comicidad es continua, pero también lo son las humillaciones y derrotas de Don Quijote, que el autor sabe hacer que nos duelan. Hombre mayor, bueno, digno, sabio e ingenuo, al que con frecuencia vemos ser objeto de burlas y apaleado. El resultado, la escritura, permite aprender deleitándonos sobre lo más hondo de la naturaleza humana, siguiendo de cerca por las ventas y caminos de La Mancha la ruta de los tragicómicos sucesos que jalonan la aventura vital de ambos “héroes”. Y de esta manera representada, la de todos nosotros. Quizá por eso Cervantes sea autor primero en la historia del arte de la Literatura.

Si Cervantes hubiese decidido desarrollar en extenso la parodia del mundo académico, sus pompas, boatos, exhibiciones e imposturas, su vanidad, seguramente también nos habría dejado una gran novela de personajes memorables y no menores aventuras. Prefirió, sin embargo, las ventas y caminos por los que circulan en libertad todo tipo de gentes, antes que los pasillos y bibliotecas de los eruditos sesudos. El ágora antes que la Academia. No vamos a reprocharle ahora esta elección a don Miguel, ni mucho menos. Con su larga parodia de los libros de caballería… ¡nos conformamos!
Hace algunas semanas asistimos en el diario El País a una un tanto penosa algarabía dialéctica entre dos de nuestros actuales “académicos estrella” de la RAE, Arturo Pérez-Reverte y Francisco Rico. ¡Qué tiempos aquellos de los discretos Martín de Riquer y Fernando Lázaro Carreter! He leído con detenimiento los artículos, y me parece que en el fragor de su intercambio público de lindezas ambos se olvidaron de una de las enseñanzas importantes del Quijote que seguro conocen mejor que nadie: que aun no siendo su protagonista un “auténtico” caballero andante, sí es en cambio el hidalgo cervantino todo un caballero.
.
Ver Post >
Sobre el autor Alfredo Barbero
Psiquiatra del Centro de Salud Mental "Antonio Machado" de Segovia