img
Autor: AlfredoBarbero
Todos fuimos Miguel Ángel
img
Alfredo Barbero | 13-07-2017 | 2:21| 0

Entre el 10 y el 12 de julio de 1997, hace tan solo 20 años, la organización criminal ETA sometió a todos los españoles a su régimen de terror y tortura como nunca antes lo había hecho. Secuestró a un jovencísimo concejal de un pueblo del País Vasco, Ermua, un pueblo que pudo haber sido cualquier otro de España, nos dio un ultimátum de 48 horas para que el Gobierno aceptase el chantaje de aproximar sus presos, y advirtió de una ejecución sumaria en caso de no ser atendida esta petición “político-militar”. Los españoles vivimos con extrema tensión la secuencia de acontecimientos durante aquellas horas de vigilia, sufriendo en primera persona la terrible incertidumbre, como si el concejal de 29 años fuese miembro de nuestra propia familia. Un bienintencionado e ingenuo pensamiento nos hizo albergar la esperanza de que, ante el clamor popular para que fuese liberado, la ejecución finalmente no tendría lugar. Con el corazón en vilo quisimos creer que la barbarie no sería real, que no ocurriría, que si quedaba el más mínimo resquicio de humanidad en la banda terrorista ellos mismos desistirían de su amenaza. La ejecución, fría, desalmada, cobarde, implacable, se produjo pocos minutos después de la hora anunciada, las cuatro de la tarde, ante la silenciosa mirada de los árboles del bosque de Lasarte. Una cruel muerte entre las flores. Se sabe que fue el pistolero Txapote el que apretó por dos veces el gatillo de su Beretta: la primera, para darle un tiro detrás de la oreja; la segunda, mortal, para asestarle otro en la nuca. Miguel Ángel cayó con las manos atadas a la espalda, las rodillas juntas, flexionadas, y la cabeza contra el suelo, desangrándose. Unos vecinos y sus perros encontraron el cuerpo de la víctima aún con respiración, entrecortada, agónica, buscando la vida. A las cinco de la madrugada le desconectaron del respirador artificial en el hospital una vez certificada la muerte cerebral irreversible. Toda España quedó conmocionada al conocer este desenlace, estallando en un grito espontáneo de dolor y rabia. Un grito de millones de personas fundido en una única voz. Ciudadanos de todas las edades, estratos sociales e ideologías políticas salieron a las calles y plazas del país gritando sin miedo: ¡a-se-sinos, a-se-sinos, a-se-sinos! ¡ETA, escucha, aquí tienes mi nuca! Enseñaban miles, millones, de manos blancas, manos sin sangre, elevadas al cielo, apoyadas en la nuca. Las conciencias y las emociones se movilizaron de forma rápida y muy potente, de abajo arriba, de las personas al Poder. Las ideologías políticas desaparecieron, se volatilizaron ante la fuerza de la solidaridad natural. Volver a ver los vídeos de las manifestaciones que se produjeron aquellos días emociona hasta el escalofrío. ¡A-se-sinos, a-se-sinos, aquí está mi nuca! Jóvenes, mayores, ancianos, todos a una. Los políticos no tardaron en ponerse los primeros en la fila, como hacen siempre, pero sabían muy bien que estaban a la cola de la iniciativa tomada por los ciudadanos. Esos días fuimos los ciudadanos quienes decidimos, quienes dictamos la agenda. Los políticos fueron simples y auténticos servidores públicos, a su pesar. Miguel Ángel Blanco había muerto, el Espíritu de Ermua acababa de nacer. Un sentimiento, un espíritu, compartido por millones de personas de derechas y de izquierdas, por creyentes y no creyentes, un espíritu real, de dignidad humana, cívico. Miguel Ángel se convirtió a la vez en una víctima más de las 829 asesinadas por ETA y en símbolo colectivo de todas estas víctimas. Un símbolo de la masacre, de la democracia y la razón frente a la violencia y la barbarie fanática. Un símbolo de los sentimientos humanos que están muy por encima de la política. Un símbolo de lo mejor de todos nosotros.

 

Esto ocurrió hace tan solo 20 años… ¡qué frágil es la memoria! En esta nueva etapa posconsenso de la historia de España que estamos viviendo ahora se ha empezado a no entender, a olvidar, incluso a romper, lo más digno y valioso de nuestros 40 años de democracia constitucional. Y lo que es peor: el no entendimiento, la ruptura, el olvido, en algunos son claramente voluntarios.

 

Así pues, in memoriam.

.

Ver Post >
¡Viva el referéndum!
img
Alfredo Barbero | 05-07-2017 | 11:31| 0

Naturalmente, me refiero a un referéndum en el que participemos todos los ciudadanos españoles, pues todos tenemos el mismo derecho democrático a decidir sobre el presente y el futuro del actual territorio de la nación. Un territorio con una Historia común desde que fue unificado hace 500 años, y que durante los últimos casi 40 se dotó por amplio consenso, después de una cruenta Guerra Civil y de una larga dictadura militar, de una Constitución (ratificada en referéndum el miércoles 6 de diciembre de 1978 y aprobada por el 87,78 % de los ciudadanos que participaron, un 58,97% del censo electoral) y de una legalidad reconocida internacionalmente por todos los países democráticos.

 

¿Por qué los ciudadanos independentistas catalanes se han empeñado en robar al conjunto de los españoles nuestro derecho democrático a decidir y autodeterminarnos sobre el futuro de nuestro país? ¿Por qué ellos sí pueden tener sentimiento nacionalista, votar y autodeterminarse y los demás no? No lo sabemos, no es fácil conocer con certeza los motivos profundos, aunque quizá se deba a que después del fanatismo teocrático y religioso, el nacionalismo ensimismado, unilateral y excluyente sea el más ciego de todos. Fuera de su círculo, ni ven, ni quieren ver. El otro, los españoles, no somos sujeto de su interés, no les importamos. El complejo de superioridad les rebosa de modo ostensible. Esta actitud de los independentistas catalanes supone una grave falta de respeto hacia los derechos democráticos de todos los ciudadanos españoles.

 

Con el argumento de que la legalidad internacional les respalda, el independentismo catalán ha decidido saltarse la Constitución de 1978 y la legalidad democrática vigentes en España, y parecen decididos por lo dicho en el Teatro Nacional de Cataluña a hacer un referéndum ilegal de autodeterminación el próximo 1 de octubre. Pronto, cuando interpongan los recursos legales pertinentes ante los tribunales internacionales después de que el Tribunal Constitucional y el Gobierno españoles se lo impidan y les apliquen nuestra legalidad democrática (con o sin el apoyo de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado español, esto depende de ellos), poco dudo que su argumentario quedará en evidencia, demostrándose la manipulación jurídica que han hecho de la Carta de Derechos Humanos de la ONU al utilizarla como excusa de su propósito, incurriendo en fraude de ley.

 

Reformar la Constitución de 1978 mediante negociaciones políticas, es una cosa. Incumplirla abiertamente y romper la unidad territorial de un país, otra muy distinta. El acto conjunto de los tres expresidentes vivos de la etapa democrática, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, en contra del anunciado referéndum catalán aporta cierta luz de racionalidad y sentido común. Esperemos que los líderes políticos de los cuatro principales partidos que en este momento tiene la democracia española, PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos, estén a la altura de esta circunstancia histórica. El joven Rey Felipe VI seguro que lo estará. El día 2 de octubre la mayoría de los españoles tenemos derecho a seguir viviendo democráticamente en nuestro país.

 

Ver Post >
¿Estaba loco Hamlet?
img
Alfredo Barbero | 21-06-2017 | 6:05| 0

Harold Bloom no duda en considerar a Shakespeare, claramente por encima de todos los demás, como el mejor escritor de la historia de la Literatura de Occidente, y también “el centro” de su canon. El criterio de este profesor norteamericano que ha trabajado en las universidades de Yale y New York es muy discutible, pues: 1) entiende el universo de la Literatura formado por miles de estrellas, con sólo algunas pocas rutilantes, y una que sobresale en tamaño y luminosidad consiguiendo que otras giren a su alrededor; su enfoque crítico es muy competitivo; 2) sin embargo, para poder situar a Shakespeare en la cima del Olimpo literario en su famoso ensayo, El canon occidental (Anagrama, 1995), decidió no incluir en el selecto club de 26 autores que selecciona a ninguno de los grandes clásicos greco-latinos, Homero, Sófocles o Virgilio, por ejemplo, evitándole así tener que medirse con ellos; y 3) elige un elevado porcentaje de escritores ingleses. Este punto de vista resulta a la vez, por tanto, en exceso heliocéntrico-anglosajón y desconsiderado con la primigenia cultura mediterránea, origen y fundamento de nuestras Artes y Ciencias. En cambio, se porta bien en la evaluación de Cervantes (que hace en un capítulo de sugestivo título, ‘Cervantes: el juego del mundo’), al que ve como uno de los tres principales escritores occidentales junto al propio Shakespeare y Dante. Respecto al bardo de Stratford-upon-Avon, 400 años después sigue siendo representado con éxito cada año en países y escenarios de todo el mundo. ¿Cómo consigue William estar en la zona céntrica del canon y de moda…? Por muchas razones. En parte, por haber logrado expresar del modo más bello, intenso, profundo y complejo la relación entre la quizá idéntica materia de nuestro mundo imaginario y la realidad.

 

Con el nombre de duelo se conoce la reacción psíquica normal que una persona experimenta ante la muerte de un ser querido. Decimos que es normal porque es el tipo de reacción que suele darse en personas muy diferentes y en distintos contextos sociales y culturales ante un mismo hecho de gran impacto emocional. Es una reacción difícil de adaptación a pérdidas vitales de grado máximo de significación. La persona afectada se siente triste, tiene poco apetito o una hiperfagia compensatoria de la ansiedad. Puede tener insomnio, ensoñaciones agitadas o hipersomnia. Se encuentra más pensativa de lo habitual, cavilando sobre la fragilidad o el sinsentido de la vida humana, recordando las experiencias compartidas con la persona fallecida y cómo todo esto, en un instante, desaparece. En la mente se agolpan muchas imágenes. Los sentimientos se mezclan: pena, rabia, vacío, añoranza, inapetencia, soledad. La identificación con la persona muerta lleva en ocasiones a desear morir con ella o haber muerto en su lugar. La idea de que no se hizo todo lo que se debió —o pudo— antes y en el momento de la muerte genera punzantes sentimientos de culpa. La felicidad se considera inconveniente, fuera de alcance. Un dolor moral insoportable puede producir la sensación de íntimo rompimiento o implosión del yo. Normalmente las personas consiguen llorar para desahogarse verbalizando poco a poco sus emociones. Otras muestran signos de inquietud, falta de concentración y disminución del interés y de la capacidad para experimentar placer con sus actividades cotidianas, profesionales o lúdicas.

 

Un cierto ánimo deprimido es normal durante un tiempo, aproximadamente de seis a doce meses, pero no cualquier estado de ánimo deprimido. El sufrimiento de la persona puede adquirir un carácter persistente, profundo y totalizador, con ideación de muerte y / o suicidio. En el último Manual Diagnóstico de la Asociación Psiquiátrica Americana, el DSM-5 (Editorial Médica Panamericana, 2014), no se excluye que en cualquier momento del proceso de duelo, incluso en su comienzo, pueda producirse una Depresión Mayor. Alguna de estas depresiones se complica además con la aparición de síntomas psicóticos. Bien en forma de alteraciones en la percepción sensorial que se llaman alucinaciones (imágenes del familiar muerto, sombras, presencias, su voz, etc.); bien como ideas delirantes (de perjuicio, de culpa u otra temática no congruente); o un conjunto de ambas (alucinaciones y delirio). En estos casos estamos ante un trastorno grave del juicio de realidad cuyas manifestaciones mentales y de conducta la gente conoce coloquialmente con el término de locura (la acepción 1. del Diccionario de la lengua española [rae.es, 2015]: ‘privación del juicio o del uso de la razón’ recoge el significado).

 

Son las personas reales de carne, hueso y cerebro, no los personajes de las obras de ficción, quienes padecen trastornos mentales. Cuando hablamos de “la locura”, del “psiquismo” o de “la mente” de algún personaje literario sabemos, o deberíamos saber para no confundirnos, que lo hacemos por analogía, como juego de aproximación, semejanzas o similitudes con lo real (podemos ayudarnos gráficamente para hacer la distinción poniendo los términos entre comillas). Los autores de Literatura, incluso los dotados de una gran genialidad creativa, pueden padecer —y suelen hacerlo con cierta frecuencia— un amplio abanico de trastornos mentales: de personalidad, de ánimo, neuróticos, psicóticos, adicción a alcohol o sustancias, etc. Sus “locos” personajes de ficción, en cambio, tienen lo que les es propio: trastornos ficcionados con mayor o menor conocimiento y habilidad (en definitiva, arte) por el escritor. En ocasiones los personajes están construidos con tanto realismo que nos parecen reales, y su “locura” también. Parece que respiran.

 

Dicho esto de lo que no conviene olvidarse en ningún momento, “la personalidad” de Hamlet se puede interpretar de varias maneras (no necesariamente excluyentes). Veamos alguna. a) Como la de un hijo único mimado con una identidad inmadura e insegura, casi pusilánime; un joven intelectualmente engreído y muy dependiente a nivel emocional de sus padres, a quienes tiene idealizados; ¡un niñato demasiado apegado todavía a las faldas de mamá! b) Desde la especulativa teoría psicoanalítica se ha interpretado que su aturdimiento, rabia y bloqueo se deben a que el tío lleva a la práctica con cínico descaro, literalmente, el deseo de matar al padre, acostarse con la madre y ocupar el trono; el tío le somete así a una castración definitiva al robarle sus derechos simbólicos; es decir, “la personalidad” del joven Hamlet estaría inmersa en un laberinto edípico. c) Fuera de éste u otros laberintos teóricos, son muchos los lectores y espectadores que ven en la actitud dubitativa del Príncipe y en su búsqueda de la verdad la esencia de la naturaleza racional, pensante, filosófica, del ser humano. De un modo u otro, nadie duda que Hamlet es un personaje de ficción de una extraordinaria sutileza, muy ágil mentalmente, con una portentosa capacidad conceptualizadora y metafórica, una riqueza verbal deslumbrante, quizá el más “inteligente” de todos los personajes de la historia de la Literatura. Pero además de su enorme capacidad cognitiva, ¿cuál es el “estado de ánimo” que refleja el personaje tras la muerte de su padre? ¿Llega a estar “psicótico”…?

 

Recordemos algunos de sus pensamientos y emociones. Dice Hamlet: “Qué aburridas, caducas, vacías y estériles me resultan las cosas de este mundo. (…) Siento tal pesadumbre que esta estructura sublime, la tierra, me parece un peñasco estéril, y este grandioso dosel, el aire, este espléndido firmamento colgante, este techo majestuoso con su filigrana de oro en llamas, pues los veo sólo como una asquerosa y pestilente acumulación de vapores (…). Qué obra más lograda, el hombre, cuando actúa, igual que un ángel, cuando piensa, igual que un Dios, ¿y qué es para mí esta quintaesencia del polvo? (…). Ser o no ser, esa es la pregunta [‘la cuestión’, ‘la opción’, ‘de eso se trata’, según entienden los diferentes traductores del texto, a los que Shakespeare suele volver un poco locos con la polisemia de sus juegos de palabras y de sus palabras en juego]. ¿Es más noble sufrir mentalmente el golpe de las flechas de la fortuna, o alzarse en armas contra el mar de las dudas y, en el ataque, terminar con ellas? Morir, dormir, no más. Y si al dormir es cierto que acaban los dolores del alma y las heridas mil que nuestra carne hereda, es una apetecible consumación (…) Morir para dormir. Dormir… tal vez soñar. Sí, ahí está el tropiezo: que en ese sueño de la muerte qué sueños puedan visitarnos (…) Este es el pensamiento que hace que la calamidad tenga tan larga vida (…) la conciencia nos vuelve a todos cobardes (…)”.

 

La suerte del joven Hamlet queda marcada desde el principio de la tragedia por el encuentro que tiene en el Acto Primero con El Espectro de su padre, el difunto rey Hamlet, a quién ve y con quién habla. Esta anómala visión le revela un terrible secreto, el asesinato fratricida de su tío Claudio (traslación mítica del relato de Caín y Abel), al tiempo que le encomienda una misión de venganza abrumadora que exige matar y, tal vez, morir. Desde ese mismo momento, para que nadie descubra lo que sabe, o cree saber, decide “hacerse el loco”, fingirse trastornado. Y por tal le toman: “¡Una mente tan superior desmoronada! (…) ahora veo esa inteligencia clara y suprema chirriando como campana rota”, dice la desafortunada Ofelia. “Que está loco es verdad; y de verdad que es lástima; lástima de verdad; vana retórica”, balbucea el corto lord Chambelán, Polonio, padre de Ofelia. “Se ha de vigilar la locura de los grandes hombres (…) Hay algo dentro de su alma que su melancolía está rumiando, y temo que el momento en que lo expulse sea peligroso (…) Ya no es de mi agrado ni estamos seguros dejando fluctuar su locura”, piensa suspicaz su tío Claudio, hermano de su padre, amante de su madre, el nuevo Rey.

 

La construcción de “la locura” de Hamlet por Shakespeare se hace más compleja cuando el personaje “piensa” que El Espectro puede ser una visión maléfica, y decide obtener alguna prueba de realidad. Observa entonces y comenta con su amigo Horacio la reacción del rey Claudio ante una obra de teatro que representan los cómicos en palacio con una trama amañada idéntica a los sucesos relatados por El Espectro del padre. “El espíritu que he visto quizá sea el demonio, cuyo poder le permite adoptar una forma atrayente; sí, y tal vez por mi debilidad y melancolía, pues es poderoso con tales estados, me engaña para condenarme. Quiero pruebas concluyentes: el teatro es la red que atrapará la conciencia de este rey” (Acto Segundo, Escena II, según la división del tiempo escénico que hace el traductor anónimo de la versión gratuita de Kindle en amazon.es, y también el poeta y ensayista Tomás Segovia en su reputada traducción de la edición bilingüe de Penguin Clásicos).

 

Conseguida la prueba de manera satisfactoria para ambos amigos al contemplar la gran perturbación que la obrita de teatro le produce al rey Claudio, prueba que hace pensar que Hamlet tiene sólo una “locura fingida”, Shakespeare hace entonces un giro sorprendente en uno de los momentos más intensos de la tragedia (Acto Tercero, Escena XXVII, según la división del tiempo escénico en las versiones de Wikipedia-Wikisource y de la Biblioteca Virtual ‘Miguel de Cervantes’, que recogen en el dominio público de internet la traducción que hizo Leandro Fernández de Moratín en 1798, hace más de dos siglos). En esta crucial Escena se produce un diálogo simultáneo con su madre y con El Espectro del padre que pone en evidencia una “locura no fingida”: —“¡Ay, está loco! (…) ¿clavas la mirada en el vacío y sostienes diálogo con el aire incorpóreo? (…) ¿Qué miras?”, le pregunta la madre. —“¡A él, a él! (…) ¿No ves nada ahí? responde Hamlet. —Nada veo, aunque veo todo lo que hay. —¿Ni has oído nada?, insiste después de intercambiar varias palabras con la visión. —No, sólo nuestras voces. —¡Mira! ¡Mi padre, vestido igual que en vida! ¡Mira cómo sale por la puerta!“Eso es pura creación de tu mente; el delirio es muy hábil inventando fantasmagorías”, le contesta la aterrada madre.

 

Antes de esta decisiva escena, en el transcurso del diálogo que mantiene con sus amigos Rosencrantz y Guildenstern (Acto Segundo, Escena II, según la división hecha por el escritor Vicente Molina Foix en su traducción para el Centro Dramático Nacional), Hamlet se “autodiagnostica”: “Sólo estoy loco al norte-noroeste. Cuando hay viento sur, sé distinguir un halcón de una garza”. Con esta críptica ironía (el sentido del humor irónico es una característica esencial del personaje) les manifiesta que no está “loco” sino que finge estarlo. ¿Tiene razón…? No. Poder fingirse loco no es garantía de cordura: ¡los locos también saben fingir y simular! Y lo hacen —salvo en los trastornos psicóticos más graves y desorganizados— cuando por alguna razón, igual que ocurre con los cuerdos, les interesa. El personaje Hamlet cree que su “locura” es enteramente fingida, pero la genialidad de Shakespeare añade en la crucial Escena XXVII del Acto Tercero el dato de la “alucinación visual y auditiva” del padre muerto (en traje palaciego ahora) que Hamlet tiene mientras habla con su madre, y que ella no puede ver ni oír. Esta situación escénica es distinta por completo de lo que ocurre en el Acto Primero con los soldados Bernardo, Francisco, Marcelo y su amigo Horacio, que igual que Hamlet también ven y oyen al Espectro del padre vestido con armadura. Mediante estos testigos de la aparición, Shakespeare arranca la tragedia dejando en duda, en suspense, en el aire, la posible “cordura” o “locura” de Hamlet. Es una licencia literaria, un truco escénico que genera el enigma que atrapa nuestra atención. Sin embargo, en el diálogo simultáneo del Acto Tercero en el que pone crudamente a su madre, la reina Gertrudis, ante el espejo, sus miradas y palabras dirigidas a la visión del Espectro también le ponen ante el espejo a él. El lector o espectador puede entonces identificarse con el punto de vista de la Reina, y como ella exclamar con razón: ¡Ay, “está loco”!

 

A lo largo de todo el desarrollo de la tragedia Shakespeare va construyendo ante los lectores y espectadores un personaje con “una mente” muy compleja: dotado de gran “inteligencia”, una “personalidad” peculiar, un muy afilado “sentido del humor”, un “estado emocional” alterado por la pérdida, y una “doble locura” (fingida y no fingida). La “locura no fingida” de Hamlet que progresivamente pone en evidencia el texto se asemeja bastante al cuadro clínico que tienen algunas personas llamado: Duelo complicado con depresión y síntomas psicóticos. A esta “locura” descrita por el dramaturgo con exuberante realismo, y de la que el personaje no se muestra “consciente”, se suma el deliberado fingimiento por medio de comentarios en apariencia absurdos que hace ante los Reyes, Polonio, Ofelia, etc. Hamlet es “un loco” que por conveniencia “se hace el loco”. Su “locura fingida” es técnicamente muy artificiosa, una mezcla de indirectas irónicas y de salidas por la tangente, pero le sirve para engañar a otros personajes y que no descubran su secreto. Ya en el desenlace de la tragedia, Shakespeare realiza un último giro genial reconciliando en cierta forma a Hamlet con “la cordura” al hacer coincidir el contenido de su “alucinado delirio” con la realidad de la trama literaria: ¡el tío, en efecto, es el asesino del padre! La dramatis persona que como el mítico Edipo de Sófocles busca tan denodadamente la verdad, la encuentra al fin libre de todo fingimiento y “locura”. Una verdad que poco tarda en conducir a la muerte, a la cruda verdad de la muerte.

 

Al ver o leer esta intensísima obra algunas personas pueden creer que El Espectro del padre muerto es posible que se aparezca y hable con Hamlet… ¡enigmas aún mayores se han visto en los mundos de ficción de la mente humana! En tal caso no podríamos decir que tiene “alucinaciones” ni “delirio”, sino sólo que es un “loco fingido”, un excelente simulador, un gran actor que consigue engañar a todos y encontrar su verdad. Teatro dentro del teatro, locura y cordura en intercambio, juego entre ficción y realidad, entre consciencia y sueño, palabras, palabras, palabras, no más que la efímera sombra de otra sombra. Así siente, entiende y transforma la realidad en sus versos el poeta William Shakespeare, felizmente canonizado (y de moda) desde hace varios siglos.

 

 

Ver Post >
El enigma continúa…
img
Alfredo Barbero | 29-05-2017 | 9:47| 0

Después de enviarme el pasado 27 de abril un correo muy breve de agradecimiento por haber publicado su texto en la entrada anterior, el profesor Parra Luna no me ha comunicado que tenga intención de hacer una réplica argumentada sobre los errores lógicos que hay en el planteamiento de su estudio. Estos errores los he comentado y explicado de modo un poco más extenso, y con cierta ironía, en el ensayito Don Quijote en un lugar “científico” de La Mancha (2015).

Cervantes, como todos sabemos, creó en su novela un inmenso fresco de la vida y la naturaleza humanas. Afortunadamente la crítica a los libros de caballerías no la hizo en tono ni estilo académicos, ¡menudo plomo hubiese sido El Quijote! sino en un divertido tono humorístico. Uno de los últimos que lo ha elogiado es el escritor Eduardo Mendoza al recibir, precisamente, el Premio Cervantes en la muy académica Universidad de Alcalá. El enigmático comienzo de la narración cervantina en relación al pueblo de Don Quijote bien puede entenderse como la primera certera pincelada de un lienzo genial.

.

                                           Resultado de imaxes para don quijote y sancho panza

.

Ver Post >
En un lugar de la Mancha…
img
Alfredo Barbero | 26-04-2017 | 8:53| 0

El profesor Parra Luna ha tenido alguna dificultad técnica para enviar su respuesta a mi anterior artículo (quizá no se haya registrado en la página web de EL NORTE DE CASTILLA), y me pide que la incluya en el blog. Le agradezco mucho la amabilidad de responderme, aunque como explicaré a continuación los argumentos que da sobre su supuesto descubrimiento científico del “lugar” de La Mancha me parecen insuficientes. Dice el profesor Parra:

Sr. Barbero:
Cuando intento hacer un comentario en su blog del Norte de Castilla, de pronto desaparece, lo que me ha ocurrido dos veces. Le agradeceré por tanto incluya en dicho Blog la respuesta siguiente:

Primero, constato que estamos bastante de acuerdo en el tema VALORES del Quijote, lo que a la postre es mucho más relevante que las cuestiones metodológicas y otras en las que disentimos. Sobre los “valores” si que me gustaría conocer su opinión posiblemente más autorizada que la mía. ¿Podría darle un vistazo a los cap. 6 y 7 de nuestro último libro “El lugar de la Mancha: un irónico Cervantes a la luz de la crítica científica?.Si no tiene el libro se lo puedo enviar porque este tema merece la pena.

Y sobre el resto, permítame  resumir los cuatro temas que toca:
1., James Iffland: Puede ver nuestra respuesta en el próximo número de la revista CERVANTES que es el órgano oficial de la Cervantes Society of America y en cuyo consejo de redacción está el propio Iffland. Le informaré cuando aparezca.
2. Canavaggio: Resulta más decisiva la siguiente frase( pag. 106, de nuestro último libro):
“En efecto,en vista de los argumentos aducidos por los defensores de Villanueva de los Infantes, no creo que ningún otro pueblo del Campo de Montiel esté en condiciones de defender una candidatura que se pueda comparar a esta”. Y como ha de ser un pueblo del Campo de Montiel, la opinión de Canavaggio no puede ser más positiva.
3.RAE. Nadie espera que la RAE se pronuncie sobre la validez de todos los descubrimientos científicos que en mundo aparecen cada día. Su silencio es lógico. Otra cosa es que apareciera un comentario negativo.
4. El silencio de los colegas. No es cierto. Una gran parte de los más reputados cervantistas del mundo está de acuerdo con nuestra teoría. Puede verificarlo en nuestro último libro citado. Concretamente en el Curso del Escorial estuvo Guillermo Serés, el más próximo colaborador del prof. Rico, quien con anterioridad ya había mostrado su respeto por la investigación realizada sin formular crítica alguna.

Pero en el fondo, Sr. Barbero, estos desacuerdos son pequeñeces al lado de la enjundia política y moral que actualmente tienen los valores expresados en el Quijote. En este tema, repito, si que me gustaría y mucho, conocer su opinión.
Un cordial saludo
Francisco Parra Luna

.

Siguiendo las pautas de brevedad de los medios de comunicación, intentaré sintetizar de nuevo mis argumentos (una “metodología” que también está al alcance de muchos académicos que escriben en Prensa para el público general, y en este caso pensando en los lectores del Quijote):

1) Además del comentario sobre los muchos y diversos valores del texto cervantino, con el que me dice que está bastante de acuerdo, en lo que se refiere al tema del “lugar” de La Mancha no menciono cuatro sino cinco puntos. El primero de ellos, del que parece haberse “olvidado”, son los cinco errores lógicos que hay en el planteamiento de su estudio y metodología. Errores que permiten, a mi entender, refutar su supuesta “tesis científica”. Sería de interés que responda sobre cada uno de estos 5 errores con razones que los lectores puedan comprender. Por ejemplo, por qué calcula una “velocidad media” de marcha a Rocinante y al rucio siendo dos personajes de ficción (a los que usted trata como si fuesen cabalgaduras de carne y hueso). Y por qué hace lo mismo con el espacio literario de La Mancha de Cervantes, sobre el que se pone a hacer cálculos como si fuese un espacio geográfico real utilizando los “datos” de tardanzas y distancias que hay en el texto, “datos” que sorprendentemente entiende de manera literal, etc.

2) Sus planteamientos lógicos, sistémicos y cálculos matemáticos se podrían aplicar de manera acertada al contenido de una crónica histórica, con cabalgaduras reales, un espacio físico real y datos reales, pero es erróneo aplicarlos al contenido de una obra de ficción como El Quijote. Que la novela de don Miguel sea una novela de carácter realista con muchos datos auténticos (Puerto Lápice y El Toboso existen, los molinos de viento existen, Barcelona existe, Jerónimo de Pasamonte existió, etc.) para buscar precisamente que sea lo más intenso posible ese efecto literario, el realismo, es una cosa, y otra muy distinta que sea real al completo el espacio de La Mancha que describe la narración. En su conjunto, éste es un espacio que hay que entender como espacio imaginario creado por el autor, en el que las cabalgaduras no cabalgan a ninguna “velocidad media”, ni de las distancias y tardanzas dadas puede afirmarse con certeza que sean igual de precisas que los datos empíricos que obtendría un geógrafo o un cartógrafo sobre el terreno real. No hay pruebas (su interpretación sistémica de dos frases del Quijote deduciendo la existencia de un “acertijo” localizador en el texto, no es una prueba de certeza) de que Cervantes describiese su paisaje literario escuadra y cartabón en mano con intención de dejar en la novela “datos” precisos sobre tardanzas y distancias. Lo que sí sabemos es que la escribió mediante una genial y muy libre pluma.

3) Que el profesor Canavaggio diga en la cita que usted menciona que no cree que ningún otro pueblo del Campo de Montiel esté en condiciones de defender una candidatura que se pueda comparar a la de Villanueva de los Infantes no significa, ni mucho menos, que piense que Villanueva es “El Lugar”. Si vuelve a leer con detenimiento la cita que yo transcribí se dará cuenta de que el profesor Canavaggio, uno de los más reputados cervantistas del mundo, nos dice de una muy elegante manera que Villanueva no es más que “un lugar” entre otros: “(…) Villanueva de los Infantes bien pudo ser un referente implícito entre muchos para Cervantes, lo mismo que otros pueblos manchegos (…)”. Esto sí es decisivo.

4) Sobre el prolongado silencio de la RAE, resulta completamente inverosímil que si la Real Academia Española creyese que usted ha descubierto científicamente cuál es “el lugar” de La Mancha de cuyo nombre Cervantes no quiso acordarse, permaneciese en silencio ante la opinión pública española y mundial. Este silencio no sería lógico. En cambio, el silencio actual y de tanto tiempo de la RAE sí resulta lógico entendido en un sentido de no aprobación, algo a lo que coloquialmente llamamos “dar la callada por respuesta”. De todas formas, seguiremos en espera de que la RAE encargue los informes técnicos correspondientes, cuando recupere un poco la economía, a fin de evaluar su “tesis científica” sobre El Quijote.

5) Guillermo Serés y el profesor Rico, director de la última edición del Quijote del pasado año 2015 y también uno de los más prestigiosos cervantistas del mundo, son personas distintas. ¡Y menudo es el académico Francisco Rico para que alguien hable por su boca…! Su silencio me parece muy significativo.

6) En relación al silencio de sus colegas quería referirme al de otros expertos en Teoría de Sistemas, expertos que hasta la fecha —que yo sepa— no han analizado ni sometido a revisión crítica su trabajo para darlo por válido o por erróneo.

7) Conozco su último libro que cita, El lugar de la Mancha. Un irónico Cervantes a la luz de la crítica científica (le agradezco el ofrecimiento de enviármelo), de cuya lectura no se desprende la conclusión de que “una gran parte” de los más reputados cervantistas del mundo esté de acuerdo con su teoría. Para que no se confunda en este punto es necesario que distinga entre: a) apoyar la hipótesis de Villanueva de los Infantes a sabiendas de que es sólo una hipótesis, y b) apoyar la consideración que usted hace de su hipótesis como “tesis científica verificada”. No es lo mismo. El profesor Canavaggio vuelve a ser de nuevo un inmejorable ejemplo: ha formulado una brillante hipótesis sobre la construcción del “lugar” de La Mancha por Cervantes, pero ninguno de los cervantistas que la comparten creo que llegue a afirmar que la suya es una tesis científica. ¡Ni aun siendo la del profesor Canavaggio! Es decir, se puede apoyar una hipótesis como tal hipótesis pero no el pretendido carácter científico de la misma. Un pronunciamiento claro en el sentido de considerar su tesis —del mismo modo que usted está completamente persuadido de ello— como una “tesis científica verificada” no recuerdo en este momento que lo haya hecho ningún cervantista de prestigio ajeno a su equipo y al entorno de Villanueva. Si lo hay, sería bueno que nos recordase quién o quiénes son, e hiciese algún breve entrecomillado de sus palabras al respecto.

Éste no es un foro académico de discusión, profesor Parra, por lo que no podemos alargar en extensión ni en tiempo nuestro debate. Entiendo que la réplica que acabo de hacer le da derecho, si quiere, a una contrarréplica de similar extensión (descontando el espacio de su primera respuesta), que me parece suficiente para que intente contraargumentar los cinco errores lógicos que le señalé en mi artículo anterior y he ampliado en los puntos 1) y 2) del presente. En total, siete puntos concretos a los que responder y que si no consigue rebatir con buenos argumentos dejarían refutada su supuesta “tesis científica”. Hecho esto, podemos dejar el debate para que los posibles lectores saquen sus propias conclusiones. En su pueblo, Villanueva de los Infantes, tendrá ocasión en junio de continuarlo con los expertos interesados en disfrutar de las bellas palabras, los certeros pensamientos, el sabio sentido común, los valores, la diversión, la ironía, el atemperado escepticismo y, en definitiva, todo el espléndido contenido del Quijote. Saludos cordiales.

.

.

Ver Post >
Sobre el autor Alfredo Barbero
Psiquiatra del Centro de Salud Mental "Antonio Machado" de Segovia