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Autor: AlfredoBarbero
El porvenir de una ilusión
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Alfredo Barbero | 14-11-2017 | 11:59| 0

Los líderes independentistas catalanes han empezando a reconocer que necesitan más tiempo para materializar su deseo, que no es momento de hacerlo. ¡Sorprendente!

Dicen ahora, sin que sepamos qué sistema de contabilidad de votos han utilizado en las últimas 48 horas para anular el sagrado mandato del pueblo catalán que según ellos surgió del ‘referéndum’ del 1 de Octubre, que en realidad no hay una mayoría de catalanes que apoye la independencia (!). Y que tampoco ellos están preparados, una vez proclamada, para dar continuidad y contenidos reales a la República independiente de Cataluña (!).

Unas declaraciones que ayer nos sorprendieron mucho, sobre todo porque son ciertas.

Trasladarse a una realidad fantaseada guiados por un deseo y una emocionalidad genuinos, pero primarios, no regulados ambos mínimamente por los principios de realidad y de alteridad, negando de manera sistemática la realidad tangible de los otros (emocional, histórica, social, política y legal) porque no coincidía con su propio deseo, era evidente que sólo podía conducir donde les ha conducido: primero, al menosprecio hacia España y los españoles en tono de superioridad; luego, a la empecinada obstinación, casi fanática, por lograr su propósito, sin importarles lo más mínimo romper un veterano país europeo; y finalmente, al Juzgado.

El reconocimiento de la realidad política de la nación histórica que es España (de la que, aunque no les guste ni lo deseen, Cataluña viene formando parte al menos desde hace 500 años) supone una magnífica evolución psíquica del núcleo de liderazgo, de poder o director del independentismo catalán. Un núcleo del que seguramente el patriarca Pujol no debe andar muy lejos. No es ni mucho menos descartable la intuición o hipótesis de que algún pequeño ‘dios’ o ‘sagrada familia’ decidiese tras su caída hace unos cuantos años disfrutar de uno de los placeres más divinos: la venganza.

La evolución del núcleo líder o director del independentismo catalán abre nuevos caminos y posibilidades para el pacto, la negociación y el diálogo políticos dentro del marco constitucional, con arreglo al apoyo democrático que el conjunto de los españoles queramos dar a cada una de las opciones que los partidos nos propongan. Una magnífica evolución psíquica siempre y cuando sea auténtica, sincera, y no una nueva simulación táctica para volver dentro de poco a las andadas.

Desde el comienzo del Procés sus líderes han demostrado una extraordinaria irresponsabilidad, manipulando la Historia, adoctrinando a los niños en los colegios, a los adultos en los medios públicos de comunicación, exacerbando el legítimo sentimiento nacionalista catalán hasta el punto de sacarlo fuera del contexto de realidad y de legalidad, vendiendo como meta posible algo que unilateralmente nunca podía alcanzarse, e inoculando la idea de un nuevo país que iba a ser aceptado por Europa. Todo lo cual ha hecho vivir a muchos catalanes de buena fe un sueño, un espejismo, una vana ilusión.

Los múltiples y muy reales ‘procés’ abiertos con la querella de la Fiscalía General del Estado (por presuntos delitos de rebelión, sedición, malversación y otros), y el cese en pleno del Govern catalán mediante el artículo 155 de la Constitución aplicado en legítima defensa de la democracia de todos, han conseguido que por primera vez en muchos años algunos líderes del independentismo catalán empiecen a poner los pies en el suelo. A partir de ahora tienen la oportunidad de corregir su actitud respecto de sus votantes, si entienden que en buena medida les han manipulado, mentido o engañado. Tienen un mes y una semana hasta las próximas Elecciones para aterrizar, para bajar de la nube. Por ejemplo, podrían reconducir sus mensajes mostrándose favorables a un diálogo político que reivindique su sentimiento nacional dentro del marco de la Constitución y la legalidad españolas, que por los cauces democráticos establecidos pueden reformarse. Una vez perdido el miedo y comprobada la eficacia del artículo 155, aplicarlo en caso de reincidencia será más rápido y fácil. Ya veremos lo que deciden hacer los líderes del independentismo, igual que lo van a ir viendo los jueces del Tribunal Supremo.

Y también tienen la oportunidad personal de corregir, si lo estiman benéfico y saludable para sí mismos, su propio más que probable autoengaño.

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La ‘locura’ de Dalí
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Alfredo Barbero | 02-11-2017 | 10:36| 0

I. Inteligencia / Impotencia. Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech fue una persona muy inteligente. No siempre un gran talento artístico coincide con una gran inteligencia lógica y racional, por lo que es obligado hacer esta primera consideración. Aunque no dispongamos de una medición clínica mediante test de su Cociente Intelectual (CI), los complejos textos ensayísticos que escribió son indicativos de una inteligencia muy dotada. Para algunos críticos su talento literario era incluso mayor que su talento plástico o pictórico, sin que esta apreciación haya sido utilizada por todos los que la han hecho como un modo indirecto de menospreciar el segundo. En el plano sexual, por el contrario, Dalí tuvo pronto serios problemas en relación a su capacidad. Desde niño estuvo angustiado por miedos e inhibiciones que influyeron mucho en la vida sexual que practicó. Con cierta frecuencia, las personas mantienen oculta a su círculo íntimo una parte de la actividad sexual que realizan. No se conocen documentos que lo acrediten, sólo hay opiniones de personas que participaron en las fiestas privadas de Port Lligat, pero al parecer Dalí tuvo una fobia que le producía impotencia eréctil tanto para el coito vaginal como para el anal (quizá ésta sea la razón del reciente fracaso de la ciudadana medium o vidente gerundense, Pilar Abel, en la demanda de paternidad que interpuso y condujo en medio de los calores del pasado verano a exhumar y tomar varias muestras biológicas de los restos del pintor, levantando con la custodia de los Mossos d’ Esquadra la losa de una tonelada y media bajo la que está enterrado en un ataúd de metacrilato, previa instalación de una carpa opaca para que ningún dron pudiese sacar imágenes no autorizadas por encima de la gran cúpula de cristal por debajo de la que está la sepultura del cadáver embalsamado cuyo buen estado de conservación confirmó la Alcaldesa de Figueres, todo lo cual seguramente habría hecho las delicias del irónico don Salvador). Sus preferencias sexuales conocidas eran la masturbación y el voyeurismo. Desde que Lorca se enamoró de él no dejó de coquetear con la homosexualidad, aunque se duda mucho que realmente fuese homosexual. Ninguno de estos comportamientos, que sepamos, fue tratado clínicamente, pero todos ellos tuvieron reflejo en el simbolismo sexual de sus cuadros (tan distinto de la sexualidad abierta, primaria, desinhibida y hedonista de Picasso). El Arte le sirvió a Dalí, entre otras muchas cosas, para expresar, canalizar y disfrazar sus conflictos sexuales. Fue también, sin duda, una forma de terapia. 

 

II. Psicosis / RazónDalí empezó a reverenciar a Sigmund Freud desde que leyó con 19 años, y una juvenil credulidad, La interpretación de los sueños. Freud se convirtió en su primer padre intelectual, la fuente de los conceptos de su plástica surrealista. La lectura de los textos del médico vienés fue para Dalí la base de un proceso continuo de ‘interpretaciones artísticas’ de sus propias experiencias mentales. A su vez, interpretó también ‘de modo artístico’ las hipótesis psicoanalíticas de Freud. Su desbordante imaginación iconográfica dejó plasmados en sus lienzos todos estos procesos. El entendimiento que Dalí hizo del creador del psicoanálisis fue del todo libérrimo. Para Freud los artistas eran un subtipo de “neuróticos” que tenían la capacidad de transformar sus síntomas en una actividad o resultado llamados Arte, y los surrealistas en concreto unos desinhibidos neuróticos que interpretaban alocadamente su teoría psicoanalítica. Un año antes de morir aceptó ver a Dalí en Londres para escuchar sus experiencias psíquicas, interpretaciones e ideas. A pesar de sus “cándidos ojos de fanático” no le causó mala impresión intelectual, pero no asumió ningún tipo de terapia. Las auto-interpretaciones que de continuo hacía Dalí dieron lugar a la invención de un singular método creativo que llamó “método paranoico-crítico”, basado en la asociación de sus imágenes oníricas con ciertas percepciones e intuiciones cognitivas que tenía en periodo de vigilia. Era una especie de epifánico encuentro entre el mundo racional y el irracional. En su ensayo, El mito trágico de ´El Angelus´ de Millet, describe en qué consiste este método que construyó al menos en parte imitando a Lidia Noguer, una enferma psicótica de Cadaqués cuyo discurso dislógico lleno de sorprendentes hallazgos lingüísticos y asociativos cautivaba a Dalí.

 

III. Histeria / AmorDalí fue un niño mimado que muy pronto aprendió con sus ruidosas rabietas que podía llamar la atención y salirse con la suya. La madre, por el deseo de tener una niña, vistió a Dalí con ropa femenina hasta que nació su hermana Ana María. Esto le atrajo mucho. Disfrazarse de modo llamativo se convirtió en uno de sus pasatiempos favoritos. En especial le gustaba disfrazarse de Rey, con peluca, corona, manto de armiño y cetro dorado, para ser el centro de todas las miradas. De este modo se sentía querido, afirmaba su identidad ante los demás y vencía una intensa timidez. Ya en la edad adulta exageró deliberadamente hasta la caricatura los rasgos histriónicos y narcisistas que nunca dejó de tener, con su bigote de langosta, barretina, ojos saltones y enfática prosodia. En relación a su personalidad el papel de Gala fue complejo y benefactor. Aceptó y estimuló su mundo artístico, apaciguando muchas de sus angustias. Gala ayudó a Dalí a superar temores, pero al mismo tiempo a permanecer instalado en su “neuroticismo” al comprender que éste era la fuente primordial de su capacidad creativa. Con toda razón Dalí la consideraba su Musa. Y la idolatrada Musa, mujer práctica ante todo, se ocupó de obtener a cambio numerosas compensaciones de tipo económico y sexual. 

 

IV. Simulación / Negocio. El sumo pontífice del surrealismo, André Breton, se vengó de Dalí por haber transgredido la ortodoxia surrealista adjudicándole el calificativo de “Avida Dollars” que se hizo mundialmente famoso. Bien consciente y buen conocedor del Gran Teatro del Mundo, Dalí sumó a su natural histrionismo un notabilísimo implemento de teatralidad interesada que buscaba llenar la cartera de modo fácil. La popularidad a través de los medios de comunicación, en especial de la TV, mostrándose como un personaje excéntrico y lunático le proporcionó sustanciosos beneficios económicos. Pero en el fondo de todo ese montaje bufo casi siempre había una burla y una crítica inteligentes, tanto respecto del Arte y del show-business en que una buena parte del Arte contemporáneo se ha convertido, como del gigantesco circo mediático en el que todos o casi todos, aunque sólo sea como espectadores, hemos terminado participando y que Internet no ha hecho sino multiplicar. Su ideología política y coqueteo con Franco y el franquismo siempre han sido muy controvertidos al entenderse que sus llamativas declaraciones no eran sólo teatrales, pero más allá de la literalidad de las mismas también puede detectarse una forma de soterrada o surreal burla de shakespeariano bufón hacia el valleinclanesco Generalito

 

V. ‘Diagnóstico’Dalí bien pudo autodiagnosticarse del mismo modo en que lo hizo Hamlet: “Sólo estoy loco al Nor-noroeste, cuando sopla viento Sur sé distinguir un halcón de una paloma”. No lo hizo así, pero utilizó una forma de negación quizá aún más ingeniosa: “La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco”. Bueno, si por loco entendemos psicótico, Dalí, en efecto, no estaba psicótico. Pero lo que sí podríamos decir es que gracias a su talento artístico e inteligencia consiguió elaborar una de las más extravagantes y creativas ‘personalidades’ de las que tenemos noticia. Y lo hizo, además, cobrando. Si visitan el Teatro-Museo de Figueras o el Museo Reina Sofía de Madrid quizá puedan salir de dudas sobre su activa mente catalana y española, universal, sobre las interioridades del que quizá sea ‘El Bosco’ del Arte contemporáneo. O quizá sus dudas no hagan sino aumentar.

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Salud mental
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Alfredo Barbero | 10-10-2017 | 10:45| 0

Cientos, miles de personas con enfermedad mental en España y en todo el mundo luchan de manera admirable cada día por sobreponerse a los síntomas de las dolencias psíquicas, convivir con el propio sufrimiento, integrarse en trabajos y entornos de relación social, normalizar su tiempo, tener proyectos, aceptar límites, disfrutar de actividades diversas, del contacto personal, con familiares, con amigos, hablar, amar, reír, manteniendo una emocionante luz de esperanza en la vida que es una gran lección para todos.

Gracias.

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España como nación
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Alfredo Barbero | 19-09-2017 | 8:03| 0

Según la 23.ª edición del Diccionario de la lengua española (DLE, 2014; el antiguo DRAE, Diccionario de la Real Academia Española, de anteriores ediciones), la palabra ‘nación’ significa:

 

Del lat. natio, -ōnis ‘lugar de nacimiento’, ‘pueblo, tribu’.   

1. f. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo Gobierno.
2. f. Territorio de una nación.
3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.
4. f. coloq. p. us. nacimiento (‖ acto de nacer). Ciego de nación.
5. m. despect. Arg. p. us. Hombre natural de una nación, contrapuesto al natural de otra.

de nación
1. loc. adj. U. para dar a entender el origen de alguien, o de dónde es natural.

 

Partiendo de esta definición y acepciones del Diccionario, en el contexto histórico del golpe catalán todavía en marcha contra la democracia, la nación y el Estado españoles, hace unos días mantuve con un amigo y colega, buen lector y conocedor de la Historia, un animado debate sobre la época en la que pudo haber surgido la ‘nación española’. O si se prefiere, España como nación.

 

Coincidimos de inmediato en el tiempo limitado que tienen los procesos históricos, no hay ninguno eterno ni tampoco los historiadores han comprobado que existan ‘unidades de destino en lo universal’, pero a diferencia de lo que ocurre con las personas, que nacemos un día concreto de un mes concreto en un año concreto, no resulta fácil establecer el momento en el que ‘nacen’ las construcciones culturales, políticas y sociales, en general, ni las relacionadas con la ‘identidad nacional’, en particular.

 

En el intercambio de datos e ideas llegamos a plantear seis hipótesis en nuestro intento —ya les adelanto que fallido— por resolver la duda sobre la época histórica a partir de la cuál a España se la puede considerar ‘una nación’:

 

1. Hipótesis prehistórica (basada fundamentalmente en el componente geográfico o territorial, en la vinculación a la madre tierra, en los grupos que vivieron antes que nosotros en el mismo lugar en el que ahora vivimos nosotros): adoptando esta perspectiva, España sería España desde los primeros poblamientos de seres humanos. Por tanto, los geniales pintores de la cueva de Altamira de hace unos 17.000 años BP (Before Present), de los que se dice que Picasso afirmó que después de ellos en el Arte todo ha sido decadencia, ¡en cierto modo eran ya… ‘españoles’!

 

2. Hipótesis romana: Roma aportó al territorio que llamó Hispania uno de los componentes culturales que definen la civilización occidental, el componente greco-latino, unidad en toda la península, una red de obras de ingeniería y comunicaciones, organización política, un importantísimo corpus de leyes y nuestra lengua madre, el latín. Todas estas características supusieron un salto cualitativo respecto de la etapa prehistórica y la posterior etapa de tribus celtíberas, vacceas, vettonas, lusitanas, cántabras, etc. dispersas por la península que los griegos llamaron antes Iberia. Tras dos siglos de resistencia y encarnizadas luchas de las tribus contra el civilizatorio invasor, el territorio se convirtió en una notable provincia del Imperio Romano. Se podría tomar como referencia temporal simbólica del sometimiento y consiguiente asimilación de la cultura, por ejemplo, la de la construcción del acueducto de Segovia a principios del siglo II d. C., según la última datación. ¡La Hispania Romana sería así, por vez primera hace unos 2.000 años, la ‘civilizada nación’ España!

 

3. Hipótesis renacentista: la reunificación del territorio bajo signo identitario y cultural cristiano realizada durante los siglos medievales de ‘reconquista’ por gentes de los Reinos autóctonos (conscientes de esta identidad frente a la de la nueva ‘cultura invasora’ musulmana, y a diferencia también de la falta de conciencia de identidad propia de aquellos a quienes los romanos llamaban hispanos), que fue culminada por Fernando II de Aragón en 1512 al anexionar el Reino de Navarra, último Reino independiente, a la Corona de Castilla (la titular legítima de esta Corona era su hija, Juana I, confinada en Tordesillas), con el posterior nombramiento testamentario al fallecer en 1516 de su nieto, Carlos I de España, como Rey de un territorio unitario que a partir de entonces será conocido en toda Europa con el nombre de Monarquía Católica o Monarquía Hispánica, supuso finalizar el larguísimo proceso de integración del segundo componente cultural que define a la civilización occidental, el cristiano. Los componentes culturales greco-latino y cristiano culminaron en este momento histórico su fusión. ¡España sería, pues, un territorio reunificado con conciencia de ‘nación occidental’ desde hace 5 siglos (501 ó 505 años)!

 

4. Hipótesis borbónica: hasta la aplicación tras la Guerra de Sucesión Española del último de los Decretos de Nueva Planta en 1716 por el Borbón vencedor, Felipe V (precisamente al Principado de Cataluña, que había apoyado a su rival, el Archiduque Carlos de Austria, y que tanto entonces como en la época de los antiguos Reinos medievales, siendo Condado o Condados, fue un territorio que estuvo siempre supeditado a la Corona de Aragón), no había existido durante los 2 siglos de Monarquía Hispánica unidad administrativa ni legal, sino múltiples fueros, leyes y privilegios. ¡España como ‘nación político-administrativa’ tendría por tanto 301 años de Historia!

 

5. Hipótesis constitucional decimonónica: aunque se entienda que ‘nación’ o ‘sentimiento’ y ‘conciencia nacional’ es una cosa, y ‘nacionalismo’ otra (este último tuvo su época de esplendor a lo largo del siglo XIX y principios del XX con la creación de los actuales ‘Estados-nación’), son las Revoluciones Americana y Francesa las que empiezan a poner fin al ‘viejo régimen’ monárquico activando los procesos nacionalistas e introduciendo el concepto de soberanía popular en los nuevos textos constitucionales. En España, la Constitución de las Cortes de Cádiz en 1812, la Pepa, recoge por primera vez (de manera parcial, pues el poder ejecutivo seguía en manos del Rey) este nuevo logro histórico. ¡La ‘nación española constituyente’ tendría 205 años!

 

6. Hipótesis democrática: hasta la Constitución republicana de 1931 no se reconoció en ninguno de la casi decena de intentos realizados a lo largo del siglo XIX entre proyectos, nuevas Constituciones y Constituciones no promulgadas, que la soberanía pertenece por completo a los ciudadanos, al pueblo (la Constitución norteamericana hizo este reconocimiento en… ¡1787! ratificado luego con rapidez en cada Estado en nombre de We the People, Nosotros el Pueblo, a diferencia de las enormes resistencias y dificultades durante nada menos que dos siglos, el XIX y el XX, que tuvimos en España para implantar las mismas ideas en nuestro sistema político de Poder). Tras cinco años de vida, se produjo la Guerra Civil y el lamentable paréntesis democrático a que dio lugar el general Franco. Hasta que varias décadas después vimos nacer la Constitución de 1978. ¡España como ‘nación democrática’ tiene tan sólo 44 años!

 

En fin, en el diálogo hicimos interpretaciones muy distintas, pero creo que no somos los únicos en reflejar la diversidad de puntos de vista sobre nuestro país. Entre los expertos, hispanistas e historiadores, y entre los ciudadanos, seguro que hay muchas otras opiniones y criterios.

 

Volvamos a lo que dice el Diccionario de la lengua española. Si tener un Gobierno propio (se entiende que autónomo —no confundir con autonómico—, soberano al 100%) es un criterio exigible para considerar a una ‘nación’ como tal, según la acepción 1, Cataluña ni es una nación ni lo ha sido nunca. Si nos guiamos por la etimología (lugar de nacimiento, pueblo, tribu) y por las acepciones 2, 3 y 4, entonces no sólo Cataluña sino centenares o miles de territorios en Europa y en todo el mundo podrían reclamarse como ‘naciones’.

 

El ‘nacimiento’ de una larga construcción cultural, histórica, social, política, legal, militar, lingüística, cognitiva y emocional es muy complejo, aunque ningún país pone en duda hoy día que España es una veterana nación histórica y una joven nación democrática. El sujeto de la soberanía popular somos todos los ciudadanos. Es natural, por tanto, que quienes nos reconocemos identitariamente como españoles —a partir de un momento u otro de la Historia no es lo más importante— no queramos que nadie rompa nuestra nación. Y menos aún de manera unilateral y antidemocrática, sin tener el mínimo respeto de contar con nosotros. La democracia es para todos, la veteranía un valioso grado. El paso del tiempo, la Historia, tiene la poderosa capacidad de conciliar e integrar pretéritos contrarios. Quienes en determinados momentos han sido dolorosos rivales, invasores o enemigos, pueden terminar siendo parte fundamental de nosotros mismos. La cultura suaviza y difumina los límites temporales precisos, los principios y los finales, incluyendo la temporalidad de dinámicas y procesos concretos en otras más amplias, de mayores dimensiones. Un grave conflicto capaz de absorber el total de nuestra energía provocando rechazo y odio, puede pasar sereno, sintónico, a nuestra memoria. La guerra deja paso a la adaptación, el choque de identidades al mosaico de identidades. Las aportaciones culturales que después de los romanos hicieron en España los visigodos y otros pueblos centro-europeos, así como el enorme y precioso bagaje cultural que trajo y nos dejó Al-Ándalus, forman ya, junto con las de los pobladores anteriores y posteriores, antepasados en la misma madre tierra, parte esencial de la identidad individual y colectiva que tenemos. La Alhambra de Granada no es menos nuestra que la catedral de León, las ciudades griega y romana de Ampurias, la Universidad de Salamanca, la Sinagoga del Tránsito de Toledo o el Guggenheim de Bilbao. No sólo en el relato del pasado, en el diálogo del presente también cabemos todos.     

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¡Viva el referéndum! (2)
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Alfredo Barbero | 05-09-2017 | 8:30| 0

A lo largo del verano, en algún breve descanso de la playa o tertulia con familiares y amigos, hemos seguido intentando entender por qué los independentistas catalanes se han empeñado en quitarnos a todos los españoles (“robarnos”, dirían ellos) el derecho democrático a decidir y autodeterminarnos sobre nuestra nación, España.

 

En sus declaraciones políticas han dejado claro que quieren hacer un referéndum sólo para ellos. No quieren que votemos juntos el día 1 de octubre, no hemos sido invitados. Que la mayoría de los ciudadanos españoles no podamos votar sobre el futuro de nuestra nación les da igual, no les importa nada. El complejo de superioridad que desde hace al menos dos años vienen demostrando en un poco educado tono burlón, muy alejado del clásico y elegante seny que tuvieron antaño, supone una grave falta de respeto hacia el conjunto de los ciudadanos —que hemos tenido hasta la fecha una paciencia infinita—, y es antidemocrático.

 

España es una nación, un territorio unificado con 500 años de complicada Historia común, pero aun así común, que a partir de la Constitución de 1978 está reconocida como legítima nación democrática por todos los países del mundo, los civilizados y los menos civilizados, y en todas las organizaciones y foros internacionales de los que formamos parte.

 

España puede ser un Estado autonómico, un Estado federal, un Estado centralizado, quizá un Estado plurinacional, multinacional o una ‘nación de naciones’ (si se nos explica en qué consiste este tipo de naciones y de Estados), incluso podría ser un Estado con nuevas fronteras, pero todo ello siempre y cuando así lo decidamos por mayoría en referéndum todos los españoles. ¡Esto es democracia!

 

El planteamiento político que de facto vienen haciendo los independentistas catalanes es justo lo contrario: referéndum para nosotros sí, pero para vosotros no; nosotros tenemos derecho a votar y autodeterminarnos, vosotros no lo tenéis, quedaos mirando. O dicho de otra forma: nos da exactamente igual lo que la mayoría de vosotros sienta u opine, nos da igual lo que diga la Constitución democrática y la legalidad españolas, y tampoco nos importa lo más mínimo el largo camino histórico que hemos recorrido: estamos decididos a romper el pasado, el presente y el futuro de este país para tener uno propio… ¡una actitud unilateral claramente antidemocrática de pretendida imposición de una minoría sobre la mayoría!

 

Un desafío tan frontal y descarado a la Ley, a los ciudadanos de una de las más veteranas naciones europeas, y a una legítima Constitución democrática, es un caso aislado de empecinada irracionalidad política en el entorno de los países occidentales del siglo XXI. Es decir, igual que ya lo hicimos con la Transición desde una dictadura militar a la democracia en 1978, el próximo día 1 de octubre de 2017 el Gobierno español y sus aliados de la oposición tienen una oportunidad única para hacer de nuevo Historia en positivo: con una respuesta legal, tranquila, madura, proporcionada, clara, firme y constitucional, a la altura de la circunstancia que nos está tocando vivir. La feliz etapa del consenso entre ‘las tres Españas’ (la de izquierdas, la de derechas y la nacionalista o independentista) que trajo la democracia, la paz y la prosperidad que hemos tenido durante los últimos 40 años está muy claro que ha pasado ya definitivamente a la Historia, pero un acuerdo básico mayoritario entre partidos de derecha, centro e izquierda actuales para que no se rompa ilegalmente la nación todavía es posible.   

 

No sabemos si tras firmar la ‘ley de convocatoria del Referéndum’ y la ‘ley fundacional de la República’ se producirán inhabilitaciones o detenciones múltiples además de sustanciosas multas, no sabemos si los servicios de inteligencia, la Guardia Civil o la Policía han localizado el lugar en el que supuestamente están escondidas las urnas (lo que permitiría su embargo público antes del día 1), pero en un proceder democrático eficaz por parte de los políticos y de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado en defensa de nuestra democracia y de nuestra nación creo que confiamos, a día de hoy, la gran mayoría de los españoles.

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Sobre el autor Alfredo Barbero
Psiquiatra del Centro de Salud Mental "Antonio Machado" de Segovia