El Norte de Castilla
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Autor: AlfredoBarbero
Cataluña
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Alfredo Barbero | 11-01-2018 | 11:09| 0

Don Quijote recibe en Cataluña un importante baño de realidad. Allí se inicia el proceso de recuperación de su cordura, de su sentido común.

Cuatro acontecimientos tendrán gran importancia en el referido proceso: 1) su derrota en la playa de Barcelona ante el desconocido Caballero de la Blanca Luna, que le impone volver a su lugar, 2) la persecución de las cuatro galeras que le estaban homenajeando a un bergantín avistado desde Monjuí, 3) el impacto que produce en el caballero andante su encuentro con el bandolero Roque Guinart, identificado con el famoso e histórico bandolero catalán, Perot Roca Guinarda (o Rocaguinarda), y 4) la ‘muerte real’ y violenta de cuatro personajes, un joven amante, un bandolero y dos soldados.

Pero vayamos por partes.

En el Capítulo LIX Don Quijote conoce la existencia de un ‘falso yo’, de una narración impostada por un “historiador nuevo” del mundo real que ha usurpado sus aventuras y, lo que es peor, sus caracteres psicológicos, para amoldarlos a su entender. Un ‘historiador’ bien distinto del sutil, irónico y muy ponderado Cide Hamete Benengeli. Nos referimos al supuesto licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, que se declara natural de Tordesillas y dice haber escrito el que llama Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en Tarragona, año 1614. Don Quijote se enfada y decide ir a Barcelona en vez de a las justas de Zaragoza a las que había acudido su imitador para demostrar que él es el auténtico y verdadero personaje. El falso Don Quijote vive en otro mundo literario. Vive, según piensa el muy certero Cide Hamete, en un torpe mundo de la imaginación, pobre de letras, aunque rico de simplicidades.

“Era fresca la mañana y daba muestras de serlo asimesmo el día en que don Quijote salió de la venta, informándose primero cuál era el más derecho camino para ir a Barcelona…”

El académico, cervantista y profesor, Martín de Riquer, dejó escrito que en este Capítulo LX comienza “la última fase de la novela, muy distinta a las otras (…) Hasta ahora, todos los personajes que han ido surgiendo eran imaginarios y producto de la fantasía y el arte del autor (…) En tierras catalanas, DQ hace una incursión en la historia de su tiempo.”

Muy cerca ya de la ciudad, al pie de unos árboles bajo los que habían dormido y de los que colgaban ahorcados un grupo de bandoleros, les rodeó al amanecer una cuadrilla de más de cuarenta vivos. Su capitán era Roque Guinart, un bandolero catalán histórico, que llegó poco después. “Se nos muestra no sólo una realidad, sino unos hechos que apasionaban y trascendían el fenómeno del bandolerismo. Y más aún sabiéndolo un mal endémico en Cataluña (…) Cervantes vuelve a recordarnos que los bosques y campos catalanes estaban infestados de cuadrillas de salteadores y la particular naturaleza del bandolerismo catalán, dividido en dos bandos. Todo ello, además, comportó una particular escisión de la sociedad catalana e incidió en la estructura del poder, que se resintió de la influencia de las facciones, que colocaban valedores entre la burocracia e incluso intentaban influir en el propio virrey” (M. de Riquer).

Desde un primer momento, el aplomo, firmeza, discurso lúcido, hechos y continuas aventuras de Roque dejan a Don Quijote sorprendido y admirado. Es como si su propia identidad de caballero andante y sus aventuras quedasen de pronto pequeñas comparadas con las del bandolero. La realidad supera a la ficción. Cide Hamete Benengeli, flor de los historiadores, muestra también su admiración por el nuevo personaje y escribe: “Mandó traer allí delante todos los vestidos, joyas y dineros y todo aquello que desde la última repartición habían robado; y haciendo brevemente el tanteo, volviendo lo no repartible y reduciéndolo a dineros, lo repartió por toda su compañía, con tanta legalidad y prudencia, que no pasó un punto ni defraudó nada de la justicia distributiva.”  Y Sancho añade: “Según lo que aquí he visto, es tan buena la justicia, que es necesaria que se use aun entre los mesmos ladrones.” Roque Guinart toma la delantera a Don Quijote y pasa a ser el protagonista principal de la novela, tanto en la aventura de los trágicos amores entre Claudia Jerónima y don Vicente Torrellas (la infortunada muerte de don Vicente es la primera ‘muerte real’ que se describe en la novela), como en la del asalto y robo al coche de doña Guiomar de Quiñones, mujer del regente de la Vicaría de Nápoles, a dos capitanes de infantería, y a dos peregrinos que se dirigían a Roma. Don Quijote desempeña en estas aventuras un “papel de simple espectador” (M. de Riquer). Las pocas y breves invocaciones que hace de su idealizada identidad e invencible fuerza no tienen eco, son retóricas, permaneciendo pasivo y al margen de las acciones que llevan a cabo los demás personajes. Roque despierta el respeto y alabanza de todos cuando pide bastante menos dinero del que llevan doña Guiomar y los capitanes, entregando  diez escudos a los peregrinos y reservando otros diez para Sancho Panza, a fin de resarcirle del intento de “espulgar al rucio” que hizo su cuadrilla antes de que él llegase. Uno de los bandoleros le reprocha este proceder en voz alta. Rocaguinarda empuña la espada y abre casi en dos partes la cabeza del importuno crítico. “Pasmáronse todos”, incluido Don Quijote, con esta segunda muerte violenta ‘real’ de la novela, pero nadie dice ni hace nada. Tampoco el afamado caballero.

El bandolero Roque Guinart deja de noche en mitad de la playa de Barcelona a Don Quijote y Sancho la víspera de San Juan. Se abrazan y despiden con afecto, y al poco amanece. “Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes: vieron el mar, hasta entonces dellos no visto; parecioles espaciosísimo y largo, harto más que las lagunas de Ruidera que en la Mancha habían visto.” Contemplaron las cuatro galeras que allí había. De la ciudad salió un tropel de caballeros sobre hermosos caballos. Sonaban trompetas, clarines y chirimías. El caballero don Antonio Moreno, amigo de Roque, les ofreció hospitalidad en su casa, que estaba en una de las principales calles. Don Antonio tenía “relaciones con personajes influyentes de la Corte. En otras palabras, el caballero barcelonés es un logrado reflejo de la protección que algunos nobles (aristócratas arruinados, segundones, caballeros ricos, intrigantes…) dispensaban a los delincuentes” (M. de Riquer). Una tarde les llevó a ver las galeras del puerto que vigilaban y protegían la ciudad, “cuando dijo el marinero: señal hace Monjuí de que hay bajel de remos en la costa por la banda del poniente.” Al tratarse de posibles corsarios, inician su persecución. Don Quijote permanece atónito ante la sucesión de todos estos ‘hechos reales’ de combate que le desbordan. “Dos toraquis, que es como decir dos turcos, borrachos, que en el bergantín venían con otros doce, dispararon dos escopetas, con que dieron muerte a dos soldados (…) Volvieron a la playa, donde infinita gente los estaba esperando, deseosos de ver lo que traían. Dio fondo el general cerca de tierra y conoció que estaba en la marina el virrey de la ciudad. Mandó echar el esquife para traerle y mandó amainar la entena para ahorcar luego al arráez y a los demás turcos que en el bajel había cogido, que serían hasta treinta y seis personas, todos gallardos, y los más, escopeteros turcos.” Don Quijote sigue inoperante, dando la impresión de no saber afrontar la ‘realidad’ que tiene ante sí.

“Y una mañana, saliendo don Quijote a pasearse por la playa armado de todas sus armas, porque, como muchas veces decía, ellas eran sus arreos, y su descanso el pelear, y no se hallaba sin ellas un punto, vio venir hacia él un caballero, armado asimismo de punta en blanco, que en el escudo traía pintada una luna resplandeciente.”

El encuentro y combate en la playa de Barcelona con el bachiller Sansón Carrasco disfrazado de Caballero de la Blanca Luna es muy rápido. Derribado Don Quijote, que queda tendido en la arena, el caballero vencedor tiene ocasión de comprobar su inquebrantable lealtad por Dulcinea: “Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza y quítame la vida, pues me has quitado la honra.” El de la Blanca Luna le exime entonces de declarar en público la superior belleza de su dama, pero le pide que vuelva pronto y prudente a su lugar. “Sancho, todo triste, todo apesarado, no sabía qué decirse ni qué hacerse: parecíale que todo aquel suceso pasaba en sueños y que toda aquella máquina era cosa de encantamento. Veía a su señor rendido y obligado a no tomar armas en un año; imaginaba la luz de la gloria de sus hazañas escurecida, las esperanzas de sus nuevas promesas deshechas, como se deshace el humo con el viento. Temía si quedaría o no contrecho Rocinante, o deslocado su amo, que no fuera poca ventura si deslocado quedara.”

En Cataluña encuentran su límite la fantasía de identidad y las aventuras de Don Quijote. Poco después, en el Capítulo LXXIIII de esta Segunda Parte, ya cuerdo y en su manchego lugar le llegará el momento de morir, con el que acaba su historia. La de Don Quijote es la genial historia de un hombre sabio con una divertida ‘locura’. Recobrado el sentido común, vuelto de la caballerosidad andante a su condición de hidalgo y bonhomía, agotada la ficción de una identidad singular, la historia termina. Don Quijote ha culminado su trayecto. ¡Y de qué manera!

A diferencia del buen hidalgo, las sociedades civilizadas que aspiren a tener éxito pacífico y perdurable en un mundo cada vez más interconectado nunca deben abandonar los principios de realidad y de alteridad. Todos tenemos sentimientos identitarios, deseos, ilusiones e intereses, individuales y grupales, pero han de autocontrolarse y atemperarse de forma madura teniendo en cuenta los de los demás. Pretender imponer los propios, sí o sí, no demuestra respeto ni sensatez. No se puede construir un país nuevo rompiendo otro unilateralmente, excluyendo del derecho a decidir a la mayor parte de las personas del veterano país que ya existe, anulando una realidad histórica de siglos y saltándose una legalidad constitucional reconocida internacionalmente. El ejercicio legítimo de la política obliga al diálogo y la negociación, a saber renunciar y a saber perder. Las minorías pueden lograr una pequeña parte de sus aspiraciones, las mayorías ganan. Así funcionan las relaciones entre las democráticas damas y caballeros que somos todos los ciudadanos.

Debido a una historia apócrifa, Don Quijote va a Cataluña con intención de participar en unas justas que aumenten aún más su autoimagen de grandeza, y se topa con la realidad. Con la realidad hemos dado, Sancho. La actual élite política independentista catalana y los ciudadanos que la votan han vivido hasta ahora en un ‘encantamiento’. En el imaginario y prolongado encantamiento de la República Independiente de Catalonia, una especie de moderna ínsula Barataria. Los hechos sin embargo hablan por sí mismos: el derecho de autodeterminación de los muchos y muy diversos territorios de la Unión Europea no está reconocido legalmente por ninguno de los países miembros (la ONU solo avala este derecho de forma excepcional, normalmente en países del Tercer Mundo en situaciones de flagrante colonización); el éxodo de empresas y empresarios catalanes continúa; Puigdemont sigue fugado en Bruselas sin obtener el apoyo de Europa, metido en un mundo cada vez más virtual (superará el récord de esperpento político hispano si logra que le nombren President vía telemática; una forma de gobierno así, ¡cómo hubiese gustado a Sancho Panza ejercerla sobre Barataria desde un lugar de La Mancha!); Oriol Junqueras continúa en la cárcel por riesgo de reiteración delictiva según tres Magistrados del Tribunal Supremo (presuntos graves delitos de rebelión, sedición, malversación de fondos públicos y otros); Artur Mas, pionero del procés a la sombra de Pujol, asumió antes de ayer las consecuencias de estar inmerso en varios procesos, renunciando a la presidencia de su partido; el mismo camino de vuelta parece que lleva Forcadell y ha tomado ya algún Consejero.

Como ellos, como todas las personas que utilizan de modo obstinado este primario mecanismo psíquico para alcanzar sus metas, ilusiones y deseos, quienes sigan negando la realidad sin duda seguirán dándose con ella.

 

(Nota.- Las citas de Cervantes y de Martín de Riquer proceden de la edición electrónica del Quijote de la RAE, año 2015, dirigida por Francisco Rico)

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¡Viva la Constitución de 1978!
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Alfredo Barbero | 06-12-2017 | 11:22| 0

La gran Constitución española de 1978 tiene que ser reformada.

Nunca antes a lo largo de nuestra Historia, desde el tiempo en que los civilizadores romanos vertebraron la península con su red de caminos hasta la globalizada red digital del tecnológico siglo XXI, los habitantes de este veterano territorio europeo habíamos logrado ¡mantener durante casi 40 años consecutivos! tres valores esenciales, sólo en apariencia sencillos y fáciles de conseguir: la paz, la democracia y la prosperidad económica.

Este grandísimo e inédito logro histórico de nuestra sociedad civil se lo debemos directamente al texto constitucional de consenso de 1978. Algo que algunos de nuestros políticos más jóvenes, quizá por cierta falta de formación o lecturas, o por ciertas estrategias y apremios, no han aprendido a reconocer, respetar y valorar.

Entonces, ¿a qué se debe la necesidad de reformarla?

Pues a que hay un punto, un único punto, que casi todos los políticos están de acuerdo en modificar por haber sido superado culturalmente: el género, masculino o femenino, no debe determinar la sucesión en las Monarquías constitucionales que puedan seguir funcionando en un próximo futuro. A día de hoy, tanto monta, monta tanto a los efectos democráticos e igualitarios obligados, un Rey como una Reina (y viceversa).

Si se inicia la reforma de la Constitución por este ineludible asunto, existen además diversas propuestas por parte de los partidos actuales para introducir otras reformas, propuestas que están estrechamente vinculadas a los acontecimientos sociales y políticos que hemos vivido durante los últimos años. Son muy diversas: en relación a los derechos fundamentales, para adaptarse a la construcción de Europa, relativas al modelo territorial (Estado Federal con más o menos competencias, o Estado Autonómico con menos o más competencias), al modelo político (Monarquía o República), a la financiación pública, a la ley electoral, a la ley de partidos, etc.

¿Qué podemos pedirle los ciudadanos españoles a nuestros representantes políticos, de un color u otro, ante esta expectativa reformista que hay sobre nuestro texto constitucional?

Básicamente entiendo que cuatro cosas: 1) que sean prudentes, el Mediterráneo hace mucho tiempo que se descubrió, 2) que pongan con claridad sobre la mesa sus propuestas concretas, 3) que cada reforma que se apruebe esté apoyada, si no por el que ya no parece posible generosísimo de la Transición, sí al menos por un importante consenso, 4) que las posibles reformas se hagan, no desde la hostilidad o el desprecio, sino desde el reconocimiento y el respeto al texto que la mayoría de los españoles votamos y aprobamos en 1978.

Las reformas que se hagan con esta actitud y ‘talante’ tendrán mucha probabilidad de ofrecer 40 años más de convivencia, prosperidad económica, democracia y paz a este histórico lugar, a esta diversa e inquieta nación.

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El porvenir de una ilusión
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Alfredo Barbero | 14-11-2017 | 11:59| 0

Los líderes independentistas catalanes han empezando a reconocer que necesitan más tiempo para materializar su deseo, que no es momento de hacerlo. ¡Sorprendente!

Dicen ahora, sin que sepamos qué sistema de contabilidad de votos han utilizado en las últimas 48 horas para anular el sagrado mandato del pueblo catalán que según ellos surgió del ‘referéndum’ del 1 de Octubre, que en realidad no hay una mayoría de catalanes que apoye la independencia (!). Y que tampoco ellos están preparados, una vez proclamada, para dar continuidad y contenidos reales a la República independiente de Cataluña (!).

Unas declaraciones que ayer nos sorprendieron mucho, sobre todo porque son ciertas.

Trasladarse a una realidad fantaseada guiados por un deseo y una emocionalidad genuinos, pero primarios, no regulados ambos mínimamente por los principios de realidad y de alteridad, negando de manera sistemática la realidad tangible de los otros (emocional, histórica, social, política y legal) porque no coincidía con su propio deseo, era evidente que sólo podía conducir donde les ha conducido: primero, al menosprecio hacia España y los españoles en tono de superioridad; luego, a la empecinada obstinación, casi fanática, por lograr su propósito, sin importarles lo más mínimo romper un veterano país europeo; y finalmente, al Juzgado.

El reconocimiento de la realidad política de la nación histórica que es España (de la que, aunque no les guste ni lo deseen, Cataluña viene formando parte al menos desde hace 500 años) supone una magnífica evolución psíquica del núcleo de liderazgo, de poder o director del independentismo catalán. Un núcleo del que seguramente el patriarca Pujol no debe andar muy lejos. No es ni mucho menos descartable la intuición o hipótesis de que algún pequeño ‘dios’ o ‘sagrada familia’ decidiese tras su caída hace unos cuantos años disfrutar de uno de los placeres más divinos: la venganza.

La evolución del núcleo líder o director del independentismo catalán abre nuevos caminos y posibilidades para el pacto, la negociación y el diálogo políticos dentro del marco constitucional, con arreglo al apoyo democrático que el conjunto de los españoles queramos dar a cada una de las opciones que los partidos nos propongan. Una magnífica evolución psíquica siempre y cuando sea auténtica, sincera, y no una nueva simulación táctica para volver dentro de poco a las andadas.

Desde el comienzo del Procés sus líderes han demostrado una extraordinaria irresponsabilidad, manipulando la Historia, adoctrinando a los niños en los colegios, a los adultos en los medios públicos de comunicación, exacerbando el legítimo sentimiento nacionalista catalán hasta el punto de sacarlo fuera del contexto de realidad y de legalidad, vendiendo como meta posible algo que unilateralmente nunca podía alcanzarse, e inoculando la idea de un nuevo país que iba a ser aceptado por Europa. Todo lo cual ha hecho vivir a muchos catalanes de buena fe un sueño, un espejismo, una vana ilusión.

Los múltiples y muy reales ‘procés’ abiertos con la querella de la Fiscalía General del Estado (por presuntos delitos de rebelión, sedición, malversación y otros), y el cese en pleno del Govern catalán mediante el artículo 155 de la Constitución aplicado en legítima defensa de la democracia de todos, han conseguido que por primera vez en muchos años algunos líderes del independentismo catalán empiecen a poner los pies en el suelo. A partir de ahora tienen la oportunidad de corregir su actitud respecto de sus votantes, si entienden que en buena medida les han manipulado, mentido o engañado. Tienen un mes y una semana hasta las próximas Elecciones para aterrizar, para bajar de la nube. Por ejemplo, podrían reconducir sus mensajes mostrándose favorables a un diálogo político que reivindique su sentimiento nacional dentro del marco de la Constitución y la legalidad españolas, que por los cauces democráticos establecidos pueden reformarse. Una vez perdido el miedo y comprobada la eficacia del artículo 155, aplicarlo en caso de reincidencia será más rápido y fácil. Ya veremos lo que deciden hacer los líderes del independentismo, igual que lo van a ir viendo los jueces del Tribunal Supremo.

Y también tienen la oportunidad personal de corregir, si lo estiman benéfico y saludable para sí mismos, su propio más que probable autoengaño.

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La ‘locura’ de Dalí
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Alfredo Barbero | 02-11-2017 | 10:36| 0

I. Inteligencia / Impotencia. Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech fue una persona muy inteligente. No siempre un gran talento artístico coincide con una gran inteligencia lógica y racional, por lo que es obligado hacer esta primera consideración. Aunque no dispongamos de una medición clínica mediante test de su Cociente Intelectual (CI), los complejos textos ensayísticos que escribió son indicativos de una inteligencia muy dotada. Para algunos críticos su talento literario era incluso mayor que su talento plástico o pictórico, sin que esta apreciación haya sido utilizada por todos los que la han hecho como un modo indirecto de menospreciar el segundo. En el plano sexual, por el contrario, Dalí tuvo pronto serios problemas en relación a su capacidad. Desde niño estuvo angustiado por miedos e inhibiciones que influyeron mucho en la vida sexual que practicó. Con cierta frecuencia, las personas mantienen oculta a su círculo íntimo una parte de la actividad sexual que realizan. No se conocen documentos que lo acrediten, sólo hay opiniones de personas que participaron en las fiestas privadas de Port Lligat, pero al parecer Dalí tuvo una fobia que le producía impotencia eréctil tanto para el coito vaginal como para el anal (quizá ésta sea la razón del reciente fracaso de la ciudadana medium o vidente gerundense, Pilar Abel, en la demanda de paternidad que interpuso y condujo en medio de los calores del pasado verano a exhumar y tomar varias muestras biológicas de los restos del pintor, levantando con la custodia de los Mossos d’ Esquadra la losa de una tonelada y media bajo la que está enterrado en un ataúd de metacrilato, previa instalación de una carpa opaca para que ningún dron pudiese sacar imágenes no autorizadas por encima de la gran cúpula de cristal por debajo de la que está la sepultura del cadáver embalsamado cuyo buen estado de conservación confirmó la Alcaldesa de Figueres, todo lo cual seguramente habría hecho las delicias del irónico don Salvador). Sus preferencias sexuales conocidas eran la masturbación y el voyeurismo. Desde que Lorca se enamoró de él no dejó de coquetear con la homosexualidad, aunque se duda mucho que realmente fuese homosexual. Ninguno de estos comportamientos, que sepamos, fue tratado clínicamente, pero todos ellos tuvieron reflejo en el simbolismo sexual de sus cuadros (tan distinto de la sexualidad abierta, primaria, desinhibida y hedonista de Picasso). El Arte le sirvió a Dalí, entre otras muchas cosas, para expresar, canalizar y disfrazar sus conflictos sexuales. Fue también, sin duda, una forma de terapia. 

 

II. Psicosis / RazónDalí empezó a reverenciar a Sigmund Freud desde que leyó con 19 años, y una juvenil credulidad, La interpretación de los sueños. Freud se convirtió en su primer padre intelectual, la fuente de los conceptos de su plástica surrealista. La lectura de los textos del médico vienés fue para Dalí la base de un proceso continuo de ‘interpretaciones artísticas’ de sus propias experiencias mentales. A su vez, interpretó también ‘de modo artístico’ las hipótesis psicoanalíticas de Freud. Su desbordante imaginación iconográfica dejó plasmados en sus lienzos todos estos procesos. El entendimiento que Dalí hizo del creador del psicoanálisis fue del todo libérrimo. Para Freud los artistas eran un subtipo de “neuróticos” que tenían la capacidad de transformar sus síntomas en una actividad o resultado llamados Arte, y los surrealistas en concreto unos desinhibidos neuróticos que interpretaban alocadamente su teoría psicoanalítica. Un año antes de morir aceptó ver a Dalí en Londres para escuchar sus experiencias psíquicas, interpretaciones e ideas. A pesar de sus “cándidos ojos de fanático” no le causó mala impresión intelectual, pero no asumió ningún tipo de terapia. Las auto-interpretaciones que de continuo hacía Dalí dieron lugar a la invención de un singular método creativo que llamó “método paranoico-crítico”, basado en la asociación de sus imágenes oníricas con ciertas percepciones e intuiciones cognitivas que tenía en periodo de vigilia. Era una especie de epifánico encuentro entre el mundo racional y el irracional. En su ensayo, El mito trágico de ´El Angelus´ de Millet, describe en qué consiste este método que construyó al menos en parte imitando a Lidia Noguer, una enferma psicótica de Cadaqués cuyo discurso dislógico lleno de sorprendentes hallazgos lingüísticos y asociativos cautivaba a Dalí.

 

III. Histeria / AmorDalí fue un niño mimado que muy pronto aprendió con sus ruidosas rabietas que podía llamar la atención y salirse con la suya. La madre, por el deseo de tener una niña, vistió a Dalí con ropa femenina hasta que nació su hermana Ana María. Esto le atrajo mucho. Disfrazarse de modo llamativo se convirtió en uno de sus pasatiempos favoritos. En especial le gustaba disfrazarse de Rey, con peluca, corona, manto de armiño y cetro dorado, para ser el centro de todas las miradas. De este modo se sentía querido, afirmaba su identidad ante los demás y vencía una intensa timidez. Ya en la edad adulta exageró deliberadamente hasta la caricatura los rasgos histriónicos y narcisistas que nunca dejó de tener, con su bigote de langosta, barretina, ojos saltones y enfática prosodia. En relación a su personalidad el papel de Gala fue complejo y benefactor. Aceptó y estimuló su mundo artístico, apaciguando muchas de sus angustias. Gala ayudó a Dalí a superar temores, pero al mismo tiempo a permanecer instalado en su “neuroticismo” al comprender que éste era la fuente primordial de su capacidad creativa. Con toda razón Dalí la consideraba su Musa. Y la idolatrada Musa, mujer práctica ante todo, se ocupó de obtener a cambio numerosas compensaciones de tipo económico y sexual. 

 

IV. Simulación / Negocio. El sumo pontífice del surrealismo, André Breton, se vengó de Dalí por haber transgredido la ortodoxia surrealista adjudicándole el calificativo de “Avida Dollars” que se hizo mundialmente famoso. Bien consciente y buen conocedor del Gran Teatro del Mundo, Dalí sumó a su natural histrionismo un notabilísimo implemento de teatralidad interesada que buscaba llenar la cartera de modo fácil. La popularidad a través de los medios de comunicación, en especial de la TV, mostrándose como un personaje excéntrico y lunático le proporcionó sustanciosos beneficios económicos. Pero en el fondo de todo ese montaje bufo casi siempre había una burla y una crítica inteligentes, tanto respecto del Arte y del show-business en que una buena parte del Arte contemporáneo se ha convertido, como del gigantesco circo mediático en el que todos o casi todos, aunque sólo sea como espectadores, hemos terminado participando y que Internet no ha hecho sino multiplicar. Su ideología política y coqueteo con Franco y el franquismo siempre han sido muy controvertidos al entenderse que sus llamativas declaraciones no eran sólo teatrales, pero más allá de la literalidad de las mismas también puede detectarse una forma de soterrada o surreal burla de shakespeariano bufón hacia el valleinclanesco Generalito

 

V. ‘Diagnóstico’Dalí bien pudo autodiagnosticarse del mismo modo en que lo hizo Hamlet: “Sólo estoy loco al Nor-noroeste, cuando sopla viento Sur sé distinguir un halcón de una paloma”. No lo hizo así, pero utilizó una forma de negación quizá aún más ingeniosa: “La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco”. Bueno, si por loco entendemos psicótico, Dalí, en efecto, no estaba psicótico. Pero lo que sí podríamos decir es que gracias a su talento artístico e inteligencia consiguió elaborar una de las más extravagantes y creativas ‘personalidades’ de las que tenemos noticia. Y lo hizo, además, cobrando. Si visitan el Teatro-Museo de Figueras o el Museo Reina Sofía de Madrid quizá puedan salir de dudas sobre su activa mente catalana y española, universal, sobre las interioridades del que quizá sea ‘El Bosco’ del Arte contemporáneo. O quizá sus dudas no hagan sino aumentar.

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Salud mental
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Alfredo Barbero | 10-10-2017 | 10:45| 0

Cientos, miles de personas con enfermedad mental en España y en todo el mundo luchan de manera admirable cada día por sobreponerse a los síntomas de las dolencias psíquicas, convivir con el propio sufrimiento, integrarse en trabajos y entornos de relación social, normalizar su tiempo, tener proyectos, aceptar límites, disfrutar de actividades diversas, del contacto personal, con familiares, con amigos, hablar, amar, reír, manteniendo una emocionante luz de esperanza en la vida que es una gran lección para todos.

Gracias.

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Sobre el autor Alfredo Barbero
Psiquiatra del Centro de Salud Mental "Antonio Machado" de Segovia