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Igualdad posible
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Alfredo Barbero | 08-03-2017 | 22:53| 1

Cuando hace aproximadamente 2.000 millones de años la vida realizó una de sus más gloriosas revoluciones dando paso las bacterias a nuevos seres multicelulares que empezaron a utilizar mecanismos de reproducción sexual que han llegado hasta los mamíferos, y alcanzado de pleno al Homo o Mulier Sapiens hace unos 100.000 años, la madre Naturaleza se vio obligada a diseñar estructuras físicas distintas entre el macho y la hembra de cada especie adaptadas al fin reproductivo, con notables repercusiones funcionales en el plano zoológico, y más tarde en el prehistórico, histórico y cultural.

Mediante este larguísimo proceso de “toma de decisiones” adaptativas  por parte de la vida que en cada una de ellas se jugaba su supervivencia, los machos humanos terminaron teniendo más musculosos bíceps, y de más peso, que las hembras. Los mencionados bíceps resultaban muy útiles para cazar mamuts y alimentarse, pero pronto se convirtieron —junto a la necesaria agresividad para dar las órdenes— en un instrumento de poder y dominio del entorno de extraordinaria eficacia, el más rápido y contundente, el más usado.

Durante miles de años, y en la mayor parte del planeta Tierra a día de hoy, los bíceps, la fuerza física  bruta, ha servido como pilar, fundamento y “razón suprema” para organizar y jerarquizar la sociedad de humanos y sus relaciones. Algo que puede parecer sorprendente, pero que entiendo una realidad. Un hecho que no ha sido nada bueno para los hombres, llevados a participar en miles y miles de guerras. Y menos aún para las mujeres sometidas en sus relaciones privadas y sociales al albur de una tosca fuerza muscular.

En busca de la igualdad de derechos y de estatus entre las mujeres y los hombres, Occidente dio pasos importantes en el siglo XX tratando de guiar sus leyes y hábitos de conducta por un principio cultural de racionalidad en vez de por la vieja ley biológica de los bíceps. No obstante, si vemos esta evolución en perspectiva y nos fijamos en cómo están las cosas en pleno siglo XXI fuera del que llamamos “mundo civilizado”, queda claro que el camino no ha hecho más que empezar.

“Día Internacional de la Mujer Trabajadora”, o “Día Internacional de la Mujer”, son términos que tienen ciertas connotaciones políticas y sindicales. Quizá sería mejor llamarlo Día por la Igualdad entre Hombres y Mujeres, o entre Mujeres y Hombres. Un día para que la sociedad civil recuerde simbólicamente lo que quiere que ocurra, y está dispuesta a cumplir, los 365 días del año. La causa de la igualdad —sin caer en fundamentalismos ni igualaciones robóticas— me parece una de las grandes causas culturales del tiempo que nos ha tocado vivir.

La cultura occidental ha pasado a lo largo de su historia por la Grecia clásica, el Renacimiento, la Ilustración y las democracias contemporáneas. No tenemos ninguna razón sólida para pensar que todo el planeta pueda alcanzar algún día nuestro nivel de civilidad, social y legal. Esta idea no pasa de ser más que la formulación de un deseo, ojalá puedan vivirla nuestros descendientes. Pero tanto en las sociedades occidentales que ya hemos dado pasos importantes aunque nos queden otros por dar (igualación en salarios, tareas domésticas, puestos directivos, etc.), como sobre todo en otras sociedades, espero que la causa de la igualdad entre hombres y mujeres siga avanzando históricamente y teniendo éxito. ¡Felices días!

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La nieve
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Alfredo Barbero | 08-03-2017 | 00:39| 0

La pasada nieve que este 2017 empezó a caer junto al Mediterráneo, y la efímera en los Jardines de La Granja del último fin de semana, me han recordado uno de los momentos más reveladores y de doliente belleza de la Literatura que conozco, y también del cine, aquel en que el autor de las palabras, y años después el de las imágenes, la hacen posarse suavemente sobre los vivos y sobre los muertos.

La rápida “epifanía” de James Joyce en el relato final de los quince que componen Dublineses (1914), Los muertos, y la pausada cámara de John Huston en su obra-testamento, Dublineses (1987), hacen el milagro.

De la banalidad bulliciosa y dinámica de una cena de Navidad con invitados, música y baile, ritual que permite reconocer en qué nos convierte la derrota del tiempo y representar, una vez más, nuestro papel ante los otros, al más intenso y autista deseo sexual por completo ignorado, el recuerdo abrupto de un amor juvenil que frustró la muerte, la soledad en que nos dejan el pensamiento, las lágrimas y el sueño de nuestro ser querido, al cansancio infinito de la nieve nocturna que cae silenciosa sobre todos, sobre la ciudad, sobre los campos, y todo lo contempla.

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Clásico y popular
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Alfredo Barbero | 15-01-2017 | 09:22| 0

“General gusto causó el cuento del cabrero a todos los que escuchado le habían;” 

(Quijote, I, 52; RAE, 2015, e-book).

No todos los grandes clásicos de la Literatura son populares. Quienes disfrutan de este rasgo o carácter son minoría. Conocer con amplitud las palabras y los significados, siempre múltiples, transmitir la belleza de su juego casi infinito, crear ritmos, música, mediante una partitura de voces sin límites, percibir la realidad de modo profundo, desde ángulos no usuales, y con humor, tener conocimientos, sentir las emociones en sus pequeños detalles, sobre las propias las ajenas, pensar con sabiduría, ser lúcido, no temer la fantasía, no eludir los hechos, bailar y bailar con libertad en la fiesta de la imaginación.

Si la mayoría de grandes clásicos no populares, además de todo lo anterior, hubiesen dado importancia a la idea de Cervantes seguramente disfrutarían también de ese “sencillo” don de las Musas tan esquivo a los mejores.

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¡Viva la Constitución de 1978!
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Alfredo Barbero | 15-12-2016 | 10:18| 0

La gran Constitución española de 1978 todavía tiene el apoyo de una amplia mayoría de ciudadanos, por fortuna.

Apreciarla hasta el punto de pronunciar públicamente un ¡viva! no me genera el más mínimo reparo. Me cuento entre los miles de españoles de los cuatro puntos cardinales de nuestra geografía que somos convencidos defensores de la Carta Magna. Creo en la Constitución que vi nacer durante mi época universitaria en Salamanca, mientras paseaba por sus calles y Plaza Mayor, asistía a las manifestaciones que “los grises” terminaban convirtiendo en notables pruebas atléticas, iba al cine, y también estudiaba. La generación a la que pertenezco fue testigo privilegiado y directo de su gestación, del proceso de consenso entre las tres Españas, la de “derechas”, la de “izquierdas” y la “nacionalista”, que condujo finalmente tras un oscuro periodo al pacto constitucional con el que pudimos recuperar la concordia entre los españoles y la democracia perdida durante tanto tiempo. Me siento, por estos motivos, intelectual y emocionalmente muy vinculado a la Constitución de 1978.

Los españoles de mi generación conocemos desde su inicio el largo periodo de pazestabilidad, prosperidad económica, desarrollo social, unidad y democracia (imperfecta, subdesarrollada, “partitocrática”, pero a la postre democracia) que hemos tenido durante casi cuatro décadas. Un periodo sin duda histórico por el simple hecho de reunir esas 6 características básicas, que sorprendentemente han sido muy inusuales en la historia de España.

El ahora Premio Nobel de Literatura, Bob Dylan, dice en una de sus canciones que The Times They Are A-Changin’, pero la realidad es que ya lo han hecho, ya han cambiado. La España del siglo XXI y del muy cercano 2017 es otra, mucho más avanzada que la de 1978. En consonancia con ella, y con la nueva etapa política en la que hemos entrado no sin dificultad en el último año pasando de un sistema bipartidista a otro de cuatro influyentes partidos nacionales, se han perfilado tres grandes actitudes políticas respecto a qué hacer con el texto constitucional: 1) apenas modificarlo, sólo en cuestiones como la sucesión monárquica y poco más, 2) hacer una reforma más amplia que incluya una definición territorial del Estado en términos federales explícitos, y 3) incluir en la Constitución el derecho a decidir mediante referéndum la autodeterminación de los territorios, para que de este modo pueda producirse legalmente la ruptura con España (y por tanto, la ruptura de España) que lleva pidiendo sin disimulo desde hace al menos dos años el Gobierno catalán, y quizá próximamente el vasco o el de alguna otra región.

El inminente desafío que tenemos planteado todos los españoles es extraordinario. La estructura política que ha permitido durante casi 40 años nuestra convivencia y progreso está amenazada. Apelar a la generosidad con la que los políticos de la Transición cedieron en sus ideas y aceptaron un pacto común resulta vano por completo. Un pacto como aquel es ahora imposible porque el objetivo de independencia implica la ruptura de todo proyecto conjunto de nación. Aquella generosidad política, por tanto, ha desaparecido.

Tampoco resulta verosímil que a estas alturas el independentismo catalán pueda frenarse mediante una financiación económica “especial”, por muy poderoso que todavía sigue siendo el caballero don Dinero. Se ha dicho en algún medio que la Vicepresidenta del Gobierno, la vallisoletana Soraya Sáenz de Santamaría, cree lo contrario. Y como ella, el gallego Presidente Rajoy. Que todavía creen ambos, uno en Madrid y la otra viajando a la Ciudad Condal, que en el último minuto el “suflé político catalán” se desinflará aplicando por encima una buena capa de pelas (millones de euros) como ha ocurrido en ocasiones anteriores. Que creen que los representantes catalanes están utilizando de nuevo su característica técnica comercial convertida ya en una especie de tradición. Se equivocan. Esta ocasión no es como las anteriores. La dinámica independentista ha alcanzado un punto de no retorno mediante su propio autocontrol. Necesitan, parece incluso a veces que lo estén pidiendo a gritos, un control externo. El Gobierno español da la impresión de no querer reconocer, de hacer como si no existiese, la actual realidad política catalana. Aunque también es posible que lo que esté haciendo sea apurar las últimas oportunidades de negociación que siempre facilita don Dinero antes de verse obligado a adoptar otro tipo de medidas legales. Pronto lo sabremos.

¿Cómo se resuelven las diferencias en una democracia? Pues con democracia, que para eso se ha inventado. Si el consenso entre los representantes políticos de todos los territorios de la nación española ya no es posible, la mayoría democrática de partidos tiene derecho a que se ponga en práctica su pensamiento y su modelo territorial. Y la minoría debiera respetar la regla esencial de la democracia aceptando un modelo distinto al suyo. La “democracia unilateral” no es democracia. Los actos inequívocos, no sólo las palabras, que hasta la fecha han realizado los políticos del Gobierno autónomo de Cataluña demuestran que no aceptan su papel de minoría. Estos políticos, y una buena parte del pueblo catalán inmerso durante décadas en un sistema educativo y mediático autorreferencial, nos han dejado muy claro a todos los españoles en el último bienio que no admiten nada más que sus propias ideas, sus propios sentimientos, su propia legalidad, su propia democracia y su propia identidad, despreciando con una abierta falta de respeto los sentimientos, las ideas, la legalidad constitucional, la democracia y la identidad de los españoles.

Ensimismados como están continúan por su camino de ruptura, aunque la democracia tiene recursos eficaces para que la mayoría haga valer sus derechos frente a las minorías que no la respetan. No puede haber independencia democrática de Cataluña sin un referéndum de todos los ciudadanos españoles que así lo decida. La soberanía y la propiedad pública del territorio español pertenece al conjunto de los ciudadanos de este veterano país. Hasta ahora los españoles hemos tenido mucha paciencia, mucho seny, con el separatismo catalán, que no ha parado en mostrarse con nosotros altanero, faltón e intolerante. Ayer mismo Francesc Homs preguntaba en este habitual tono que ha caracterizado todo el Procés al conocer la decisión del Tribunal Constitucional que anula cautelarmente la convocatoria ilegal de referéndum aprobada por el Parlamento catalán: “¿qué van a hacer, enviar los tanques, la policía, a unos matones?”. No, Sr. Homs, está usted muy equivocado y pronto se dará cuenta. No van a enviar tanques ni matones, ni debiera igualar en su discurso a la Policía y el Ejército democráticos de España y Cataluña con los “matones”. Por favor, no sea tan irrespetuoso. Lo que hará y le va a enviar el Estado de derecho español y el Tribunal Constitucional en nombre de la mayoría de los ciudadanos es un curso práctico de respeto a la legalidad, a la Constitución, a la democracia y a las personas que formamos parte de esta nación llamada España, un curso que se nota le hace mucha falta.

Todos somos iguales ante la Ley, por lo que cuando alguien se la salta es detenido y procesado. Aun siendo político… ¡y aun siendo político catalán! Ninguno de los actuales 17 territorios autónomos puede arrogarse unilateralmente la propiedad y la soberanía de una parte de España. No puede hacerlo Castilla y León, ni Galicia, ni Andalucía, ni Madrid, ni Valencia, ni Castilla-La Mancha, ni Cataluña, etc. De seguir incumpliendo las sentencias del Tribunal Constitucional, la señora Forcadell y otros responsables políticos habrán de ser detenidos y juzgados conforme a la legislación vigente. Y si el Parlamento y el Gobierno catalanes insisten e insisten en saltarse una y otra vez la Ley, las competencias de la Autonomía catalana tendrán que ser anuladas parcial o totalmente por decisión del Gobierno según prevé la Constitución. Si finalmente el empecinamiento del independentismo catalán hace inevitable tomar estas medidas, ojalá que no, el conflicto territorial español dará un salto cualitativo: de una fase sólo declarativa —que resulta ya muy aburrida y cansina— se pasará a otra en la que la imposición del Estado de derecho y de la Ley usando sus medios legítimos de fuerza tendrá un importante papel en defensa de la voluntad democrática de la mayoría de los españoles. En tal caso, no nos quedará otro remedio que aprender a convivir con la situación que tengamos en este soleado, creativo, entretenido y no poco “balcánico” y surrealista país nuestro. ¡Por peores hemos pasado! 

Adolfo Suárez está enterrado junto con su mujer, Amparo Illana, en el claustro de la catedral de Ávila. En la lápida de granito dejaron un epitafio con una sencilla y profunda idea: “La concordia fue posible”. La realidad política actual y la previsible para el próximo año 2017 obliga a preguntarse: ¿por cuánto tiempo? La Constitución de 1978 que tanto bien nos ha hecho probablemente sea reformada mediante un pacto entre tres de los cuatro grandes partidos políticos que ahora hay en España, PP, PSOE y Ciudadanos. Un nuevo pacto o consenso ampliamente mayoritario basado en las actitudes 1) y 2) arriba señaladas. Así lo espero, al menos. Como también deseo que, una vez reformada, nuestra Constitución sea mejor, más fuerte, y siga teniendo larga vida.

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Sanidad y educación cubanas
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Alfredo Barbero | 04-12-2016 | 01:39| 0

Varios amigos y amigas me han dicho que comparten mi reflexión sobre Fidel Castro como tirano “amable” siempre y cuando su entrecomillada amabilidad tenga un sentido irónico, sarcástico o directamente de humor negro, pero no están de acuerdo en cambio con los supuestos logros del Comandante relativos a la educación y la sanidad cubanas. Después de escuchar sus comentarios, he de reconocer que no les faltan razones.

Más allá de la buena tasa de alfabetización y de los porcentajes de población con estudios medios y superiores de los que tanto presume el Régimen cubano, una “educación revolucionaria” cuyo fin pedagógico primordial ha sido el adoctrinamiento en una ideología concreta, el marxismo-comunismo, inoculando a niños y jóvenes su código ético, social y político, está muy lejos de ser el tipo de educación libre, ilustrada, tolerante y diversa que quieren para sus hijos los ciudadanos y partidos progresistas europeos. Muy lejos también fomentar el culto a la personalidad y una adhesión emocional, paternal, al líder vitalicio. Y más lejos aún justificar el uso de la violencia de las armas como medio para alcanzar una sociedad justa e igualitaria, sustituyendo las urnas de la democracia por una “metodología” militar durante casi seis décadas.
El adoctrinamiento en la Cuba del Comandante Fidel no terminaba en las etapas infantil y juvenil, era continuo a lo largo de toda la vida adulta. Su omnipresente verbo en los medios de comunicación estatales, Prensa, radio y TV, complaciéndose en dirigir a la gente largos discursos de propaganda y “asesoramiento colectivo” era garantía de ello. Unos discursos en los que no sólo se inmiscuía en lo que son o debieran ser libres asuntos ideológicos y religiosos de las personas, sino en muchos aspectos de la vida profesional y de las relaciones interpersonales. Seguir con fidelidad esta “filosofía educativa” ha sido imprescindible para ser considerado socialmente como “buen revolucionario”. El cubano que buscase una formación alternativa a la “recomendada” por La Revolución se podía ir preparando, o preparando las maletas.
La sanidad cubana alcanzó en las décadas de los 70 y 80 estándares internacionales que la asemejaban a la sanidad pública de los países europeos y de Canadá. Sin embargo, en los últimos 25 años el modelo cubano no ha podido seguir el ritmo de desarrollo tecnológico y cualificación profesional de estos países. La fama que la sanidad de Cuba todavía mantiene en algunos medios de comunicación de Europa deriva de su pasado, pues el sistema sanitario no ha sido evaluado recientemente de modo fiable. Encarcelar homosexuales no es una gran medida terapéutica. Los indicadores que proporciona la Administración estatal no resultan creíbles. Una auditoría internacional independiente, además de las evaluaciones de la OMS, pondría de manifiesto las distancias que hoy existen respecto de los sistemas públicos occidentales. Y es que sin adecuada financiación no puede haber un Estado del Bienestar de calidad. Fidel siempre tuvo una coartada perfecta en el embargo de EEUU para justificar la pobreza de su país, y no voy a negar que influyera de manera importante. Sin embargo, el siglo XX ha demostrado que los grandes países comunistas, la URSS y China, llegaron también a la pobreza por seguir el camino de la economía planificada de Estado que recomendó Karl Marx (un teórico alemán un tanto cuadriculado). Es este tipo de economía diseñada a escuadra y cartabón por burócratas de oficina y Ministerio la que a lo largo de varias décadas termina empobreciendo un país. Constatación histórica aceptada por la mayor parte de los partidos progresistas europeos, pero que nunca admitirá una persona de ideología marxista-comunista. Fidel no la admitió.
Quienes atribuyen al Comandante el valor simbólico y legendario, romántico, mítico, de encarnar la lucha por la utopía social, los sueños de dignidad, justicia e igualdad entre los hombres, no deben olvidar las palabras ni el pensamiento ilustrado de nuestro genial don Francisco de Goya: el sueño de la razón produce monstruos. En fin, son muchos los hechos y razones para pensar que Fidel Castro fue un dictador, un tirano, y muy pocos para considerarle objetivamente amable.

 

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Un tirano “amable”
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Alfredo Barbero | 29-11-2016 | 01:05| 0

Con anterioridad a que Clístenes realizase en torno al año 508 a. C. las reformas políticas que habitualmente se consideran el origen histórico de la democracia, la antigua Atenas tuvo otras formas de gobierno como la monarquía, la aristocracia y la tiranía. Los tiranos solían acceder al poder de facto mediante la fuerza de las armas, apoyados unas veces y otras no por el pueblo (demos). Luego, en el ejercicio de su gobierno terminaban siendo odiados, pero algunos consiguieron tener buena fama popular a lo largo de todo su mandato. Pisístrato, por ejemplo, es recordado por su moderación política, por fomentar el comercio y nuevos mercados, por patrocinar las artes y embellecer la ciudad con varios templos.

De entre la multitud de comentarios que tras el fallecimiento de Fidel Castro su obra está suscitando en los medios de comunicación de todo el mundo, de manera emocionalmente muy polarizada tanto a favor como en contra en la mayor parte de los casos, el “diagnóstico político” que me ha parecido más sorprendente es el que ha hecho la directora para las Américas de Amnistía Internacional, Erika Guevara-Rosas, al referirse al Comandante como: “un líder progresista pero profundamente defectuoso”.

Castro llegó al poder en la estela ideológica del marxismo-leninismo de la Revolución Rusa mediante una guerra de guerrillas, instaurando en Cuba una dictadura comunista que ha durado 57 años. Éste es el origen de La Revolución de la que se sentía tan orgulloso. Durante más de medio siglo privó de libertad democrática a todos los ciudadanos, reprimiendo con cárcel a los opositores (además de a los homosexuales “enfermitos”), y obligando a dos millones de compatriotas a tomar el camino del exilio. Hechos que hoy no serían tolerados sino que se rechazarían por completo si ocurriesen en cualquier país europeo democrático actual. El Comandante ha sido “profundamente defectuoso”, esto es indudable, pero el sistema político-militar que ha inoculado a la sociedad cubana durante toda su vida, y la propaganda única de su régimen a través de los medios de comunicación estatales que él mismo encabezaba con sus largos discursos de horas y horas hasta llegar al adormecimiento, nada tiene que ver con el progresismo. Nada que ver tampoco con el progresismo encarcelar a periodistas críticos. El progresismo es otra cosa. Para el progresismo el fin no justifica los medios. No se puede sacrificar la libertad individual y la democracia mediante la imposición militar por razón de conseguir determinadas conquistas sociales o servicios públicos. Una “metodología” antidemocrática y coercitiva nunca es progresista. En la segunda mitad del siglo XX Europa ha demostrado que es posible alcanzar democráticamente un amplio Estado del Bienestar sin recurrir a un sistema político controlado por un Ejército Revolucionario. Los legítimos fines de justicia social e igualdad no exculpan ni justifican a los tiranos, tengan el color que tengan. Dentro del espectro de la ideología de izquierda, Barack Obama, Helmut Schmitt, Mitterrand y Olof Palme fueron progresistas. Lenin, Stalin, El Gran Timonel Mao y Fidel Castro han sido antes que nada tiranos. Por respeto a los primeros no debiéramos confundirles con los segundos, ni tampoco mezclarlos en el mismo grupo de personalidades históricas. Los tiranos suelen tener un gran calado en la Historia, pero esto no les puede equiparar de ninguna manera con los líderes democráticos.

Los dictadores o tiranos modernos, que empezaron a manifestarse ya en el transcurso de la Revolución Francesa, suelen catalogarse ahora como de “extrema derecha” o de “extrema izquierda”. La mayor parte de las veces han sido rechazados por el pueblo, pero algunos -igual que ocurrió en la antigua Atenas- han contado con una muy notable aceptación popular al pacificar territorios, realizar obras públicas, tomar medidas beneficiosas para el conjunto de los ciudadanos, y contar con una cierta capacidad personal de seducción (además de un eficiente aparato represivo, por supuesto). Pudieran llamarse “tiranos amables”, “tiranos protectores” o “tiranos-padre” (que con su habitual longevidad terminan siendo “tiranos-abuelo”). El Líder Eterno de la República, Líder SupremoGran Dirigente y Amado Líder de Corea del Norte, Kim Jong-il, fue uno de ellos. En su última etapa de supuesta “dictablanda”, El Generalísimo y asimismo Caudillo, Franco, contó con el decidido apoyo de un gran número de españoles que agradecían al “abuelo” el desarrollo económico de los 60, la Seguridad Social y los pantanos. La atractiva y torrencial labia caribeña de Fidel, junto a la sanidad y la educación, le sitúan también en este grupo. El Comandante, con su “método político”, creó unos servicios públicos de calidad semejante a los europeos o a los de Canadá en un país mucho más pobre, y sin duda era ocurrente y simpático.

Un tirano puede resultar “amable” favoreciendo social y económicamente a un sector o a la mayoría de la población, pero aun así no deja de ser lo que es. Fidel Castro estaba equivocado, su régimen político ha sido erróneo. A todos nos llega nuestro turno como dijo en una de sus últimas declaraciones públicas, y a él le ha llegado, pero las ideas de los comunistas cubanos no creo que le sobrevivan. ¿Por qué? Por razón de que El Comandante Fidel lo que ha hecho políticamente durante más de medio siglo en Cuba no es ni mucho menos algo propio de un líder progresista, sino de un dictador militar. Su hermano Raúl aparenta llevar ahora otro camino. Recibió muy contento a Barack Obama en la Plaza de la Revolución, y ha manifestado: “hay que relacionarse con todos, comerciar con todos”. Un acuerdo de transición hacia un modelo democrático de partidos con una fuerte impronta socialdemócrata que preserve y mejore la sanidad y la educación públicas, y otros servicios sociales de los cubanos, es posible que haya sido pactado. La tibieza en las declaraciones de muchos líderes democráticos occidentales, incluido Mariano Rajoy, hace pensar que todos quieren tener la fiesta en paz con Cuba, pasar página… y hacer negocios.

No sabemos quién escribirá la Historia en el futuro, pero me parece que no absolverá a Fidel Castro. Se limitará a describir con detalle su obra, demostrando que en el balance la parte “amable” de un tirano nunca puede justificar la otra, la profundamente defectuosa. Y demostrando también con su frío análisis en perspectiva que cosas peores han ocurrido, y ocurrirán, en éste nuestro difícil mundo.
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Académicos
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Alfredo Barbero | 11-11-2016 | 22:55| 0

Cervantes hace al menos dos grandes parodias en el Quijote: la de los libros de caballerías, y la del mundo académico. Esta última, mucho más breve pero no por ello menos intensa, la lleva a cabo sobre todo en el Prólogo y último capítulo de la Primera Parte, con los sonetos y epitafios de los muy afamados académicos de la Argamasilla, lugar de la Mancha: el Monicongo, el Paniaguado, el Caprichoso, el Burlador, el Cachidiablo y el Tiquitoc.

Gracias al desarrollo de su parodia principal, la de los caballeros andantes, don Miguel nos legó el genial juego dialéctico entre su grandísimo sabio loco, Don Quijote, y su no menos grande sabio pícaro, Sancho Panza. Un alarde de ritmo y belleza lingüísticos, de maestría irónica, y de profundidad emocional y reflexiva. Juego dialéctico, puede entenderse también, entre el mundo de los ideales y de los sueños, y el de los hechos, el universo de la imaginación y la fantasía en fecunda / problemática interacción con la realidad. Su sentido del humor, descontadas las caídas, tortas y golpes que utiliza como recurso primario para conectar con todo tipo de públicos (Chaplin, por ejemplo, hace lo mismo en el cine), es educado, respetuoso, elegante y sutil. Nada que ver, por tanto, con el vulgar cachondeo al que los hispanos somos tan aficionados. La comicidad es continua, pero también lo son las humillaciones y derrotas de Don Quijote, que el autor sabe hacer que nos duelan. Hombre mayor, bueno, digno, sabio e ingenuo, al que con frecuencia vemos ser objeto de burlas y apaleado. El resultado, la escritura, permite aprender deleitándonos sobre lo más hondo de la naturaleza humana, siguiendo de cerca por las ventas y caminos de La Mancha la ruta de los tragicómicos sucesos que jalonan la aventura vital de ambos “héroes”. Y de esta manera representada, la de todos nosotros. Quizá por eso Cervantes sea autor primero en la historia del arte de la Literatura.

Si Cervantes hubiese decidido desarrollar en extenso la parodia del mundo académico, sus pompas, boatos, exhibiciones e imposturas, su vanidad, seguramente también nos habría dejado una gran novela de personajes memorables y no menores aventuras. Prefirió, sin embargo, las ventas y caminos por los que circulan en libertad todo tipo de gentes, antes que los pasillos y bibliotecas de los eruditos sesudos. El ágora antes que la Academia. No vamos a reprocharle ahora esta elección a don Miguel, ni mucho menos. Con su larga parodia de los libros de caballería… ¡nos conformamos!
Hace algunas semanas asistimos en el diario El País a una un tanto penosa algarabía dialéctica entre dos de nuestros actuales “académicos estrella” de la RAE, Arturo Pérez-Reverte y Francisco Rico. ¡Qué tiempos aquellos de los discretos Martín de Riquer y Fernando Lázaro Carreter! He leído con detenimiento los artículos, y me parece que en el fragor de su intercambio público de lindezas ambos se olvidaron de una de las enseñanzas importantes del Quijote que seguro conocen mejor que nadie: que aun no siendo su protagonista un “auténtico” caballero andante, sí es en cambio el hidalgo cervantino todo un caballero.
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Fiesta Nacional
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Alfredo Barbero | 13-10-2016 | 22:27| 0

España está atravesando una rara etapa histórica. “Rara”, al menos, para la Generación del Consenso de 1978 que, tras un largo y oscuro periodo, vivimos con ilusión en nuestra juventud -en mi caso, como estudiante universitario en Salamanca- la reconciliación de las “tres Españas” sobre las que habíamos oído hablar alguna vez de tapadillo (los libros oficiales de Historia no tenían libertad para hacerlo): la de derechas, la de izquierdas y, no la de los intelectuales, que siempre han sido un grupo minoritario, sino la del nacionalismo. Mediante aquel histórico pacto de consenso se consiguió con el esfuerzo de todos una muy diversa unidad territorial y democrática.

Han pasado ya casi 40 años de un periodo de estabilidad, paz y prosperidad como hacía mucho tiempo que no se conocía en este país, y del que nos hemos beneficiado todos los españoles. Ahora, no sabemos si por azar de las nuevas circunstancias políticas o por un destino antropológico e histórico de esta “balcánica” península del sur de Europa, algunos quieren dividir la nación española. Dividirla, o dejar que se rompa mediante el egoísta ejercicio de la “democracia unilateral”: unos cuantos ciudadanos tendrían derecho a votar sobre la que sienten y consideran como “su nación”, pero el resto de ciudadanos no sobre la que sentimos y consideramos como nuestra. La mayor parte de los políticos catalanes actuales cree a pie juntillas, dogmáticamente, que el derecho a decidir sólo les corresponde a los ciudadanos de aquel territorio, mientras que los demás españoles no lo tenemos.

Quienes nos sentimos intelectual y emocionalmente vinculados a nuestra veterana patria común y a la Constitución de 1978, pienso que estamos llamados ante el actual desafío y amenaza de división de España a defender ambas con firmeza y serenidad desde la sociedad civil, apoyando las leyes que protegen los derechos igualitarios, y los sentimientos, de la mayoría de los españoles.

Si esta nada fácil empresa común sigue teniendo éxito y se prolonga, más adelante habrá ocasión de debatir y decidir qué día puede ser más apropiado para celebrar una fiesta de la nación española que, por razón de la aconfesionalidad del Estado y del carácter fundamentalmente civil que tiene la democracia, no debiera coincidir con marcados eventos de tipo religioso ni militar. La celebración del día de la Virgen del Pilar merece todo el respeto sobre la base de la libertad de creencias y cultos tradicionales, y también lo merece que desfile airosamente la Legión junto a su lúdica mascota el día de las Fuerzas Armadas, pero ni lo uno ni lo otro debiera coincidir con la Fiesta de la Nación Española. Dando por hecho, por supuesto, que en el futuro tenga algún sentido que un día así se celebre.

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El WhatsApp
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Alfredo Barbero | 21-09-2016 | 14:28| 0

[Entrevista semi-imaginaria]

Quedan ya muy pocos días, ocurrirá el próximo 25, para saber qué hará finalmente Mark Zuckerberg con los clientes que no acepten las nuevas condiciones de privacidad y de intercambio de información entre su mundialmente famosa aplicación de mensajería, WhatsApp, y su no menos famosa mundialmente red social, Facebook. La duda es inevitable: ¿inundará más de publicidad a quienes acepten sus condiciones o a los que no las acepten…?

Este precoz empresario norteamericano, considerado como Persona del Año por la revista Time en 2010 y como el multimillonario más joven del mundo por la revista Forbes, no terminó su carrera universitaria en Harvard al ser acusado de “hackear” después de un enfado adolescente la web de la ilustre institución académica publicando de manera no autorizada imágenes de sus compañeras. Lo cual no le ha impedido en absoluto convertirse en uno de los seres humanos más poderosas e influyentes del planeta. Todo lo contrario.

El WhatsApp hizo furor desde el principio en la mediterránea, muy locuaz y comunicativa España. Ante este hecho, me he puesto en contacto con el gran experto mundial, Mercury Messenger, Jefe del Departamento de Psicología de la Vida Cotidiana en la Universidad Fast Rabbit (California), que está realizando un nuevo estudio de próxima e instantánea difusión internacional a través de Internet.

—En principio lo vamos a llamar: “Características cualitativas, y otras características, de la comunicación interpersonal en grupo a través de Whatsapp”, pero no sabemos cómo terminará el asunto.

De lo que se trata, según el profesor Messenger, es de arrojar un poco de luz humanista sobre las nuevas tecnologías de la comunicación, si es que esto es posible.

—Queremos conocer qué opinan los adultos de todas las razas, edades, niveles económicos, religiones, ideologías y prejuicios. Nuestra investigación es seria. Queremos saber cómo estas tecnologías influyen en sus vidas, cómo las modifican. Hasta qué punto generan cualificaciones fiables, trabajos, amistades y enemistades, parejas y divorcios. No queremos centrarnos sólo en el mundo de los adolescentes, aunque a veces el comportamiento de unos y de otros sea indistinguible.

—¿Qué quiere decir con eso?

—La comunicación por Whatsapp sin duda tiene grandes ventajas, la instantaneidad y la simultaneidad comunicativa con muchas personas en cualquier lugar del mundo, la interconexión de entornos laborales, la proximidad a la familia, a los amigos, es algo asombroso, no tiene precedentes, pero también está empezando a poner de manifiesto algunos problemas.

—¿Cuáles…?

—A usted mismo le habrá pasado, a veces los mensajes llegan cuando estamos en el servicio haciendo alguna necesidad fisiológica, o cocinando, o haciendo sexo, o cuando tenemos un horrible dolor de cabeza. Son algunos ejemplos, ya me entiende. Esto impide contestar en ese momento, y luego, cuando intentas responder, han surgido en el chat nuevos mensajes y temas que vuelven viejos en un pispás los anteriores, y hacen casi imposible retroceder en el diálogo. Por otra parte, si pretendemos responder “todo a todos” se producirán efectos claramente adversos.

—Ponga algún ejemplo de esos posibles efectos.

—Un exponencial crecimiento de la tasa comunicativa hasta alcanzar un nivel inabordable e interminable. Quiero decir, hablar y hablar sin parar. En la vida real hasta ahora nunca nadie había ido a todos los sitios con varios grupos de personas a cuestas, si se me permite expresarlo así (familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc.). Éste es el que hemos llamado “efecto mochila”. También se puede producir un uso adictivo que nos lleve a gastar más y más horas conectados, restando tiempo a las otras actividades de la que hasta ahora considerábamos “una vida normal”. O un trastorno del control de los impulsos del tipo de la tricotilomanía, que consiste en tirarse de los pelos.

—¡No nos asuste!

—Estamos hablando de cosas muy serias entre bromas y veras. Me refiero al “phubbing” (incomunicación y menosprecio en un grupo de personas que en vez de hablar entre ellas cada una utiliza por su lado el móvil), “nomofobia” (miedo a no tener el móvil disponible o a quedarse sin batería), “ciberbullying” (acoso escolar mediante mensajes agresivos, intimidatorios o difamatorios), “FOMO” (ansiedad al pensar que podríamos habernos perdido algún mensaje importante o algún suceso muy seguido en las redes), “vibración fantasma” o síndrome de la “llamada imaginaria” (por el que cualquier pequeño ruido o roce se interpreta como un sonido o vibración procedente del teléfono), “sexting” (envío de mensajes, fotos o videos de contenido sexual que después pueden ser utilizados como chantaje), “whatsappitis” (tendinitis o artritis de la muñeca y de las falanges), “iposture” (encorvamiento prolongado de la columna vertebral al volcar la cabeza sobre la pantallita), etc.

El profesor Messenger se queda un rato pensativo.

—Cuando se lleva usando durante un cierto tiempo hay gente que empieza a sentir que necesita defenderse del Whatsapp, que el Whatsapp puede convertirse en un enemigo muy absorbente y poderoso, como una madre posesiva…

—¿Y qué ocurre entonces?

—Hay quien lo deja y se sale de los chats porque literalmente se pone de los nervios, no resiste ese continuo vaivén de información, esa fronda de mensajes, el bullicio, ese voraz consumo de tiempo. Y menos aún las vibraciones y los soniquetes. ¡Todavía existen en este planeta personas de pocas palabras a las que les gusta el silencio! Otros, pasado el efecto novedad al cabo de un tiempo, terminan aburriéndose. Para los que continúan, es habitual que muchos mensajes y miembros del chat a los que te gustaría haber contestado al final se queden sin respuesta. Quedan, como si dijéramos, “en el aire”. Da un poco de pena. Unas veces se quedan en el aire un@s, y otras, otr@s. Va por turnos, pero le toca a todo el mundo. Es una especie de “comunicación interruptus”.

—¿Y esto es malo?

—Bueno, no necesariamente. Tengo una sensación parecida cuando viajo por el sur de Europa: Grecia, Nápoles, Cádiz. La gente habla mucho y en grupo, las palabras se cruzan entre unas personas y otras, vuelan de aquí para allá, cada cual saca su tema, o varios temas, ¿cómo dicen ustedes…? “cada loco con su tema”, aparentemente estamos en medio de un caos comunicativo, pero, oh sorpresa, resulta que… ¡SE ENTIENDEN!

—¡Increíble!

—Lo puede creer. Vaya sino una mañana al barrio de la Viña a comprobarlo. Y de paso tómese unas acedías, que están estupendas. Es sin duda una maravilla del lenguaje y de la mente humana. Quizá estemos ante la mayor traslación histórico-lingüística de la cultura mediterránea a la anglosajona. Y todo gracias a estos vivaces intercambios electrónicos casi infinitos.

—Los adultos, que tienen experiencia, supongo que asumirán mejor que los adolescentes la “comunicación interruptus”.

—Pues no. La ventaja de los adolescentes es que han mamado este tipo de comunicación, nacen con el smartphone bajo el brazo, matan zombis en los videojuegos a velocidad de vértigo. Para ellos es algo natural. Ni las interrupciones, ni esa jerga de abreviaturas, ni la mezcla de palabras en español e inglés, ni los emoticonos (que son como ideogramas egipcios elementales), parece que les molesten lo más mínimo. El caso es estar conectado. Aunque todavía no sabemos lo que les ocurrirá a medio y largo plazo. No es lo mismo conectarse a un libro que a un smartphone, por muy “smart” que la empresa que lo vende diga que es. Mediante sus usos habituales, un teléfono inteligente puede estar usted seguro que no convertirá en cultas ni inteligentes a las personas que lo utilizan. Los libros, en cambio, ayudan más en este sentido.

—Muchas gracias por su claridad científica, profesor Messenger.

—No hay de qué, son cosas prácticamente de sentido común, y en EEUU tenemos buena financiación para investigar todo el tiempo que queramos.

—Me despido desde España, que en este ratito de conversación ya se me han acumulado 47 WhatsApps.

—¡Qué me va usted a contar a mí!

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Olimpiadas
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Alfredo Barbero | 23-08-2016 | 21:26| 0

En las Olimpiadas Internacionales de Ciencias compiten cada año los mejores estudiantes de cada país poniendo en juego sus conocimientos sobre varias disciplinas científicas: Física, Matemáticas, Astronomía, Química, Informática y Biología. Y también sobre Historia, Filosofía, Lingüística o Ajedrez. Estas Olimpiadas del conocimiento no tienen ni una décima parte siquiera de la repercusión mediática que tienen las Olimpiadas deportivas, no son un “espectáculo planetario” con vistosas y millonarias ceremonias de apertura y de clausura, pero los jóvenes que participan en ellas lo hacen también con la mayor de las ilusiones.

El espíritu de lucha y competición, el agón, fue una de las principales señas de identidad de la cultura griega antigua y clásica, y desde entonces lo ha sido de la civilización Occidental. Eurípides, Sófocles y Esquilo compitieron en numerosas ocasiones, y hasta avanzada edad, en las “olimpiadas” teatrales de las Grandes Dionisias de Atenas. La mente debía desarrollarse al menos tanto como el cuerpo, pensamiento e imaginación tenían igual importancia que la fuerza de los músculos. Estos veteranos poetas -exactamente igual que los jóvenes que participaban en las competiciones atléticas- ganaron algunas veces, y otras perdieron. Antígona luchó contra Creonte, su tío, por defender el derecho a honrar la memoria de su hermano muerto, y por decir sus ideas públicamente. Perdió ante el tirano, pero ganó ante quienes durante más de dos mil años hemos tenido la fortuna de escuchar sus palabras.

El espíritu competitivo y el afán por el conocimiento científico que surgió en la ciudad jonia de Mileto en el siglo VI a.C. con los pensadores llamados “físicos”, fue desplazándose con el paso del tiempo hacia el centro de Europa, hacia la zona de influencia anglosajona. A partir de la segunda mitad del siglo XX y hasta nuestros días, según reflejan los rankings de las mejores universidades y centros de investigación del mundo, el epicentro está situado en EEUU. Y es probable que en el siglo XXII se desplace hacia el continente asiático. La vieja Europa ha terminado por dejarse imbuir en exceso de la filosofía helenística que apareció en Grecia en una época posterior de crisis de valores. Europa se ha transformado, alejándose de su origen. Los europeos nos hemos vuelto cómodos, escépticos, reposados y muy hedonistas. Puede afirmarse en efecto que Europa, no sólo Suiza, es un “gran balneario”. Algo que ha ocurrido de manera especial aquí, en el Sur, en el Mediterráneo, en el lugar donde irónicamente nació enérgico el agón griego, el espíritu de competición y lucha occidental.

España ha conseguido 17 medallas en los Juegos Olímpicos de Río 2016 que acaban de terminar. Hoy han vuelto a pisar suelo patrio muchos de nuestros atletas. Felicidades para todos, pueden sentirse orgullosos de su esfuerzo.

Sabemos de sobra que a los españoles es difícil ganarnos y sacarnos del podio en asuntos como clima, playa, sol, gastronomía, siesta, fútbol y proclividad al humor y la juerga. Es dificilísimo superarnos en hedonismo físico y emocional. En atletismo tenemos que mejorar para los próximos Juegos Olímpicos. Y en cuestiones del conocimiento, también, también.

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Sobre el autor Alfredo Barbero
Psiquiatra del Centro de Salud Mental "Antonio Machado" de Segovia